sábado, 12 de diciembre de 2015

15. PSICOTERAPEUTAS ANSIOSOS





“Todo miedo es doloroso y, cuando no conduce a la seguridad, es inútilmente doloroso…Por lo tanto, toda consideración a través de la cual puedan suprimirse los terrores carentes de base incorpora algo a la felicidad humana.”
SAMUEL   JOHNSON



15. 1 Los psicoterapeutas y la ansiedad

La “ansiedad” es otro amplio capítulo de la  psicología y la psiquiatría; términos como: tensión, estrés, temor, preocupación, angustia, pánico, fobias, afán, etc., suelen implicar o definir matices diversos de la ansiedad en cierto sentido. La ansiedad es un componente de la existencia diaria y presupone toda una serie de sensaciones psicofisiológicas cuando el individuo se encuentra frente a situaciones de cambio o necesidades que demandan satisfacción. La ansiedad en general está ligada a la percepción física o psicológica que el individuo elabora de los acontecimientos, y cómo éstos pudieran amenazarle, afectarle. La experiencia previa con eventos vitales crea afectos negativos y ansiosos en los individuos, que toman diversas avenidas, como en la clasificación que los DSM (ahora DSM-V) evidencian (fobia, específica, fobia social, agorafobia, crisis de angustia…), a manera de ejemplo. Los profesionales de la salud mental ansiosos perciben e interpretan la vida misma, a sus consultantes con tinte ansioso, angustiante, y esto filtra, permea la relación terapéutica que estará caracterizada por la tensión, la preocupación, la ansiedad misma. Esto no es sano porque los pacientes, inicialmente, buscan la paz, la esperanza y tranquilidad de una evolución positiva ante sus dificultades o perturbaciones. Y esta sensación de paz y relajación devienen primariamente del psicoterapeuta. Así que, aunque tengamos un vasto conocimiento teórico de la ansiedad, basado en la amplia literatura psicológica del tema, no somos la excepción a sus embates cotidianos, demandando de nosotros un ajuste social sano que redundará en madurez y autoridad personal en los psicoterapeutas.



15. 2 Psicoterapeutas inseguros

La inseguridad ataca a un buen número de profesionales en diversos campos del saber. Está sujeta a sensaciones y experiencias de temor interno que cognitivamente hacen pensar al sujeto que es incapaz de tomar el control de una situación, actuar consecuentemente o lograr lo propuesto. Asimismo afecta las relaciones interpersonales, minimizando o rebajando al individuo, así como su aspecto extensivo a las diversas situaciones donde el mismo se ve puesto a prueba o debe interactuar. La inseguridad deviene de la ansiedad; es una de sus consecuencias, hace sentir al sujeto un ser vulnerable, falto de capacidad o afrontamiento para la vida. Torna tímida e ineficaz a la persona. En el caso de los psicoterapeutas o profesionales de la salud mental los afecta  bloqueando su creatividad, su asertividad, su toma de decisiones o cuando enfrentan circunstancias que exigen eficiencia y manejo de grupo. Se sienten débiles para abordar determinadas problemáticas o se paralizan a la hora de proferir un dictamen o retroalimentación personal. La dificultad del psicoterapeuta inseguro es que siempre está buscando quien lo rescate, lo ayude, “haga el trabajo por él”, dada la incapacidad que la inseguridad le genera. A veces la inseguridad de los psicoterapeutas radica en su pésima formación profesional que dejó más deficiencias que fortalezas en la terapéutica en general.

“Si usted no dice la verdad acerca de usted mismo, no podrá decirla acerca de los demás.”

VIRGINIA WOLF


15. 3 Psicoterapeutas mal preparados

Siguiendo lo anterior, la preparación práctica y profesional es muy importante; sugiere que el profesional cuenta con las bases teóricas suficientes (no completas o perfectas) de los fenómenos descritos en su campo de acción humana o saber. Asimismo ha realizado o viene realizando una práctica experiencial en torno de dichos fenómenos; es un observador de la naturaleza humana; contrasta aspectos del comportamiento humano en diversas personas; valida rasgos-síntomas percibidos en otros o los descarta;  afina su intuición personal y comprensiva (marcada empatía) de lo que a otros ocurre, o desarrolla la habilidad de “predecir” las consecuencias de comportamientos anómalos o persistentemente perturbados, perversos. Repasa y se actualiza en todo aquello en lo que se encuentra débil o ignorante; sabe que no puede conocerlo todo, mucho menos dominarlo todo, pero lo internalizado le sirve como fuerte estrategia comprensiva de la realidad humana y social. Se defiende, aunque no sea el último gran experto de este planeta, pues todos percibimos las problemáticas humanas desde distintas ópticas y en consecuencia así también las interpretamos, describimos y explicamos. Prepararse bien no es saberlo todo; es aprender y desaprender dinámicamente; discriminar entre lo que sirve al bien del paciente y lo que no funciona. Es una dinámica constante de renovación mental y personal, que muchos profesionales de la salud dan por obvio, pero en realidad no es así.



15. 4 Miedos y temores específicos

Aunque la ansiedad refiere cierto miedo pero sin peligro, realmente muy subjetiva, el miedo por su parte indica un posible peligro ante situaciones específicas que también generan reacciones de tipo psicofisiológicas en el sujeto, a la manera de una situación de alarma, y que motivan-preparan al mismo para su afrontamiento. De todas formas, aunque las fronteras conceptuales no sean tan nítidas en algunas terminologías, el miedo o los diversos miedos suelen estar ligados a objetos-situaciones-personas específicos, mientras la ansiedad es más difusa-subjetiva. La ansiedad puede ser también la resultante del miedo como experiencia. Por su parte, los psicoterapeutas pueden verse afectados por diversificados temores, incluso supersticiones, que condicionan su quehacer, y limitan su sensación de libertad personal frente a la asesoría-intervención que ejercen con sus pacientes. Los miedos (fobias) que deben superar los psicoterapeutas encajan en los subtipos que propone el DSM-IV para los trastornos de ansiedad, así:

- Miedo a los animales, a los insectos, generados comúnmente en la infancia.
- Miedo al ambiente, a diversos eventos de la naturaleza, percibidos como amenazantes (terremotos, tormentas, vacíos, precipicios, el agua, etc.)
- Miedo a la sangre, inyecciones, al daño, es decir, ante heridas, percepción de procedimientos invasivos, la sangre en general.
- Miedos situacionales, es decir a lugares o sitios específicos (puentes, túneles, alturas, aviones, ascensores, recintos, etc.)
- Miedos diversos, que puedan generar la respuesta ansiosa e incluya otros objetos, circunstancias o desenlace de las mismas.
Los psicoterapeutas libres, renovados, superan sus miedos y temores para ayudar a sus consultantes a ser librados de  variados miedos psicológicos, que afectan significativamente su relación consigo mismo y con el entorno. El miedo, como emoción, de todas formas y en un sentido negativo, evidencia la inseguridad personal frente a la vida, el ambiente y los demás. Un individuo verdaderamente libre y sano teme muy poco.


15. 5 La autoconfianza

Los profesionales de la salud mental deben contar en su repertorio psicológico, su carácter y personalidad general, con la autoconfianza como un valor-competencia para su mejoramiento personal y eficacia terapéutica; como parte de la autoestima, la autoconfianza en los profesionales indica el nivel o consciencia de sus fortalezas, aptitudes, alcances, relacionamiento, en cuanto a lo que hacen, así como las posibles deficiencias personales por superar-mejorar. La autoconfianza es vital en los psicoterapeutas porque mantiene su autoestima equilibrada, dinámica, ante lo que se proponen en cada meta o asesoría personal; indica que es posible afrontar un caso y tener la esperanza de su solución, no definitiva, pero que ayude en algo a la calidad de vida del paciente.


Un caso particular



“Thilcia es una psicóloga especializada en clínica. Lleva varios años desde su graduación dedicada a la psicorientación de estudiantes en colegios oficiales de su país. Procura realizar un buen trabajo, pero es muy insegura; al punto que su ansiedad no le permite utilizar diversos recursos y técnicas psicológicas desarrolladas; asimismo no logra adaptar los mismos a las necesidades específicas de la población, y vive buscando el método o estrategia perfecta de intervención. Producto de su inseguridad, también T. manifiesta algunos rasgos de hipocondría y cuando enferma persiste en los síntomas, más allá de haber logrado sanar o recuperarse. Compañeros y amigos notan su persistencia en el mantenimiento de la enfermedad o padecimiento. Para T., cada nuevo desafío o actividad grupal, pública, le produce una alta cuota de ansiedad, que por lo general resulta interviniendo con el desarrollo positivo de todo lo planeado. Pese a sus estudios en clínica, T., ilustra aquello de que “en casa de herrero azadón de palo”. Su desempeño profesional, por lo tanto, no lo disfruta como quisiera en su mente/corazón.”

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