martes, 15 de diciembre de 2015

24. EL ENRIQUECIMIENTO DE LA PERSONALIDAD



“Es verdad que junto a los gigantes de la literatura, los psicólogos, que se dedican a presentar y explicar la personalidad, parecen ineficaces y a veces un poco tontos. Sólo un pedante puede preferir la árida colección de hechos que ofrece la psicología acerca de la vida mental del individuo, a los gloriosos e inolvidables retratos de los novelistas, dramaturgos y biógrafos talentosos. El artista de las letras crea sus relatos; el psicólogo no hace más que recopilar los de él. En un caso emerge una unidad, consecuente consigo misma a pesar de sus sutiles variaciones. En el otro caso se va acumulando un pesado conjunto de datos deshilvanados.”
Gordon Allport


24. 1 ¿Se enriquece la personalidad?

Hablar de enriquecimiento personal hace remontar a la psicología positiva, generadora, no ella exclusivamente, de gran parte del campo de la literatura de autoayuda y superación. La proliferación en este ámbito es exorbitante. El campo del desarrollo personal cada día es editado con la promesa de ayudar al individuo a ser mejor persona; hasta métodos se crean para captar mayor público interesado. No obstante, el enriquecimiento personal es comprendido aquí por el autor como una manera de no permanecer o seguir siendo igual persona, sino estar en la búsqueda de nuevos valores, virtudes, así como el control, acaso eliminación de defectos de carácter que hacen del individuo una persona indeseable o carente de las más nobles relaciones interpersonales. Los psicoterapeutas tampoco son la excepción a esta intencionalidad de mejoramiento personal y continuo. La gente suele creer que el enriquecimiento personal puede estar exclusivamente supeditado a la intelectualidad y el saber, olvidando la formación en calidad humana y cambio personal. Un asunto es estar lleno de sobreabundantes contenidos, otra contar con una magnífica calidad humana. Creo que enriquecemos nuestra personalidad cuando:
- Admite que “debe cambiar” algunas actuaciones en su carácter y personalidad.
- Sabe que es imposible actuar “perfectamente” en esta vida.
- Piensa en la práctica de valores que no eran de su interés o prioridad como persona.
- Dedica tiempo a meditar en “su camino” personal cotidiano.
- Evalúa sus relaciones interpersonales en pro del mejoramiento en la convivencia a cualquier nivel.
- Reconoce la existencia del “pecado” como una realidad comportamental que hace estragos en la vida de cualquier individuo.
- Reconoce con humildad que “no se las sabe todas” en su rol o quehacer profesional.
- Quizás se encuentra “derrotado” en hábitos dañinos para su esencia personal.
- Etc.


24. 2 ¿Psicoterapeutas “iguales” todo el tiempo?

Permanecer  igual como persona (cuando el balance  personal es de tipo negativo), indica para el terapeuta su baja autoeficacia, quizás su autoengaño de creer que su modificación personal era un proceso natural y fluyente donde no tenía que mover un solo dedo a favor de sí mismo. Algunos hasta desarrollan moldes para actuar (una forma negativa particular de ser), y la atribución que se hace es que la problemática de su comportamiento de es de carácter disposicional (interna) y no contextual, como suele ser la excusa generalizada: soy así porque los demás o la sociedad son culpables. Creo que en este aspecto ya se ha reflexionado considerablemente a lo largo de este texto, pero no sobra decir lo importante que será siempre el cambio para el individuo, en cualquier época de la vida. El mundo adolece todavía de graves tragedias, calamidades, fatalidades interpersonales, que tienen en la “falta de cambio” una de sus raíces más podridas.


24. 3 ¿Qué incorporar o mejorar en usted mismo?

¿Qué podrían los psicoterapeutas incorporar a su carácter y personalidad si es que puede plantearse así la pregunta? Podríamos resumir las áreas a trabajar en pro del enriquecimiento personal así:
- La incorporación práctica de valores, y no su mero conocimiento teórico como suele ocurrirle a nuestras sociedades: conocedoras pero no practicantes de las virtudes más deseadas.
- El mejoramiento de la empatía, tolerancia y conmiseración con los consultantes, que faciliten la comprensión de la condición humana pecadora, rebelde o conflictiva.
- Una espiritualidad centrada en Dios, que permita al psicoterapeuta comprender y asimilar que existen problemas que el hombre no puede resolver a menos que la Deidad pueda conceder su bondad y misericordia. (Los médicos reconocen a diario que Dios puede ayudar en las crisis o males de sus pacientes)
- La lectura prudente y no obsesiva de contenidos que se asumen como verdades teóricas e infalibles de la comprensión de la raza humana. La información siempre debe ser decantada; lo que sirve, de lo inútil.
- La humildad para aprender de otros profesionales que quizás hayan tenido más “éxito” en su terapéutica, por su claridad, bondad, transparencia, habilidad, etc.
- Observar la vida, la gente, la cultura, la sociedad, allí donde se encuentran las soluciones (o no) mismas de las fatalidades humanas.
- Otros: que usted vea que puedan enriquecer su persona y rol profesional.

“La piedra de toque del arte psicológico es la comprensión del antagonismo y del sentido social de los fenómenos neuróticos, psicóticos y “normales”. En la actitud arrogante de la presunción, el psicólogo debe saber reconocer la extrema vergüenza del débil; en la terquedad y en la crueldad, la reacción contra la obediencia y la blandura; en la masculinidad ostentativa el horror al papel femenino; en el delirio de poder y sus convulsiones, el terror a la derrota. Y todos estos fenómenos el psicólogo deberá examinarlos desde el punto de vista del sentimiento de comunidad: se acercará a la vida anímica del hombre preguntando (según una bella sentencia de Jerusalén), como Joab, “¿Eres de los nuestros o de nuestros enemigos?”
ALFRED  ADLER



24. 4 ¿Cómo le gustaría a usted ser?

Pregunta muy importante dentro del proyecto de vida de cualquier persona o profesional. Interrogante que desafía el trabajo en sí mismo, las posibilidades del mejoramiento continuo, y el deseo de ser mejor como persona. Pero también planteamiento que no es que guste mucho a la generalidad de la humanidad. Aquí, una vez más, lamento lo reiterativo, el cambio surge como la posibilidad y mediación para lograr psicoterapeutas plenos, contentos, satisfechos de su labor, humanos, frente a lo difícil de su labor terapéutica. ¿Cómo le gustaría a usted ser? (¿Yo ideal?) ¿Cómo usted sería una mejor persona o profesional? También son preguntas fundamentales para el desempeño cotidiano, para las relaciones interpersonales diversas, como un grano de arena en medio de un mar de odio, venganza, egoísmo e intolerancia, que lamentablemente, aquejan al mundo, desde siempre.

“La psicoterapia significa la aplicación informada y planificada de técnicas derivadas de principios psicológicos establecidos, por personas cualificadas por su entrenamiento y experiencia para comprender esos principios y aplicar esas técnicas con la intención de asistir individuos para modificar características personales tales como sentimientos, valores, actitudes y conductas que son juzgadas por el terapeuta como inadaptadas o defectuosas.
Hans Eysenck


24. 5 Otra vez: nunca perfectos

Por supuesto que, la perfección es una ilusión bastante neurótica en esta existencia, tan marcada por los defectos de carácter en las personas cuando no cambian hábitos dañinos por conductas más nobles, bondadosas y proactivas. Creo que uno de los ejemplos más ilustrativos están a la vista en los noticiarios e informativos, que dan cuenta cada día, cada momento, cada minuto, del comportamiento perturbado, egoísta, deshonesto, codicioso, violento, intolerante, vanidoso,  abarcando el mayor porcentaje en la proporción de noticias negativas frente a las positivas. Se espera, sin embargo, que los psicoterapeutas puedan mejorar su calidad de vida interior, lo cual pueda revertirse en su labor terapéutica, así como poder, poco a poco, contribuir a la credibilidad de la profesión y el rol ejecutado cada día desde diversas instituciones, y donde los consultantes depositan su confianza para recibir la ayuda profesional, por la cual muchos pagan. Nunca perfectos, pero sí cada día mejores personas, mejores psicoterapeutas.

“1. El psiquiatra tiene que valorar el estado mental de otros y emitir un juicio, lo cual implica gran responsabilidad porque puede suponer una estigmatización de por vida o porque el diagnóstico conduzca una pérdida legal de libertad: en psiquiatría la neutralidad es difícil de mantener.
2. La psiquiatría está cargada de ambigüedades: es difícil precisar los límites de la normalidad psíquica; en el fenómeno psicopatológico coexisten lo biológico y lo psicosocial, lo cual dificulta su aprehensión objetiva.
3. El objeto de la psiquiatría es la conducta humana, frente a la cual no es posible que el paciente ponga distancia, ya que sujeto y trastorno son una misma cosa (las psicosis se caracterizan generalmente por una falta de conciencia de enfermedad). El paciente psiquiátrico ofrece al examen su malestar, su intimidad y su propia historia.
4. En psiquiatría la relación médico-paciente es un instrumento de exploración y de tratamiento (la situación de indefensión del paciente puede ser mayor aún que en otras ramas de la Medicina).”
LOURDES  MENDIBURU



Un caso particular

“Carl es un médico psiquiatra de la guarnición militar; venía tratando a un soldado reservista, paciente afectado con trastornos del sueño y de comportamiento, quien había logrado mediante tutela o un mecanismo jurídico la atención especializada con los medicamentos requeridos. C., fue asesinado con arma blanca por su paciente, desconociéndose las causas reales que motivaron dicho comportamiento. La experiencia de C., ilustra el riesgo y lo difícil en muchos casos de la intervención terapéutica con pacientes específicos.”

23. EL ENGAÑO DE LO “TRANSPERSONAL” ¿PSICOTERAPEUTAS O: BRUJOS, MAGOS, ALQUIMISTAS, TAROTISTAS, CHAMANES, PSICOMAGOS, ADIVINOS, HIPNOTISTAS?




“No dejen que los condenen esos que se hacen pasar por muy humildes y que dan culto a los ángeles, que pretenden tener visiones y que se hinchan de orgullo a causa de sus pensamientos humanos.”

San Pablo (Colosenses 2. 18)



23. 1 ¿Nuevas psicologías?

El término psicología es bastante flexible, resistente, y parece ser que ha aguantado para todo cual panacea. La APA (1991) reconoció 50 campos de acción de la psicología; muy diversificados y que aplican-estudian el comportamiento humano en áreas distintas de la conducta humana. Igualmente la psiquiatría reconoce un campo menos restringido de sus especialidades (adolescencia, forense, académica, geriátrica, adicciones, social…). La psicología transpersonal es una de las últimas adquisiciones de la psicología, también la neurolingüística… pero hoy algunos ya hablan de “psicología de perros”, “psicología de gatos”… y parece ser que la disciplina aguanta para todo, donde puede identificarse algún campo de comportamiento. Como quiera que sea, el auge de lo transpersonal no es del todo nuevo puesto que autores como Freud, incluso Jung tuvieron cierta simpatía por lo paranormal o lo no evidente a los sentidos (¿No es lo inconsciente un ejemplo de ello?...). Lo transpersonal, hoy día, y siendo algo muy difuso y etéreo, apunta a la unión-relación del individuo con el cosmos, la naturaleza, con una deidad indiferenciada, flexible, buena, amorosa, permisiva, trascendental, es decir, una deidad “construida” por la “espiritualidad” del propio sujeto o profesional, y que le permitiría ganar las bondades, felicidad, éxito, autorrealización, trascendencia, paz, alegría, prosperidad, verdad… precisamente derivada de aquella deidad. Lo transpersonal hace correr el riesgo al individuo o psicoterapeuta de creer que todos los caminos conducen a Dios, aparte de facilitar y aceptar la creación de nuevos ritos y rituales que a la final dejarán más confundidas a las personas que continúan sin solucionar gran parte de sus problemas y vacíos existenciales. Imagine usted: si la psicología apenas ha logrado efectividad con el “comportamiento observable, real, inmediato…” ¿Cómo lo lograría con lo esotérico, lo etéreo, lo angelical, lo transpersonal, con lo impersonal, lo cósmico, lo kármico, lo psicodélico, los estados alterados de conciencia, la respiración, los estados holotrópicos…?





23. 2 Psicoterapeutas místicos

En palabras, quizás bienintencionadas del considerado precursor de la psicología transpersonal, Stanislav Grof, (a quien no doy la razón, sino que cito para explicar el peligro de todo esto):

“Mientras la psicología y la psiquiatría occidental describen los rituales y la vida espiritual de las antiguas culturas nativas en términos patológicos, los peligrosos excesos de la civilización industrial que pone en riesgo la vida del planeta y que se han convertido en parte integrante de nuestra cotidianidad, rara vez atraen la atención de los clínicos e investigadores y de ninguna manera son etiquetados como algo patológico. El saqueo de las fuentes no renovables que se transforman en contaminación industrial, las perturbaciones en el medio ambiente debido a lluvias radioactivas, tóxicos químicos y vertidos masivos de petróleo, los abusos de los descubrimientos científicos en física, química y biología para el desarrollo de armas de destrucción masiva, las invasiones a otros países que conducen a masacres de civiles y al genocidio, y el diseño de operaciones militares que matarían a millones de personas son manifestaciones de codicia insaciable y agresiones de las que somos testigos a diario. Los principales protagonistas de tales estrategias perjudiciales y escenarios propios del Juicio Final, no solo se pasean libremente, sino que son ricos y famosos, ocupan posiciones de poder en la sociedad y hasta son, en ocasiones, condecorados. En cambio, personas que experimentan cambios en su vida a través de estados místicos, episodios de muerte y renacimiento psicoespirituales, o experiencias de vidas anteriores, acaban hospitalizados con diagnósticos estigmatizados y medicados con psicofármacos. Michael Harner (1980) se refería a esto como a la tendencia del etnocentrismo de juzgar lo que es o no normal en patología. De acuerdo con Harner, la psiquiatría y la psicología occidental también muestran una fuerte tendencia congnocentrista. Con esto, quiere decir que estas disciplinas formularon sus teorías desde las experiencias y observaciones de los estados ordinarios de consciencia y han evitado o malinterpretado sistemáticamente la evidencia de los estados no ordinarios, como también las observaciones desde la terapia psicodélica, las poderosas experiencias psicoterapéuticas, el trabajo con individuos en crisis psicoespirituales, las investigaciones sobre meditación, los trabajos antropológicos de campo o la tanatología. Los datos de estas áreas de la investigación se han ignorado sistemáticamente y se han malinterpretado debido a su incompatibilidad fundamental con el paradigma dominante.”

Claro que los paradigmas dominantes no son fáciles de superar, debilitar, cambiar (por ejemplo, el psicoanálisis sigue siendo académica y socioculturalmente famoso), pero no por ello quiere decir que todo lo nuevo que venga con promesas de salvar el comportamiento humano deba aceptarse porque sí. Siempre es bueno revisar de dónde surgen las teorías y también los teóricos que están detrás, a veces, hombres con ideas raras, artificiosas,  y espectaculares que resultan confundiendo más a la comunidad científica, y que sin duda venían con toda la “buena intención”.


23. 3 El negocio de la suerte, la adivinación, la trascendencia, la “espiritualidad”

No es extraño para el lector el negocio lucrativo que lo paranormal, lo transpersonal resulta para innumerables individuos, asociaciones y grupos sectarios que ofrecen la trascendencia, la espiritualidad y la comunión con Dios, sobre la base de aportes, inversiones, proselitismo, estrategias, literatura, que harán de la persona un individuo “autorrealizado”, “iniciado”, “espiritualizado”. El negocio cada año mueve miles de millones de dólares, y aprovecha el deseo sincero de muchas personas por el cambio, la búsqueda de sentido personal, la sana convivencia interpersonal, incluso la búsqueda de Dios. Los psicoterapeutas tampoco han sido ajenos a dichas influencias y resultan combinando la psicología o la psiquiatría con sistemas de pensamiento “trascendentales” con los cuales también adoctrinan a sus pacientes en lo posible. A la postre no se sabe si el consultante está tratando con un chamán o con un profesional de la salud mental.




23. 4 ¿Terapeuta o chamán?

En consecuencia, existen psicoterapeutas que debieron estudiar o hacer mejor: cursos de hechicería, brujería, mentalismo, ufología, esoterismo, lo paranormal, chamanismo, tarotismo, entre miles más de variantes de “sabiduría” secreta, en vez de engañar a sus consultantes con ayudas esotéricas o psicodélicas, de profunda meditación, olores, aromas, esencias, colores, disposiciones locativas, tarots, barajas, naipes, cábalas, sortilegios, mantras, etc, etc. El profesional de la salud mental debe tener muy en cuenta y revisar su rol, su intencionalidad como psicoterapeuta; por qué está siendo ineficaz; qué debe mejorar. Debe poseer una ética sana del comportamiento humano. En este sentido sí es muy válida la perspectiva de la ciencia que procura atenerse a la realidad observable de los eventos, en prevención a dar atención a situaciones y experiencias etéreas, que a la final no se sabe de qué se está hablando realmente. No son pocos, infortunadamente, los psicoterapeutas filtrados, adoctrinados por la denominada “nueva era” de la humanidad.


23. 5 ¿Teoterapia?

De manera que, si la cuestión es de lograr una psicoterapia espiritual, por qué no tener en cuenta al Dios verdadero de la realidad humana caída; un Deidad bondadosa, perdonadora, misericordiosa, restauradora, salvadora, entre mil atributos más, capaz de dar alivio espiritual y emocional al corazón humano afligido por múltiples problemáticas. Así no se da tanta vuelta sobre experiencias, difícilmente comprobables científicamente, como también no garantes de la realización personal. Por ahí dicen que una oración sincera a Dios en favor propio o de la humanidad no le cae mal a nadie. Aquí, no obstante, la situación es compleja porque tenemos y vivimos un mundo en constante guerra religiosa e ideológica, y el asunto no es de fácil conciliación interpersonal, cultural, religiosa o sociopolítica. De otra parte, en muchos casos las dificultades de los consultantes evidencian graves carencias y crisis espirituales (ausencia o negación total del Creador de la vida).


Un caso particular


“Zenia es un psicóloga clínica y docente, con amplia trayectoria en su campo. Siempre ha buscado ser una muy buena profesional en sus relaciones psicoterapéuticas. Pese a ello, y a las dificultades que ha encontrado en el mejoramiento de sus pacientes o asesorías, se inclinó por el uso de colores, esencias, velas, barajas, entre otros, para tratar a sus pacientes con mayor efectividad. En realidad parece cierta combinación de tarotista con psicóloga, pero en realidad el gancho que la mantiene adepta a dichos métodos no ortodoxos es la ganancia que les reportan sus pacientes por sus “trabajitos”, aparte de la “clientela” numerosa que atiende con regularidad, por recomendación.”

lunes, 14 de diciembre de 2015

22. LOS PSICOTERAPEUTAS Y LOS “PECADOS CAPITALES”



“En cambio, lo que sale de la boca procede del corazón, y eso es lo que hace impura a la persona.  Porque del corazón proceden las malas intenciones, los asesinatos, los adulterios, las inmoralidades sexuales, los robos, las calumnias y las blasfemias.”
Mateo 15. 18, 19


22. 1 Los psicoterapeutas y la soberbia

Existen profesionales de la salud mental henchidos de orgullo profesional, quienes consideran que su manera de proceder, actuar, intervenir o hacer psicoterapia es la perfecta, la única digna de imitar. Los psicoterapeutas soberbios, altivos u orgullosos, llegan a creerse más listos/preparados/formados que sus colegas, que los demás, y viven como si hubiesen descubierto la esencia del comportamiento humano y sus perturbaciones. El problema de estos profesionales, entre otros más, es su resistencia al cambio, a la sencillez y la humildad. Permanecen fosilizados en su proceder, en el tiempo, la tradición, arraigados a teorías que consideran “dioses explicativos” del comportamiento humano. No comprenden las razones de otros colegas, ni están interesados en recibir aportes de ellos. Ya lo saben todo.


22. 2 Los psicoterapeutas y la lujuria

Ya habíamos hablado de esto en el capítulo titulado en cuestión (21). El profesional en esta área considera que cualquier tipo de placer es “permisible, libre, moderno”, y lo vivencia en sí mismo, y lo favorece-propicia en sus consultantes. Pareciera que la tendencia psicoanalítica se desbordará en su mentalidad haciendo creer al individuo que el placer, lo sexual es “absolutamente necesario” en todo, para el “pleno” desarrollo de la persona. Se olvida que la función sexual es un (1) componente más constitutivo del individuo; también son importantes: lo laboral, lo espiritual, lo social, lo intelectual, lo cultural, lo familiar… Sin duda que, la sexualidad como expresión sana del sujeto contribuye a la felicidad y mantenimiento de la especie humana, dentro de los límites adecuados, no desbordados-alterados, de su expresión corporal. La exacerbación del placer, lo sensual, el libertinaje, cosifican al ser humano, que se vuelve un simple objeto de placer, ajeno de todo respeto, compromiso y dignidad humana. Como había escrito antes, son lamentablemente numerosos los casos en que psicoterapeutas tienen y han tenido dificultades con la inmoralidad sexual, haciendo daño a la comunidad donde laboraban.



“Las circunstancias no hacen al hombre; lo revelan a sí mismo. No puede existir condición tal como descender en el vicio mientras la persona sufre por sus inclinaciones viciosas; o ascender en la virtud y su felicidad pura sin el cultivo continuado de aspiraciones virtuosas; el hombre, por lo tanto, como amo y señor del pensamiento, es el hacedor de sí mismo, el formador y autor de su entorno.”
James Allen


22. 3 Los psicoterapeutas y la ira

Asimismo los psicoterapeutas de “mal carácter” abundan, y carecen de la amabilidad, bondad, calidad humana que se requiere en la relación terapéutica; expresan en su rostro y actitudes enojo, irritación, hostilidad, cólera, intolerancia, con sus pacientes y con la sociedad. Pueden ser individuos muy preparados pero en el arte de las relaciones humanas tienen serias deficiencias. Gritan o piensan en venganzas cuando alguien no está de acuerdo con ellos. El malhumor es como una nube que está sobre su carácter, de modo que muy pocos desean consultar de nuevo con los mismos.


22. 4 Los psicoterapeutas y la gula

Si bien comer y beber son placeres de la vida maravillosos, los profesionales como personas que también son, pueden desbordar el control de su alimentación. La gula es un pecado antiguo, y algunos emperadores y reyes daban banquetes terriblemente desproporcionados y frugales, donde se vomitaba lo ingerido para poder seguir comiendo o bebiendo aún más. En el caso de las comidas, pueden indicar mucha ansiedad en el individuo que “sólo la calma o controla” comiendo (la denominada por algunos autores “alimentación emocional”); por su parte las bebidas, no necesariamente las de frutas, sino las ingestas alcohólicas hacen de muchos psicoterapeutas borrachos sociales que atienden a sus consultantes cuando se encuentran o logran estar sobrios. Todo ello indica indisciplina, carencia de voluntad firme, disolución personal, incongruencia, derroche, liberalidad. Mediante los excesos, las personas evidencian la pérdida de control de sí mismas y por ende su necesidad de ayuda y liberación individual.



22. 5 Los psicoterapeutas y la pereza

Algunos psicoterapeutas pueden verse afectados por la ley de menor esfuerzo, y pretender que otros les ayuden siempre o hagan por ellos hasta su propio trabajo. La tendencia a la pereza sugiere una apatía, falta de dinamismo, movilidad y entusiasmo por parte del individuo que a la postre lo inmoviliza y lo torna en una especie de profesional mediocre; la práctica terapéutica o profesional siempre demanda del sujeto esfuerzo, trabajo, fatiga y motivación para tratar de llegar a la meta propuesta u ofrecer el producto deseado. El deseo de logro, de perfeccionamiento, de eficacia, de trascendencia en lo terapéutico exige sacrificio al profesional en contraposición a la devastadora e insidiosa pereza. Cada relación terapéutica precisa de energía, esfuerzo, motivación, perseverancia, reencauzamiento, afrontamiento, creatividad, sabiduría, exigencia, afirmación, asertividad, tiempo… todos éstos quizás enemigos de la pereza humana.


22. 6 Los psicoterapeutas y la avaricia

Ni qué decir del “amor al dinero”, “raíz de todos los males”, en palabras de las Sagradas Escrituras”; no que sea malo el dinero. Su necesidad cada día es notoria en cualquier campo de necesidad humana. Sin embargo, hay psicoterapeutas caracterizados por un corazón y mentalidad exclusivamente económica, ambiciosa, codiciosa, y se han metido en graves problemas por sus malos negocios o deseos veloces de enriquecerse. No es ocultable en el caso de la psicología y la psiquiatría, que éstos profesionales no son en la generalidad muy bien pagos (¿?), de modo que “se ven” en la situación o tentación de buscar dinero por diversas fuentes, que en ciertos casos no han sido las mejores; fraudes, estafa, tráfico de drogas, préstamos, etc., han hecho fracasar a profesionales de la salud mental. Esta época está comenzando a caracterizarse por el hecho de que los profesionales no viven únicamente de su salario, sino que buscan otras fuentes sanas de invertir, comerciar y obtener ganancias financieras de otras actividades distintas de su quehacer profesional.


22. 7 Los psicoterapeutas y la envidia

Y aquí aparece esta dificultad muy notoria en los profesionales de la salud mental: la envidia. Tan propia negativamente del medio, tan divisora, tan intolerante, tan manipuladora, tan denigrante. La envidia hace creer a los psicoterapeutas que ellos son los mejores, y que lo que otros colegas realizan no tiene fundamento o razón de ser válida, en un caso; por el otro lado también es una manera de rechazar nuevas maneras de proceder, actuar, enseñar, trabajar, que caracteriza a profesionales creativos y en renovación-cambio constante, que todavía se encuentran por fortuna en distintas instituciones. La envidia genera rivalidades, tramas, conveniencias, descréditos, calumnias, comparaciones, competencias, odios, chismes… hasta la muerte misma. Sobra decir que el profesional maduro frente a esto sabe que cuenta con lo suyo, es consciente de sus fortalezas y carencias, pero no se hace un conflicto porque otros sean “mejores” o “peores” que él; no se daña a sí mismo haciendo una persecución, comparación o monitoreo de otros profesionales. “Cada cual barre su casa como mejor lo estime conveniente”.


Un caso particular

“Bernardo es un psicoterapeuta profesional que atiende a diversidad de pacientes, entre ellos jóvenes. Tiene una trayectoria más o menos amplia. No obstante, fue condenado a más de diez años de prisión por abusar a un menor de trece años, con quien mantuvo contacto después de que el menor no hubiese vuelto a psicoterapia. El delito es agravado en la medida en que constituye: abuso sexual gravemente ultrajante concursado con corrupción de menores agravada.”
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“Pederman es un psicólogo escolar, quien laboraba en un colegio de su país. Fue puesto a órdenes de las instancias judiciales por “tocamientos” a una niña de 7 años, estudiante de la institución, con el pretexto de hacerle una curación en una herida bucal. La niña refiere que fue desnudada, besada en su cuerpo y partes íntimas. Aunque físicamente sana, la niña presentó shock emocional por el hecho.”

21. PSICOTERAPEUTAS LUJURIOSOS



Por eso Dios los ha dejado hacer lo que quieran, y sus malos pensamientos los han llevado a hacer con sus cuerpos cosas vergonzosas. En vez de adorar al Dios verdadero, adoran a dioses falsos; adoran las cosas que Dios ha creado, en vez de adorar al Dios que las creó y que merece ser adorado por siempre. Amén. Por esa razón, Dios ha dejado que esa gente haga todo lo malo que quiera. Por ejemplo, entre ellos hay mujeres que no quieren tener relaciones sexuales con los hombres, sino con otras mujeres. Y también hay hombres que se comportan de la misma manera, pues no volvieron a tener relaciones sexuales con sus mujeres, sino que se dejaron dominar por sus deseos de tener relaciones con otros hombres. De este modo, hicieron cosas vergonzosas los unos con los otros, y ahora sufren en carne propia el castigo que se buscaron. Como no han querido tener en cuenta a Dios, Dios los ha dejado hacer todo lo malo que su mente inútil los lleva a hacer. Son gente injusta, malvada y codiciosa. Son envidiosos, asesinos, peleadores, tramposos y chismosos.  Hablan mal de los demás, odian a Dios, son insolentes y orgullosos, y se creen muy importantes. Siempre están inventando nuevas maneras de hacer el mal, y no obedecen a sus padres.  No quieren entender la verdad, ni se puede confiar en ellos. No aman a nadie ni se compadecen de nadie.  Dios ya lo ha dicho, y ellos lo saben, que quienes hacen esto merecen la muerte. Y a pesar de eso, no sólo siguen haciéndolo, sino que felicitan a quienes también lo hacen.”
San Pablo (Romanos 1. 24-32)


21. 1 Un “problema” de vieja data

La lujuria se traduce comúnmente como un: “deseo y actividad sexual exacerbados”. La definición se refiere a dos componentes; el primero es un deseo persistente, insidioso sobre lo sexual; el segundo se refiere a la búsqueda de más intensidad, placer, exploración, malicia, en todas las formas de expresión de la sexualidad. El capítulo del DSM IV (ahora recientemente desde el 2015: DSM V) sobre los trastornos sexuales diversos (por ejemplo el campo de las parafilias…), por mencionar uno solo, evidencian una problemática social, que afecta significativamente la vida de muchas personas de cualquier contexto o clase social, aunque la cultura busque la legitimación del placer desbordado, inmoral, libertino, irresponsable, incontrolable, despersonalizable, comercializable. Desde la antigüedad, por ejemplo, la lujuria mediante la prostitución, el homosexualismo, el lesbianismo, el abuso,  ha sido un desafío para la conducta moral del hombre; reyes, príncipes, gobernantes, escritores, guerreros, han nutrido los anales de la lujuria con experiencias diversas que testificaban de su estilo perverso de vida. Y los psicoterapeutas no son la excepción a caer en la inmoralidad, el sexo ilícito, comercial, manipulable; la historia cotidiana de la psicología cuenta con ejemplos tristes de estos profesionales de la salud mental que resultan inmiscuidos en comportamientos sexuales denigrantes y escandalosos. Los estrados judiciales se han colmado de casos donde sexo, lujuria y crimen se han dado la mano, sin miramiento alguno.



21. 2 La inmoralidad en los psicoterapeutas

Las razones por las cuales los psicoterapeutas pueden incurrir en conductas sexuales inmorales (libertinas…) pueden ser diversas. En realidad, el terapeuta es un ser humano también “sujeto a pasiones humanas”, por más que haya estudiado o especializado su intelecto en campos del comportamiento humano. Desde la infancia y en el transcurso de la adolescencia las personas pueden tener una formación sana en su sexualidad, bajo el ejemplo de hogares relativamente estables y respetuosos; pero en muchos casos no es así; el niño/joven puede pertenecer a hogares caracterizados por la promiscuidad, el irrespeto, el abuso, la infidelidad; los niños-jóvenes también comienzan, en esta época, a tener contacto con experiencias sexuales diversas y tempranas (pornografía en línea, clubes, trata de blancas, acoso…); otros cuentan con episodios de abuso sexual y maltrato en el transcurso de su vida, que han dejado traumas o complejos diversos que afectan su vida en el presente; también está el carácter “liberal”, “desinhibido”, “sibarita”, “abierto”… que algunos psicoterapeutas ven e interpretan como sinónimo de desarrollo, madurez y libertad, y en los cuales ellos mismos quedan atrapados. Lo delicado de esto es que también lo recomiendan a algunos de sus consultantes, tornándose psicoterapeutas carentes de ética, valores, virtudes y los requerimientos mínimos que favorezcan la “intervención-curación” de los mismos.


21. 3 Diversos gustos “raros”

De modo que sí el psicoterapeuta no controla, sana, libera, regula, administra, su vida sexual, su sexualidad como tal, se verá atrapado, inmiscuido en comportamientos inmorales y denigrantes que restarán credibilidad, autoridad y estatus a su rol como profesional. Desarrollará, seguramente, una doble vida; aquella donde simulará ser un profesional maduro, feliz y libre, y de otra parte mantendrá el rostro oculto de su esclavitud sexual (de sus preferencias sexuales particulares); orgías, gusto sexual perverso por infantes o adolescentes, consumo de pornografía, sexo, homosexualismo, lesbianismo, bisexualismo, bestialismo, fetichismo, masturbación, alcohol, cine erótico, literatura erótica y sensual, minarán sus recursos mentales, su valores y virtudes, y le harán caer a lo más hondo como persona y como terapeuta. No son pocos los profesionales de la salud adictos a la lujuria y sus variantes, además de verse tras las rejas por sus excesos “carnales”. Esta es un capítulo doloroso marcado por los excesos sexuales de psicólogos y psiquiatras que perdieron un día el control de su vida moral.

“Las relaciones sexuales representan para ellos (los neuróticos)[1] no sólo una liberación de tensiones específicas sexuales, sino también el único medio de entablar conexiones humanas. Si una persona se ha convencido de que le es prácticamente imposible obtener cariño, el contacto físico puede servirle como sucedáneo de los lazos afectivos. En tal caso, la sexualidad se convierte en el principal, o acaso en el exclusivo puente hacia los demás, adquiriendo así desmesurada importancia.”
Karen Horney




21. 4 “Depure” su sexualidad

Nada más delicado que los problemas de tipo sexual, médicos o psicológicos,  que desafían siempre a la ciencia en cuanto a los métodos, las técnicas, las estrategias, medicamentos, para lograr la liberación de las desviaciones, las perversiones, en general los trastornos de tipo sexual. Siempre es bueno reflexionar e iniciar con una autoobservación personal. Estas preguntas pueden dar pistas camino de la liberación personal (aunque la recidiva no se haga esperar…): ¿Mi dificultad sexual se ha escapado del control de mi voluntad? ¿Desde cuándo se “desvió” mi comportamiento sexual “sano”? ¿Qué factores pudieron desencadenar en él (amistades, abuso, maltrato, violación, aprendizaje social, contacto con pornografía, contacto con prostitución…)? ¿Qué he intentado para recuperar el control personal? ¿Cómo son mis recaídas? ¿Qué tipo de ayuda profesional he solicitado alguna vez? ¿Qué consecuencias se me han presentado debido a dichos problemas sexuales?... Seguro que, este será un primer gran paso para su recuperación si “admite su derrota e incapacidad total frente a dichas perturbaciones”.


21. 5 La estabilidad personal con su pareja y familia… con todo

La estabilidad es deseable para la persona, quienquiera que sea; la “estabilidad” (¿equilibrio emocional?) implica que el individuo posee una adaptación, ajuste, paz, disciplina, productividad, espiritualidad, salud, entre otras cosas, que operan “normal, fluida y satisfactoriamente”. No se trata de que la persona tenga o lleve una vida perfecta y sin problemas, pero sí que la estabilidad, la consistencia, el ajuste psicológico sea evidente, lo hagan parecer realmente una “persona normal”. El psicoterapeuta estable procura su paz interior, mantener relaciones interpersonales adecuadas, momentos cálidos y afectivos con su familia (cualquiera que sea la constelación familiar que le corresponda vivir…); procura y lucha por relaciones de pareja y conyugales plenas de amor y sentido de realización en el hogar; procura una economía libre de deudas o reveses financieros, etc. La “estabilidad personal” sería, más que su formación ultraespecializada, uno de los recursos más valiosos como terapeuta, que redundará en beneficio de sus consultantes.
 




Un caso particular

“Fishman es un reconocido psicólogo especializado en violencia intrafamiliar, aparte de ser considerado una autoridad internacional en dichos temas. Ha publicado varios libros, alguno de los cuales ha obtenido notoriedad, sobre el tema de su dominio en cuestión, todos con carácter investigativo; asimismo se desempeñaba hacia años como profesor universitario de especialización. A Fishman, se le acusa de pedofilia, junto con varios colegas más. Parece ser que captaban o entraban en amistad con los jóvenes mediante ciber sitios, centros comerciales, clubes deportivos para luego invitarlos a domicilios donde realizaban orgías, filmaciones o tocamientos a los mismos. Todo se supo por uno de los jóvenes que contó a sus padres la situación, que posteriormente fue llevaba a manos de la justicia. F., pese a pagar fianza provisional espera sentencia por abuso de menores.”



[1] Paréntesis del autor.

20. ÁREAS PARA EL CAMBIO



“Puede decirse que la psicoterapia se realiza de siete maneras principales: 1) por expresión (completar un acto, liberar, la catarsis); 2) por gratificación de las necesidades básicas (apoyar, reafirmar, proteger, amar, respetar); 3) mediante la supresión de la amenaza (protección, buenas condiciones sociales, políticas y económicas); 4) por un insight, conocimiento y comprensión mejores; 5) por sugestión o autoridad; 6) abordando directamente los síntomas, como sucede en diversas terapias de conducta; 7) por la autorrealización plena, el enriquecimiento o el crecimiento personal. Para fines más generales de la teoría de la personalidad, lo anterior constituye un listado de las diversas maneras en que la personalidad cambia según la dirección sancionada cultural y psiquiátricamente.”
Abraham Maslow


20. 1 Este asunto “puntilloso” del cambio

Ya habíamos tocado ciertos aspectos en el capítulo del cambio. Creo que el cambio es el eje central en todos los procesos de comportamiento y mejoramiento humanos. Si bien la psicología privilegia otros procesos humanos como el aprendizaje, la motivación, la inteligencia, las actitudes, entre otros, la verdad es que el “cambio” como modificación personal, a veces se confunde, se difumina como una necesidad real de todo individuo. De hecho, el individuo perturbado requiere cambio, cura, sanidad. El sujeto trastornado requiere equilibrio emocional, mental. En este sentido el cambio es un evento “puntilloso”, porque sabido es, que en un primer momento el paciente no necesariamente contempla la posibilidad  de cambiar. Siempre se desearía tener la posibilidad y la autorización de seguir funcionando con ciertas taras, pero de forma no tan gravosa. Y los psicoterapeutas, repetimos incesantemente, precisan del cambio, como una criba valiosa para sus relaciones terapéuticas o el discernimiento frente a lo que le sucede a sus consultantes. Ahora bien “Yo, todo un terapeuta ¿necesito cambiar?”, Pues la respuesta es afirmativa, y usted ha visto la diversidad de casos anómalos ejemplificados aquí en este libro (Y que son innumerables en la cotidianidad) al final de cada capítulo de cómo los psicoterapeutas se meten en terribles problemas cuando “descuidan” su cambio personal y mejoramiento individual. Creen que esto deviene por la lectura exhaustiva de teorías o la etiqueta social-profesional que han obtenido.


20. 2 El cambio no es sólo para los pacientes

Considero, pues, que a estas alturas usted y yo admitimos que el cambio no es solo para los consultantes, sino un proceso de depuración, modificación y enriquecimiento personal que inicia con nosotros mismos. No podemos dar a otro de lo que no tenemos o aparentar lo que no somos. Tarde o temprano cae la máscara que encubre nuestra necesidad de cambio individual. El cambio nos puede favorecer de esta manera:
- El cambio permite aceptar, reconocer la realidad de lo que uno es.
- El cambio evidencia la imperfección personal y motiva la sana perfección paulatina del carácter y la personalidad.
- El cambio inicia el camino de liberación personal.
- El cambio da sensibilidad, responsabilidad y autoridad frente a los problemas de los demás.
- El cambio es doloroso para madurar para la vida en general.
- El cambio no puede ser superficial, sino un compromiso profundo consigo mismo y la sociedad en general.
- El cambio brinda calidad humana al psicoterapeuta.
- El cambio dignifica la profesión y la depura de tanto mal testimonio profesional.
- El cambio desarrolla el insight en cualquier campo del comportamiento humano.
- El cambio produce humildad en la naturaleza humana, imperfecta, desvalida, confundida, conflictiva, altiva…
- El cambio motiva el mejoramiento en todos los procesos humanos (sociales, políticos, culturales, espirituales, artísticos, intelectuales…)
- Etc.


20. 3 Los obstáculos comunes para el cambio personal

Como el cambio “no es fácil” para ningún ser humano, especializado o no, culto o inculto, porque implica la “renuncia” de los malos hábitos, costumbres “raras”, creencias erróneas, actitudes negativas, desajustes personales, “pecados”, desmotivaciones, resistencias, mecanismos de defensa, entre otros, obstáculos comunes por superar también como psicoterapeutas son:
- El desmesurado orgullo de sí mismo.
- La intelectualidad, ciega a otras razones y modos de comprender la existencia.
- Los propios rasgos conflictivos evidentes en las distintas relaciones interpersonales.
- La tendencia religiosa de la existencia (creencias intolerantes, inflexibles, sesgadas, prejuiciosas…)
- Autoestima deficiente (baja, afectada, herida, exagerada, egocéntrica…)
- Rencores, resentimientos, amarguras, odios (que dañan el equilibrio emocional y la paz mental del individuo)
- Falta de perdón (ante todo lo anterior; desavenencias, venganzas, iras, desprecios…)
- Pensamiento negativo (la negativa a que todo, absolutamente todo no pueda ser de otra manera…)
- Falta de sana espiritualidad  (soporte esencial y trascendental del espíritu humano…)
- Celos profesionales (comparaciones con otros profesionales, envidias, estilos de vida…)
- Apegos exclusivamente “materiales” de la vida (la profesión como mero lucro…)
- Conformismo (falta de creatividad, actualización, innovación, crecimiento…)
- La influencia negativa de otras personas.
- Otras que afecten la renovación personal de los psicoterapeutas.



20. 4 Las autoresistencias personales

Como existen obstáculos diversos para el cambio, el psicoterapeuta cuenta con sus propias autoresistencias; todas aquellas ideas, pensamientos, afectos, convicciones, prejuicios, aseveraciones, actitudes, actos, que no dan cabida al reconocimiento de su actuar erróneo o conflictivo. Recuerde que, por más que se lleve la etiqueta de psicólogo, psiquiatra o terapeuta, ello no implica que el profesional se torne inmune a la fatalidad humana, por una parte, y a los propios conflictos y crisis personales, por la otra. Usted debe vencer el hecho de creer:
- Que es el único poseedor de la verdad psicológica o psiquiátrica sobre la conducta humana.
- Que a usted la carrera lo ha inmunizado contra los problemas cotidianos y las relaciones interpersonales.
- Que la perfección lo alcanzó a usted el primero.
- Que su corriente teórica es la correcta, certera, absoluta y verdadera.
- Que usted se encuentra con respecto al comportamiento humano “por encima del bien y del mal”.
- Que usted con una sonrisa positiva, una actitud adecuada o un mantra, solucionará sus crisis personales más profundas.
- Que la “espiritualidad” (ayuda de Dios) no es compatible con el conocimiento psicológico humano.
- Que no existe otro psicoterapeuta como usted.
- Que sus defectos de carácter son normales.
- Que su estilo de vida es el adecuado y perfecto para que los demás lo imiten.
- Que usted considera que “debe escuchar a los demás”, pero nadie “tiene que escucharlo a usted… porque siente que todo en su vida está bien o marcha perfecto”.
- Otras que puedan identificarse de la autoobservación personal.



“La mayor parte de las personas que van a ver a un psiquiatra sufren de lo que se llama una neurosis o un trastorno de carácter. Para decirlo en términos sencillos, estas dos afecciones son trastornos de responsabilidad y como tales, son dos modelos opuestos de estar en relación con el mundo con sus problemas. El neurótico asume demasiada responsabilidad; la persona que presenta trastornos de carácter no la asume lo suficiente. Cuando los neuróticos se encuentran en un conflicto con el mundo, automáticamente piensan que ellos mismos  tienen la culpa de la situación; cuando los que sufren desórdenes de carácter están en conflicto con el mundo, automáticamente consideran que el mundo tiene la culpa… pocos de nosotros escapamos de ser neuróticos o de padecer trastornos de carácter.”
Scott  Peck


20. 5 No cambiar: una bomba por estallar

Así que, no cambiar es una bomba de tiempo por estallar. Psicoterapeutas que se resisten a dejar la lujuria, la pornografía, los malos negocios, la agresividad-hostilidad, la conflictividad, las neurosis, ciertos rasgos de trastornos de la personalidad, la ansiedad sin control, el empecinamiento, el orgullo, la indecisión-indisciplina, el alcoholismo, el tabaquismo, el uso de drogas, los problemas de identidad sexual, la avaricia, mal carácter, entre otras “falencias” humanas, de un momento a otro reventarán con consecuencias para su propia vida personal-profesional, así como también dificultades con otras personas (pacientes, instituciones, la justicia…). Usted ya lo ha leído mediante los casos referenciados aquí: la tragedia del no cambio y de la no renovación personal de los psicoterapeutas en general, donde desencadenan. De modo que, no se trata o no tratan las ciencias del comportamiento humano la mera etiquetación-clasificación-percepción de los trastornos y síntomas perturbados del comportamiento en la realidad de las personas, sino en lograr el cambio y la calidad humana en el individuo, quienquiera que él sea.


Un caso particular



“Rayman es un médico psiquiatra que trabaja en una entidad prestadora de servicios de salud, financiada por el Estado en cuanto a los subsidios para los pacientes o consultantes. La justicia descubrió que R., venía defraudando los ingresos del estado, de los subsidios, creando incapacidades ficticias por cobrar. Es decir que se producía un lucro por cada incapacidad inexistente, por cada certificado médico expedido irregularmente. La defraudación se estima alcanzó varios millones de dólares. R., espera pronta sentencia judicial. Como referenció un  miembro del ente acusador: “Lo sigo diciendo. Es triste y lamentable que personas como el doctor R., con su propio consultorio tengan que recurrir a violar la ley para echarse dinero al bolsillo de forma fraudulenta e ilegal. Más triste aun en este caso cuando la prueba fue solida y contundente y pudimos demostrar que hubo tres formas diferentes, información médica falsa, probada con audio y video por unos míseros $900″.”