“Por eso
Dios los ha dejado hacer lo que quieran, y sus malos pensamientos los han llevado
a hacer con sus cuerpos cosas vergonzosas. En vez de adorar al Dios verdadero, adoran
a dioses falsos; adoran las cosas que Dios ha creado, en vez de adorar al Dios
que las creó y que merece ser adorado por siempre. Amén. Por esa razón, Dios ha dejado que esa
gente haga todo lo malo que quiera. Por ejemplo, entre ellos hay mujeres que no
quieren tener relaciones sexuales con los hombres, sino con otras mujeres. Y también hay hombres
que se comportan de la misma manera, pues no volvieron a tener relaciones
sexuales con sus mujeres, sino que se dejaron dominar por sus deseos de tener
relaciones con otros hombres. De este modo, hicieron cosas vergonzosas los unos
con los otros, y ahora sufren en carne propia el castigo que se buscaron.
Como no han querido tener en cuenta a Dios, Dios los ha dejado
hacer todo lo malo que su mente inútil los lleva a hacer. Son gente injusta,
malvada y codiciosa. Son envidiosos, asesinos, peleadores, tramposos y
chismosos. Hablan mal de los demás, odian
a Dios, son insolentes y orgullosos, y se creen muy importantes. Siempre están
inventando nuevas maneras de hacer el mal, y no obedecen a sus padres. No quieren entender la verdad,
ni se puede confiar en ellos. No aman a nadie ni se compadecen de nadie. Dios ya lo ha dicho, y ellos lo
saben, que quienes hacen esto merecen la muerte. Y a pesar de eso, no sólo
siguen haciéndolo, sino que felicitan a quienes también lo hacen.”
San Pablo (Romanos
1. 24-32)
21. 1 Un “problema” de vieja data
La
lujuria se traduce comúnmente como un: “deseo y actividad sexual exacerbados”.
La definición se refiere a dos componentes; el primero es un deseo persistente,
insidioso sobre lo sexual; el segundo se refiere a la búsqueda de más
intensidad, placer, exploración, malicia, en todas las formas de expresión de
la sexualidad. El capítulo del DSM IV (ahora recientemente desde el 2015: DSM
V) sobre los trastornos sexuales diversos (por ejemplo el campo de las
parafilias…), por mencionar uno solo, evidencian una problemática social, que
afecta significativamente la vida de muchas personas de cualquier contexto o
clase social, aunque la cultura busque la legitimación del placer desbordado,
inmoral, libertino, irresponsable, incontrolable, despersonalizable,
comercializable. Desde la antigüedad, por ejemplo, la lujuria mediante la
prostitución, el homosexualismo, el lesbianismo, el abuso, ha sido un desafío para la conducta moral del
hombre; reyes, príncipes, gobernantes, escritores, guerreros, han nutrido los
anales de la lujuria con experiencias diversas que testificaban de su estilo
perverso de vida. Y los psicoterapeutas no son la excepción a caer en la
inmoralidad, el sexo ilícito, comercial, manipulable; la historia cotidiana de
la psicología cuenta con ejemplos tristes de estos profesionales de la salud
mental que resultan inmiscuidos en comportamientos sexuales denigrantes y
escandalosos. Los estrados judiciales se han colmado de casos donde sexo,
lujuria y crimen se han dado la mano, sin miramiento alguno.
21. 2 La inmoralidad en los psicoterapeutas
Las
razones por las cuales los psicoterapeutas pueden incurrir en conductas
sexuales inmorales (libertinas…) pueden ser diversas. En realidad, el terapeuta
es un ser humano también “sujeto a pasiones humanas”, por más que haya
estudiado o especializado su intelecto en campos del comportamiento humano.
Desde la infancia y en el transcurso de la adolescencia las personas pueden
tener una formación sana en su sexualidad, bajo el ejemplo de hogares
relativamente estables y respetuosos; pero en muchos casos no es así; el niño/joven
puede pertenecer a hogares caracterizados por la promiscuidad, el irrespeto, el
abuso, la infidelidad; los niños-jóvenes también comienzan, en esta época, a
tener contacto con experiencias sexuales diversas y tempranas (pornografía en
línea, clubes, trata de blancas, acoso…); otros cuentan con episodios de abuso
sexual y maltrato en el transcurso de su vida, que han dejado traumas o
complejos diversos que afectan su vida en el presente; también está el carácter
“liberal”, “desinhibido”, “sibarita”, “abierto”… que algunos psicoterapeutas
ven e interpretan como sinónimo de desarrollo, madurez y libertad, y en los
cuales ellos mismos quedan atrapados. Lo delicado de esto es que también lo
recomiendan a algunos de sus consultantes, tornándose psicoterapeutas carentes
de ética, valores, virtudes y los requerimientos mínimos que favorezcan la
“intervención-curación” de los mismos.
21. 3 Diversos gustos “raros”
De
modo que sí el psicoterapeuta no controla,
sana, libera, regula, administra, su vida sexual, su
sexualidad como tal, se verá atrapado, inmiscuido en comportamientos inmorales
y denigrantes que restarán credibilidad, autoridad y estatus a su rol como
profesional. Desarrollará, seguramente, una doble vida; aquella donde simulará
ser un profesional maduro, feliz y libre, y de otra parte mantendrá el rostro
oculto de su esclavitud sexual (de sus preferencias sexuales particulares);
orgías, gusto sexual perverso por infantes o adolescentes, consumo de
pornografía, sexo, homosexualismo, lesbianismo, bisexualismo, bestialismo,
fetichismo, masturbación, alcohol, cine erótico, literatura erótica y sensual,
minarán sus recursos mentales, su valores y virtudes, y le harán caer a lo más
hondo como persona y como terapeuta. No son pocos los profesionales de la salud
adictos a la lujuria y sus variantes, además de verse tras las rejas por sus
excesos “carnales”. Esta es un capítulo doloroso marcado por los excesos
sexuales de psicólogos y psiquiatras que perdieron un día el control de su vida
moral.
“Las relaciones sexuales representan para
ellos (los neuróticos)[1] no sólo una liberación
de tensiones específicas sexuales, sino también el único medio de entablar
conexiones humanas. Si una persona se ha convencido de que le es prácticamente
imposible obtener cariño, el contacto físico puede servirle como sucedáneo de
los lazos afectivos. En tal caso, la sexualidad se convierte en el principal, o
acaso en el exclusivo puente hacia los demás, adquiriendo así desmesurada
importancia.”
Karen Horney
21. 4 “Depure” su sexualidad
Nada
más delicado que los problemas de tipo sexual, médicos o psicológicos, que desafían siempre a la ciencia en cuanto a
los métodos, las técnicas, las estrategias, medicamentos, para lograr la
liberación de las desviaciones, las perversiones, en general los trastornos de
tipo sexual. Siempre es bueno reflexionar e iniciar con una autoobservación
personal. Estas preguntas pueden dar pistas camino de la liberación personal
(aunque la recidiva no se haga esperar…): ¿Mi dificultad sexual se ha escapado
del control de mi voluntad? ¿Desde cuándo se “desvió” mi comportamiento sexual
“sano”? ¿Qué factores pudieron desencadenar en él (amistades, abuso, maltrato,
violación, aprendizaje social, contacto con pornografía, contacto con
prostitución…)? ¿Qué he intentado para recuperar el control personal? ¿Cómo son
mis recaídas? ¿Qué tipo de ayuda profesional he solicitado alguna vez? ¿Qué
consecuencias se me han presentado debido a dichos problemas sexuales?...
Seguro que, este será un primer gran paso para su recuperación si “admite su
derrota e incapacidad total frente a dichas perturbaciones”.
21. 5 La estabilidad personal con su
pareja y familia… con todo
La
estabilidad es deseable para la persona, quienquiera que sea; la “estabilidad”
(¿equilibrio emocional?) implica que el individuo posee una adaptación, ajuste,
paz, disciplina, productividad, espiritualidad, salud, entre otras cosas, que
operan “normal, fluida y satisfactoriamente”. No se trata de que la persona
tenga o lleve una vida perfecta y sin problemas, pero sí que la estabilidad, la
consistencia, el ajuste psicológico sea evidente, lo hagan parecer realmente
una “persona normal”. El psicoterapeuta estable procura su paz interior,
mantener relaciones interpersonales adecuadas, momentos cálidos y afectivos con
su familia (cualquiera que sea la constelación familiar que le corresponda
vivir…); procura y lucha por relaciones de pareja y conyugales plenas de amor y
sentido de realización en el hogar; procura una economía libre de deudas o reveses
financieros, etc. La “estabilidad personal” sería, más que su formación
ultraespecializada, uno de los recursos más valiosos como terapeuta, que
redundará en beneficio de sus consultantes.
Un caso
particular
“Fishman es un reconocido psicólogo especializado
en violencia intrafamiliar, aparte de ser considerado una autoridad
internacional en dichos temas. Ha publicado varios libros, alguno de los cuales
ha obtenido notoriedad, sobre el tema de su dominio en cuestión, todos con
carácter investigativo; asimismo se desempeñaba hacia años como profesor
universitario de especialización. A Fishman, se le acusa de pedofilia, junto
con varios colegas más. Parece ser que captaban o entraban en amistad con los
jóvenes mediante ciber sitios, centros comerciales, clubes deportivos para
luego invitarlos a domicilios donde realizaban orgías, filmaciones o
tocamientos a los mismos. Todo se supo por uno de los jóvenes que contó a sus
padres la situación, que posteriormente fue llevaba a manos de la justicia. F.,
pese a pagar fianza provisional espera sentencia por abuso de menores.”


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