sábado, 12 de diciembre de 2015

14. PSICOTERAPEUTAS CON ADICCIONES




“Si sólo pudiéramos entendernos: Saber de qué somos hechos, saber quiénes somos realmente, saber por qué reaccionamos como lo hacemos, saber nuestros puntos fuertes y cómo desarrollarlos, saber nuestras debilidades y cómo superarlas.”

FLORENCE LITTAUER


14. 1 Puede ocurrir

Las adicciones, problema contemporáneo de fuertes implicaciones sociales, gubernamentales, políticas, psicosociales, también afectan la vida de los psicoterapeutas; Freud[1] es un ejemplo de ello. Su adicción a la cocaína, inicialmente sugerida para controlar los dolores fuertes de su mandíbula (cáncer de boca), que luego no pudo erradicar de sí el resto de su vida, incluso le causó la muerte por sobredosis de morfina de manos de un colega. Este autor, aunque vea superado o como teoría meramente histórico-literaria el psicoanálisis, no deja de reconocer el ingenio de Freud, la capacidad lingüística, especulativa y teórica para crear constructos (no comprobados científicamente) que inspiraron otros desarrollos teóricos, o nuevas alternativas de explicación e interpretación de la conducta humana. Y aunque el eminente psicólogo estuvo sujeto al padecimiento de la enfermedad, queda la enseñanza para los profesionales de la salud mental el estar precavidos con el uso de sustancias (anfetaminas, cocaína, marihuana, depresivos…) cuyo poder adictivo es muy sutil y veloz, en aras de un quehacer profesional más libre, esperanzador, efectivo, que pueda otorgar a los consultantes estrategias de ayuda más eficaces, que validen el rol del profesional y el quehacer mismo de la profesión.



14. 2 ¿Libre o adicto?

Los psicoterapeutas pueden esclavizarse a drogas, pornografía, ludopatía, tecnología, tabaquismo, alcoholismo, comportamientos antisociales, obsesiones raras, entre otros aspectos de carácter obsesivo-compulsivo, que hacen de sus vidas modelos desastrosos nada dignos de imitar, aparte del descrédito social que ello implica. Por su parte, en el origen de las adicciones son diversas o variadas las causas motivacionales para que un individuo pueda quedar atado al uso de diversas sustancias o dependiente de comportamientos anómalos (por ejemplo: masturbación compulsiva, perversiones sexuales…). Los psicoterapeutas también puede tener tras de sí, en su historia de vida:
- Antecedentes familiares predisponentes (alguien en la dinámica familiar con la problemática…)
- Traumas de tipo emocional (que vulneran su estabilidad personal y le hacen buscar paliativos alternativos al dolor psicológico, la frustración…)
- Cotidianidad caótica (que los lleva a una vida caracterizada por las irresponsabilidades constantes…)
- Algunos síntomas de trastornos mentales pueden ser puerta para el abuso de sustancias en muchos individuos.
- Manejo inadecuado de la ansiedad (que facilitan el uso de sustancias para evadir el dolor de la vida o lo desagradable de los diversos eventos cotidianos…)
- Depresión (mediante las drogas algunos mitigan su dolor emocional y sus inestables estados anímicos…)
- Influencia social negativa (las malas influencias, amistades o estar en el lugar equivocado, facilitan la experiencia en el consumo de drogas…)
- Otras.


14. 3 Búsqueda de ayuda

Semejante a un consultante que necesita ayuda para sus adicciones, los psicoterapeutas, cuando han caído en este flagelo deben luchar por salir adelante, liberar su mente-cuerpo de aquello que los ha esclavizado. ¡Y buscar ayuda! Muchas veces las “autocuras” no funcionan cuando el problema se ha salido de entre las manos y se requiere de personas amigas con experiencia, éxito, fortaleza en dichos procesos terapéuticos. Existen colegas con notable recorrido clínico-social al respecto de dicha terapéutica, pero al final, como ya es sabido: es el profundo y sincero reconocimiento del problema el que abre la puerta a la rendición personal y el inicio voluntario de la recuperación individual. Entonces, no temer la búsqueda de asesoría terapéutica; despojarse de toda la capa de intelectualidad adquirida en la trayectoria profesional; entender que está en juego la integridad personal; la dignidad-valor como persona; vencer el orgullo del qué dirán, qué pensarán, siendo uno mismo todo un psicoterapeuta; la humildad vence los obstáculos para el cambio, y la constancia hace avanzar hacia el estado ideal de lo propuesto. Nunca olvide que, por pertenecer a este mundo, ningún ser humano es la excepción a la fatalidad; por ejemplo: lamentablemente personas famosas que propendían por la alegría terminaron suicidándose; personas aparentemente realizadas, exitosas socialmente, acabaron su vida con una sobredosis letal; nadie es la excepción y nunca sabemos cómo podemos afrontar las nuevas dificultades de cada día.



14. 4 Acontecimientos vitales

Por acontecimientos vitales los psicoterapeutas entendemos aquellos eventos difíciles, productores de estrés o ansiedad, que exigen del individuo diversos procesos de adaptación, física, mental o psicológica (¿Y por qué no espiritual?). Dichas circunstancias son afrontadas por las personas de manera distinta, basado en sus diferencias individuales. Y cuando el ajuste o la adaptación ejecutada no es la ideal, las personas suelen entrar en verdaderas crisis personales. Los profesionales de la salud pueden afrontar la frustración profesional cuando no logran ciertas metas; pueden padecer depresión ante dificultades de pareja o crisis familiares; su mismo ideal de la profesión puede verse mermado o desmotivado cuando no se obtiene el cambio en los pacientes o el mundo mismo como se quisiera; pueden verse atados-esclavizados a vicios diversos; pueden verse enredados en relaciones interpersonales conflictivas; o entrar en todo una crisis individual con lo existencial, la dinámica del mundo y sus incesantes necesidades. En 1967 los psiquiatras Holmes y Rahe precisaron algunos eventos causantes de estrés en el individuo producto de la gravedad o intensidad misma del estresor o acontecimiento vital padecido. Como profesionales de la salud, los psicoterapeutas deben afrontar, asumir y controlar en su vida personal, las siguientes situaciones (escala de ajuste social):




Fig. 1. Escala de acontecimientos vitales Holmes y Rahe. Fuente: http://es.slideshare.net/KALINRA/abordaje-del-ciclo-vital-en-medicina-familiar-10146717

14. 5 Vida nueva

Los psicoterapeutas no son ajenos al recomenzar de su vida; reestructurar su forma de pensar; decantar teorías, estrategias, modos de ejercer su rol; psicólogos y psiquiatras debieran ser los primeros en someterse a procesos de cambio personal (autoanálisis, entre ellos), dada su profunda esclavitud a lo teórico, a las corrientes y tendencias imperfectas creadas y disertadas por hombres imperfectos, que también tuvieron la necesidad de cambio y modificación personal. Recuerde aquí los trágicos suicidios de Wilhelm Stekel y Viktor Tausk, entre otros, que realmente dejaron un profundo vacío en la teoría psicoanalítica antes que validarla como un método efectivo para los problemas del comportamiento humano. A estas alturas, creo yo, modestamente, que usted sabe en qué aspectos debe poner seriedad y dinamismo para su reestructuración personal como psicoterapeuta.


Un caso particular

“Ernest Jones, el biógrafo oficial de Freud, también nos dice que durante este período (aproximadamente entre 1892 y 1900) Freud experimentó un marcado cambio de personalidad y sufrió de una «muy considerable psiconeurosis, caracterizada por cambios de humor desde una profunda euforia hasta una tremenda depresión y estados crepusculares de consciencia». Durante el mismo período desarrolló inexplicados síntomas de irregularidad cardíaca y aceleración de los movimientos del corazón. Padeció un extraño mal llamado «neurosis de reflejo nasal», y concibió un violento odio hacia su viejo amigo y colega Breuer, mientras al mismo tiempo experimentaba una intensa admiración y devoción hacia otro amigo, Wilhelm Fliess. Y el cambio mayor que ocurrió fue que, cuanto más el impulso sexual se convertía en la piedra angular de su teoría general, menos lo practicaba, de manera que al final del siglo había terminado virtualmente de mantener relaciones sexuales con su mujer. Otros síntomas de cambio de personalidad, que aparecieron hacia esa época fueron la convicción mesiánica de una misión, la aceptación del mito del héroe (ya mencionado), y la general tendencia dictatorial a gobernar a sus seguidores y expulsarles si expresaban la menor o más ligera duda acerca de la verdad absoluta de sus teorías. Esto, también, difiere totalmente de la conducta del primitivo Freud, que no mostraba ninguno de esos raros e inaceptables rasgos de carácter. Thornton, basándose en la correspondencia de Freud con Fliess, ha formulado una hipótesis muy clara que explicaría todos esos súbitos cambios en términos de una adicción que Freud desarrolló por la cocaína. Freud había trabajado con la cocaína, la había usado para combatir sus frecuentes jaquecas, y había recomendado entusiásticamente su uso a todos los que quisieran controlar sus estados mentales. Fliess había elaborado una teoría más bien absurda acerca de la cocaína que, según él, era capaz de aliviar drásticamente los dolores de cabeza y otros males mediante la aplicación nasal. Lo que sucede en realidad es que la aplicación de la droga a las membranas mucosas, tales como las del interior de la nariz, resulta una absorción extremadamente rápida, de manera que la droga se incorpora muy pronto a la corriente sanguínea y llega al cerebro con rapidez y prácticamente sin alteración. No cabe duda sobre el hecho de que Freud fue inducido por Fliess a usar cocaína con objeto de curar sus cefaleas y mejorar su «neurosis de reflejo nasal». He aquí lo que dice Ernest Jones sobre ello: Luego, como si hubiera alguna relación en su trato con un rinólogo, Freud sufrió mucho de una infección nasal durante esos años. De hecho, ambos la padecieron (es decir, Freud y Fliess) y un interés poco común fue tomado por ambas partes acerca del estado de las respectivas narices, órganos que, después de todo, habían llamado en primer lugar la atención de Fliess en los procesos sexuales. Fliess operó dos veces a Freud, probablemente por cauterización de los huesos espirales; la segunda vez fue en el verano de 1895. La cocaína, en la que Fliess tenía una gran fe, fue constantemente recetada. Desafortunadamente, como es natural, este uso de la cocaína fijó un círculo vicioso causando una verdadera patología nasal y empeorando lo que se suponía debía curar, como indica Thornton, «tal patología es concomitante con el uso crónico regular de la cocaína. Necrosis de las membranas, aparición de costras, ulceración y frecuentes hemorragias con las infecciones resultantes, son las invariables secuelas de su uso... La infección de los tejidos ulcerados produce serias infecciones sinoidales, que Freud padeció en la segunda parte de la década». Esta, pues, era la razón del «interés poco común» por las respectivas narices que tanto divertía a Jones en su relato sobre Freud y Fliess. «Ambos hombres habían empezado a sufrir los efectos de la cocaína en el cerebro. De aquí procede la calidad progresivamente extraña de las teorías de los dos conforme transcurría el tiempo». Hay evidencia directa de esta teoría en los escritos del mismo Freud. Así en « La Interpretación de los Sueños » menciona su preocupación por su propio estado de salud cuando escribe sobre sus pacientes. He aquí lo que escribe: «Hacía un uso frecuente de la cocaína en esa época para aliviar ciertas dolorosas molestias nasales, y había oído unos días antes que una de mis pacientes que había seguido mi ejemplo había contraído una extendida necrosis de la membrana mucosa nasal». Thornton comenta: «El uso de la cocaína por Freud no tenía por objeto únicamente el alivio de un ataque ocasional de migraña. Quedó cogido en la trampa de un círculo vicioso de tomar cocaína para reducir dolores nasales que habían sido realmente causados por la misma droga, los cuales aumentaban con mayor intensidad aun cuando sus efectos desaparecían. El resultado fue el uso casi continuo de la cocaína».”
Hans Eysenck[2]


Un caso particular[3]


Otto Hans Adolf Gross (17 de marzo de 1877 en Gniebing, Feldbach, Estiria, Austria – 13 de febrero de 1920 en Berlín, Alemania) amante de las esposas de sus amigos y de las primas, hermanas, y tías de éstas, un bohemio aventurero, un anarquista que manifestaría su inconformidad en cada ámbito de su vida. Hijo del jurista Hans Gross (1847-1915), uno de los fundadores de la criminología y precursor de la dactiloscopia)… siempre luchando por encontrar su propio sitio en el mundo y salir de la sombra de su famoso padre, podemos rastrear el núcleo de su rebeldía en la relación con éste. También, por supuesto, el núcleo de su filosofía pro-matriarcal y anti-patriarcado. Educado por tutores y en colegios privados. Su padre notó el desequilibrio mental de su hijo y lo envío a la escuela de medicina, se recibe de médico en 1899 y emprende un viaje a Sudamérica (1900) en busca de su propia identidad y experiencia, es en este tiempo donde experimenta con diversas sustancias como cocaína, opio, morfina, volviéndose adicto casi al instante… Freud veía en Gross un virtuoso de las teorías psicoanalíticas, en su segunda terapia de desintoxicación, y esta vez al mano de Jung, Gross logró influir en éste de una manera que jamás imaginó, gracias al  transfert entre él y Gross, pudo conocer su lado ‘oscuro’, su ‘sombra’, y así pudo poner en perspectiva sus teorías. Jung le formuló dos diagnósticos sucesivos: neurosis obsesiva y demencia precoz. Ernest Jones más tarde le diagnosticaría esquizofrenia, luego hasta sería analizado por otro pisciano presente en esta lista, Wilhelm Stekel, sin mayores resultados. Otto, al contrario de Stekel, no aceptaba maestro alguno, los problemas con su padre lo hacían un rebelde que no veía autoridad en personalidad alguna, pronto iba a dejar de ver a Freud como un mentor e iba a rebelarse contra esta nueva figura paterna en su vida. Freud, llegado este punto, diría sobre Gross: “Lamentablemente, no hay nada que decir de él; ha caído, y sólo le hará mucho daño a nuestra causa”. El virtuoso del psicoanálisis cesó de serlo a los ojos de Freud, ahora solo veía a un disidente, promiscuo y amoral, que pronto se convertiría en un peligro para el futuro del psicoanálisis. Incluso pese a ser ‘expulsado’ del círculo vienés, y perder el respaldo de su ‘maestro’, siguió practicando el psicoanálisis bajo la etiqueta de ‘Freudiano’. Sus terapias, como todo con respecto a él, también eran controvertidas, fue acusado en dos ocasiones de incitar al suicidio a dos de sus pacientes, y luego de inclinarse por el anarquismo y cumplir su sueño de habitar en la comunidad utópica de Ascona, es perseguido por la policía acusado “actividades subversivas”. En 1914, apenas iniciaba la Gran Guerra,  Otto se enlista y ejerce como médico del ejército austro-húngaro en diferentes destinos. A su regreso a Berlín inicia un ambicioso proyecto junto a Franz Jung y al pintor Georg Schrimpf, una revista llamada Die freie Strasse, una introducción a la Revolución que se fraguaba en Alemania. Finalmente es encontrado en un almacén abandonado casi congelado y al borde de la inanición, moriría en el sanatorio berlinés de Pankow el día 13 de Febrero de 1920 a causa de una neumonía.”



[1] En la biografía de Freud hecha por Jones, biógrafo principal de Freud, se refieren algunos detalles de este aspecto de la vida del reconocido psicoanalista.
[2] Eysenck, Hans. Decadencia y caída del imperio freudiano.  Nuevo Arte Thor. España, 1988. Págs. 33-35

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