“Todo miedo es doloroso y, cuando no conduce a la seguridad, es
inútilmente doloroso…Por lo tanto, toda consideración a través de la cual
puedan suprimirse los terrores carentes de base incorpora algo a la felicidad
humana.”
SAMUEL JOHNSON
15. 1 Los psicoterapeutas y la ansiedad
La
“ansiedad” es otro amplio capítulo de la
psicología y la psiquiatría; términos como: tensión, estrés, temor,
preocupación, angustia, pánico, fobias, afán, etc., suelen implicar o definir matices
diversos de la ansiedad en cierto sentido. La ansiedad es un componente de la
existencia diaria y presupone toda una serie de sensaciones psicofisiológicas
cuando el individuo se encuentra frente a situaciones de cambio o necesidades
que demandan satisfacción. La ansiedad en general está ligada a la percepción
física o psicológica que el individuo elabora de los acontecimientos, y cómo
éstos pudieran amenazarle, afectarle. La experiencia previa con eventos vitales
crea afectos negativos y ansiosos en los individuos, que toman diversas
avenidas, como en la clasificación que los DSM (ahora DSM-V) evidencian (fobia,
específica, fobia social, agorafobia, crisis de angustia…), a manera de
ejemplo. Los profesionales de la salud mental ansiosos perciben e interpretan
la vida misma, a sus consultantes con tinte ansioso, angustiante, y esto
filtra, permea la relación terapéutica que estará caracterizada por la tensión,
la preocupación, la ansiedad misma. Esto no es sano porque los pacientes,
inicialmente, buscan la paz, la esperanza y tranquilidad de una evolución
positiva ante sus dificultades o perturbaciones. Y esta sensación de paz y
relajación devienen primariamente del psicoterapeuta. Así que, aunque tengamos
un vasto conocimiento teórico de la ansiedad, basado en la amplia literatura
psicológica del tema, no somos la excepción a sus embates cotidianos,
demandando de nosotros un ajuste social sano que redundará en madurez y
autoridad personal en los psicoterapeutas.
15. 2 Psicoterapeutas inseguros
La
inseguridad ataca a un buen número de profesionales en diversos campos del
saber. Está sujeta a sensaciones y experiencias de temor interno que
cognitivamente hacen pensar al sujeto que es incapaz de tomar el control de una
situación, actuar consecuentemente o lograr lo propuesto. Asimismo afecta las
relaciones interpersonales, minimizando o rebajando al individuo, así como su
aspecto extensivo a las diversas situaciones donde el mismo se ve puesto a
prueba o debe interactuar. La inseguridad deviene de la ansiedad; es una de sus
consecuencias, hace sentir al sujeto un ser vulnerable, falto de capacidad o
afrontamiento para la vida. Torna tímida e ineficaz a la persona. En el caso de
los psicoterapeutas o profesionales de la salud mental los afecta bloqueando su creatividad, su asertividad, su
toma de decisiones o cuando enfrentan circunstancias que exigen eficiencia y
manejo de grupo. Se sienten débiles para abordar determinadas problemáticas o se
paralizan a la hora de proferir un dictamen o retroalimentación personal. La
dificultad del psicoterapeuta inseguro es que siempre está buscando quien lo
rescate, lo ayude, “haga el trabajo por él”, dada la incapacidad que la
inseguridad le genera. A veces la inseguridad de los psicoterapeutas radica en
su pésima formación profesional que dejó más deficiencias que fortalezas en la
terapéutica en general.
“Si usted no dice la verdad acerca de usted mismo, no podrá decirla
acerca de los demás.”
VIRGINIA WOLF
15. 3 Psicoterapeutas mal preparados
Siguiendo
lo anterior, la preparación práctica y profesional es muy importante; sugiere
que el profesional cuenta con las bases teóricas suficientes (no completas o
perfectas) de los fenómenos descritos en su campo de acción humana o saber.
Asimismo ha realizado o viene realizando una práctica experiencial en torno de
dichos fenómenos; es un observador de la naturaleza humana; contrasta aspectos
del comportamiento humano en diversas personas; valida rasgos-síntomas percibidos
en otros o los descarta; afina su
intuición personal y comprensiva (marcada empatía) de lo que a otros ocurre, o
desarrolla la habilidad de “predecir” las consecuencias de comportamientos
anómalos o persistentemente perturbados, perversos. Repasa y se actualiza en
todo aquello en lo que se encuentra débil o ignorante; sabe que no puede
conocerlo todo, mucho menos dominarlo todo, pero lo internalizado le sirve como
fuerte estrategia comprensiva de la realidad humana y social. Se defiende,
aunque no sea el último gran experto de este planeta, pues todos percibimos las
problemáticas humanas desde distintas ópticas y en consecuencia así también las
interpretamos, describimos y explicamos. Prepararse bien no es saberlo todo; es
aprender y desaprender dinámicamente; discriminar entre lo que sirve al bien
del paciente y lo que no funciona. Es una dinámica constante de renovación
mental y personal, que muchos profesionales de la salud dan por obvio, pero en
realidad no es así.
15. 4 Miedos y temores específicos
Aunque
la ansiedad refiere cierto miedo pero sin
peligro, realmente muy subjetiva, el miedo por su parte indica un posible
peligro ante situaciones específicas que también generan reacciones de tipo
psicofisiológicas en el sujeto, a la manera de una situación de alarma, y que
motivan-preparan al mismo para su afrontamiento. De todas formas, aunque las
fronteras conceptuales no sean tan nítidas en algunas terminologías, el miedo o
los diversos miedos suelen estar ligados a objetos-situaciones-personas
específicos, mientras la ansiedad es más difusa-subjetiva. La ansiedad puede
ser también la resultante del miedo como experiencia. Por su parte, los
psicoterapeutas pueden verse afectados por diversificados temores, incluso
supersticiones, que condicionan su quehacer, y limitan su sensación de libertad
personal frente a la asesoría-intervención que ejercen con sus pacientes. Los
miedos (fobias) que deben superar los psicoterapeutas encajan en los subtipos
que propone el DSM-IV para los trastornos de ansiedad, así:
-
Miedo a los animales, a los insectos, generados comúnmente en la infancia.
-
Miedo al ambiente, a diversos eventos de la naturaleza, percibidos como
amenazantes (terremotos, tormentas, vacíos, precipicios, el agua, etc.)
-
Miedo a la sangre, inyecciones, al daño, es decir, ante heridas, percepción de
procedimientos invasivos, la sangre en general.
-
Miedos situacionales, es decir a lugares o sitios específicos (puentes,
túneles, alturas, aviones, ascensores, recintos, etc.)
- Miedos
diversos, que puedan generar la respuesta ansiosa e incluya otros objetos,
circunstancias o desenlace de las mismas.
Los
psicoterapeutas libres, renovados, superan sus miedos y temores para ayudar a
sus consultantes a ser librados de
variados miedos psicológicos, que afectan significativamente su relación
consigo mismo y con el entorno. El miedo, como emoción, de todas formas y en un
sentido negativo, evidencia la inseguridad personal frente a la vida, el
ambiente y los demás. Un individuo verdaderamente libre y sano teme muy poco.
15. 5 La autoconfianza
Los
profesionales de la salud mental deben contar en su repertorio psicológico, su
carácter y personalidad general, con la autoconfianza como un valor-competencia
para su mejoramiento personal y eficacia terapéutica; como parte de la
autoestima, la autoconfianza en los profesionales indica el nivel o consciencia
de sus fortalezas, aptitudes, alcances, relacionamiento, en cuanto a lo que
hacen, así como las posibles deficiencias personales por superar-mejorar. La
autoconfianza es vital en los psicoterapeutas porque mantiene su autoestima
equilibrada, dinámica, ante lo que se proponen en cada meta o asesoría
personal; indica que es posible afrontar un caso y tener la esperanza de su
solución, no definitiva, pero que ayude en algo a la calidad de vida del
paciente.
Un caso
particular
“Thilcia
es una psicóloga especializada en clínica. Lleva varios años desde su
graduación dedicada a la psicorientación de estudiantes en colegios oficiales
de su país. Procura realizar un buen trabajo, pero es muy insegura; al punto
que su ansiedad no le permite utilizar diversos recursos y técnicas
psicológicas desarrolladas; asimismo no logra adaptar los mismos a las
necesidades específicas de la población, y vive buscando el método o estrategia
perfecta de intervención. Producto de su inseguridad, también T. manifiesta
algunos rasgos de hipocondría y cuando enferma persiste en los síntomas, más
allá de haber logrado sanar o recuperarse. Compañeros y amigos notan su
persistencia en el mantenimiento de la enfermedad o padecimiento. Para T., cada
nuevo desafío o actividad grupal, pública, le produce una alta cuota de
ansiedad, que por lo general resulta interviniendo con el desarrollo positivo
de todo lo planeado. Pese a sus estudios en clínica, T., ilustra aquello de que
“en casa de herrero azadón de palo”. Su desempeño profesional, por lo tanto, no
lo disfruta como quisiera en su mente/corazón.”


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