“En todo esfuerzo por comprender una
personalidad, es esencial descubrir las fuerzas impulsoras subyacentes de esa
personalidad. Al tratar de comprender una personalidad perturbada es esencial
descubrir las fuerzas impulsoras responsables de la perturbación.”
Karen Horney
“El neurótico se rebela contra su
sociedad. Es un no-conformista. Aunque no acepta la voluntad colectiva, no
puede vivir solo. Se siente en tensión, inadecuado, lejos de los otros. No
puede aceptar la sociedad, ni puede aceptar la separación de ella.”
BENJAMÍN WOLMAN
12.
1 Las tendencias neuróticas de los psicoterapeutas
El concepto de neurosis tiene
diversas acepciones comprensivas desde el psicoanálisis tradicional. En la
época más contemporánea se ha entendido más relacionándolo con la adaptación y el
manejo de la ansiedad del individuo con relación a sus conflictos. En lo
neurótico lo sexual puede estar a la base de ciertos comportamientos o
desbordarse dando origen a los síntomas neuróticos. Es Karen Horney quien
conceptualiza las neurosis desde una perspectiva más adaptativa frente a los
conflictos individuales que se deben resolver, ligada al ambiente, familia o
entorno cultural que rodean al sujeto. Aunque, como sugería Freud, todos somos
neuróticos en cierta medida (pues necesitamos adaptarnos o ajustarnos frente a
los retos de la cotidianidad y del mismo yo - cambiar), en los diversos niveles
de neurosis el individuo parece tener dificultades para afrontar la realidad,
manejar la ansiedad y asimismo escoger los medios o modos para mantenerse
estable o equilibrado. En este sentido algunos terapeutas bajo síntomas
neuróticos viven una vida conflictiva o anclada a diversos comportamientos que
les impiden realizar procesos terapéuticos más satisfactorios o libres en su
autoridad para asesorar sobre sus consultantes. No se puede enseñar o sugerir
adaptaciones-ajustes sanos a otros, si en realidad el mismo psicoterapeuta
cuenta con problemas: obsesivos, narcisísticos, compulsivos, histriónicos,
paranoides, etc. La libertad siempre devendrá de la libertad, y nunca de las
propias esclavitudes personales.
12.
2 Las conductas dañinas adquiridas
En las neurosis los problemas
de adaptación suelen ser desproporcionados, aunque el individuo mantenga una
relación normal con la realidad y pueda desempeñarse socialmente sin
dificultades. Y se ha aceptado que desde la infancia, mediante una crianza
imperfecta (obsesiva, restrictiva, censurante, inconsistente…) los hijos pueden
desarrollar comportamientos dañinos, que en la edad adulta resultan graves
cargas para la personalidad del individuo. Siguiendo aquí a Horney (1968) la
persona, y en este caso los psicoterapeutas pueden luchar consigo mismos frente
a las siguientes tendencias neuróticas:
- La superación sobre la
necesidad neurótica de afecto, aprobación, reconocimiento.
- La superación sobre la
necesidad neurótica de que otros se encarguen de su vida (dependencia)
- La superación sobre la necesidad
neurótica de la autolimitación personal (autoestimación deficiente)
- La superación sobre la
necesidad neurótica de adquirir poder, prestigio, posesión.
- La superación sobre la
necesidad neurótica de la intelectualidad y la voluntad (la razón) como medios
de controlarse a sí mismo y a los demás.
- La superación sobre la
necesidad neurótica de explotación de los demás.
- La superación sobre la
necesidad neurótica del reconocimiento y prestigio sociales.
- La superación sobre la necesidad
neurótica de admiración personal.
- La superación sobre la
necesidad neurótica de realizar-conseguir hazañas personales.
- La superación sobre la
necesidad neurótica de autosuficiencia e independencia.
- La superación sobre la
necesidad neurótica de perfección e inexpugnabilidad.
Cada una de estas
“distorsiones” de un sano ajuste personal también deben ser objeto de trabajo
en los psicoterapeutas, que muchas veces tienen el componente teórico de cuanto
ocurre en la naturaleza humana pero no logran discernirlo en sí mismos. Ser
conscientes de ello representa una gran muestra de humildad personal y
profesionalismo al discernir lo que debe cambiarse en sí mismo. Mucho más
loable si cada cual inicia su depuración y renovación en sí mismo.
12.
3 El control de la neurosis
El manejo de la neurosis
dependerá de la técnica terapéutica seleccionada (si pudiera hablarse en
psicología y en psiquiatría de técnicas estrictas o validadas científicamente).
No obstante como las neurosis implican un componente mental-afectivo, se
sugiere al individuo el discernimiento de sus raíces comportamentales ansiosas,
angustiantes, seguramente fijadas o ligadas a acontecimientos desadaptativos de
su forma de vivir relacionados con otras personas; eventos pasados o presentes.
La liberación del individuo se va consiguiendo paulatinamente en la medida en
que va destruyendo mentalmente y activamente la solución de compromiso
adquirida (hábito dañino). Por ejemplo: si el individuo presenta dificultades
sexuales fuera de su control voluntario; si el individuo es obsesivo en su
relación con otros; si el individuo está esclavizado por el alcohol, el
tabaco, las drogas; si el individuo
tiene problemas en su estima personal; si el individuo es muy dependiente de
otros; si el individuo es manipulador de los demás para conseguir sus
intereses; si el individuo tiene un concepto erróneo de sí mismo como persona,
etc.
“Definimos
la neurosis como conflicto psicológico del sujeto, cuya sintomatología es la
expresión simbólica de conflictos psíquicos, que tiene raíces en la historia
infantil del sujeto. Decimos conflictos porque estamos pensando entre un deseo
del sujeto y una exigencia moral que se opone al deseo, produciéndose así un
conflicto en el interior del sujeto. Muchas veces estos conflictos son inconscientes
aun para el mismo sujeto. La raíz de la neurosis se encuentra en la infancia
del sujeto, en experiencias que no ha sido resueltas, lo que le llevan a
desarrollar una serie de conflictos que marcarán su forma de actuar, de sentir,
de ser.”
Bernardo Stamateas
12.
4 La paz interior del psicoterapeuta
Pudiese sonar muy espiritual,
hablando de la psicología, la psiquiatría y otras terapéuticas de la mente
humana, el concepto de “paz interior”. Pero en la época contemporánea ya nadie
desconoce su intencionalidad, su aspiración vivencial o su carencia en el
corazón humano. La paz interior, espiritualmente, se entiende como un
equilibrio interno del individuo donde se conjugan: el perdón, la aceptación,
la bondad, los valores, las virtudes, la calma, el amor… que hacen que el
sujeto tenga una calidad de vida interior, independientemente de las
dificultades normales que pueda arrostrar en la cotidianidad. Sin duda que,
psicoterapeutas calmados, pacíficos, con eustrés, relajados, confiados,
amables, son deseables a todo lo contrario que muchas personas han podido
testificar negativamente de los mismos.
12.
5 Reincidencias
Como nadie es perfecto
psicológicamente, aunque pudiera sí efectivamente ser sano de muchas de sus
dificultades o conflictos emocionales, habrá reincidencias, recaídas,
recidivas, y el psicoterapeuta podría desanimarse o verse confundido por su
propia auto ineficacia personal sobre sus propios problemas y neurosis
adquiridas. A la final, ningún proceso de cambio personal es fácil o automático
para una persona. Todo cuesta, y a nivel psicológico y mental nada es
definitivo o manipulable como se desearía. Quisiéramos curar a los ansiosos, a
los depresivos, a los esquizofrénicos, a los pirómanos, a los paranoides, a los
fóbicos, a los alcohólicos, a los perversos, a los maltratadores, a los
antisociales, a los neuróticos, a los melómanos, a los toxicómanos, a los
autistas… de manera instantánea, pero nuestra habilidad personal al respecto es
muy limitada, aparte de las resistencias fuertes que la conducta humana expone
ante la perspectiva de cambio individual.
Un caso
particular
“Samantha
es una psicóloga especializada. Parece presentar ciertos rasgos histriónicos
con otros de tipo paranoide. Manejaba una ansiedad fuerte en su vida cotidiana
y en las relaciones interpersonales de pareja que enfrentaba, incluso las de
tipo íntimo (pareja). S. de unos años para acá ha visto decaer y perder el
dominio propio sobre su propia conducta. Agredió a una de sus primeras parejas
con un puñal en el abdomen. El hombre se salvó, pero S. fue absuelta por el
juez. Se alegó que todo se había producido por la pérdida de control en las
discusiones de pareja. Tiempo después, S. entabló relación con otra pareja de
la cual se le acusa de haberla matado, desmembrado con una sierra y repartido
sus partes en diversos lugares de la ciudad. La profesional alegó maltrato
constante de su pareja. Como recurso S. alcanzó a recluirse en una clínica
psiquiátrica para hacer creer que se encontraba con graves problemas
psicológicos. Se encuentra bajo rejas. El caso de S. ilustra claramente lo
“trastornados” que son-están un buen número de profesionales de la salud
mental, que consideran que, porque son graduados y tienen una especialidad
psicológica, son la excepción a los trastornos y al cambio personal. Cuando no
se busca la ayuda a tiempo y con humildad, para muchos profesionales llega a
ser demasiado tarde en la vida.”


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