jueves, 10 de diciembre de 2015

1. EL ESTILO DE VIDA: USTED TAMBIÉN ES PERSONA



“Todos los individuos sólo acostumbran a considerar las cosas que son útiles a sus puntos de vista y a sus actitudes. En otras palabras, se hace consciente lo que nos favorece, y permanece inconsciente lo que pudiera perturbar nuestra argumentación.”
                                Alfred Adler


1.  1 La “vocación” de los psicoterapeutas

Algo muy importante a tener en cuenta, y que sirve como un balance o autoanálisis frente a la opción profesional de vida que se tomó, es la pregunta: ¿Por qué se eligió la psicología, la psiquiatría o alguna otra ciencia humana, incluso de la salud como la profesión, oficio o quehacer? Y aquí surgen varias posibilidades. Millares de individuos realizan la elección de estas carreras por:
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  - Vocación (llamado). Este es el caso afortunado, ideal, deseable. Aquí los psicoterapeutas “sienten” un fuerte apego, inclinación, satisfacción y desempeño por lo que hacen y fluyen con bastante eficacia-creatividad porque pudieran tener la sensación de que “nacieron para eso”. Este aspecto es fundamental para cualquier área del saber e implica que el individuo escogió lo que le “gusta”, lo que “comprende”, lo que lo “motiva”, lo que lo “realiza”, lo que lo “trasciende”, etc. Como usted puede deducir esto no es la regularidad de todos los individuos de todas las profesiones u oficios en la vida.

§  - Elección (lo más favorable). La elección presupone la escogencia entre varias opciones para ver cuál se torna más favorable para el individuo, y así de manera aproximativa poder tener cierto “éxito” con la carrera en detrimento de otra. Aquí puede  ocurrir que el individuo “acierte” o se “equivoque” dada su falta de vocación personal. Como puede inferirse: gran parte de las personas “elige” lo que va a estudiar… sin vocación, necesariamente. La elección puede implicar una “oportunidad” que se tuvo.

§  - Resolver sus propios problemas (autosanación, autoprogreso, autoanálisis…). No son pocas las personas que eligen, por ejemplo, tanto la psicología como la psiquiatría, como medios para conocerse mejor a sí mismos, explicarse algunos eventos propios de la vida, “curarse” de algunos heridas y “defectos de carácter”, “liberarse” de ciertas frustraciones, angustias o ansiedades”… Y después intentar hacerlo en y con los demás (sus clientes o pacientes).

§  - Moda (auge). Sin duda que hoy día las ciencias humanas y de la salud están en mucho auge (sin descartar las nuevas ciencias tecnológicas e informáticas de la sociedad), dada la cantidad de problemas sociales, graves crisis socioculturales, políticas, ambientales, familiares, etc., que desafían a las modernas sociedades para el desarrollo de programas que procuren o favorezcan la calidad de vida en un mundo violento, trastornado, inequitativo, en constante contradicciones sociopolíticas.

§  - No implican matemáticas. Aunque irrisorio, este parámetro suele ser común, y muchos escogen la psicología y la psiquiatría porque son carreras cuyo desempeño matemático no es prioritario (no es el énfasis como tal), aunque se requieran registrar estadísticas y dar soportes cuantitativos a diversos procesos y eventos del comportamiento humano individual y grupal.

§  - Gusto de la lectura. Puede acontecer que muchos escojan estas ciencias porque constituyen un buen campo de lectura constante que les agrada, ligado a la explicación y descripción del  comportamiento o la conducta humana.

§  - Otras. Que puedan discernirse de la experiencia misma con los profesionales  o los estudiantes. (por exploración, tiempo, una segunda carrera, prestigio, independencia, compensación económica, variedad, intelectualidad, etc.)



 
1. 2 Los psicoterapeutas son personas

No debe olvidar el psicólogo y el psiquiatra que son “personas”; y en este sentido, las personas implican: máscaras, sentimientos, sensaciones, ideas, afectos, actitudes, prejuicios, defectos, pensamientos, intencionalidades, hábitos, contradicciones, conflictos, pecados, equivocaciones… adecuados o inadecuados semejantes a otras personas “comunes” (no profesionales en dicha área). La diferencia está en que los psicoterapeutas son individuos que apostaron por un quehacer, cuya intencionalidad es coadyuvar en las vicisitudes humanas o quizás dar respuestas explicativas a diversos comportamientos humanos todavía no controlables o superables.

Los psicoterapeutas toman malas decisiones o aciertan; afianzan sus vínculos familiares o se divorcian; experimentan satisfacción-alegría o puede deprimirse; pueden tener conquistas o vivenciar frustraciones; pueden ser seres libres o estar esclavizados a agudos conflictos emocionales; pueden valorar la vida o pensar en el suicidio; pueden practicar la fe o desencadenar en un ateísmo o agnosticismo; pueden ser asertivos en sus problemas o necesitar de sustancias para mitigar su penas y dolores; pueden desarrollar estrategias valiosas de asesoría o implementar recursos esotéricos-raros para guiar a otros,  en fin, todo lo que es común a las personas en general.

Aunque es posible que la gente olvide que los psicoterapeutas son también personas, y que no son seres ultraespeciales (sanadores) que curan los problemas psicológicos de las personas, el primero que debe estar sensible a ello es el propio terapeuta; quien no debe olvidar su condición imperfecta como ser humano (que necesita el cambio y la trascendencia), sino que ha apostado con excelente intencionalidad por la ayuda, consejería y servicio a los demás; que en la medida que se conoce y comprende a sí mismo, logra cierta eficacia y sensibilidad frente a los demás.

“He aprendido a vivir manteniendo relaciones terapéuticas cada vez más profundas con un creciente número de clientes. Esto puede ser extremadamente gratificante y, en efecto, lo ha sido. Pero en ciertas ocasiones puede -constituir una fuente de inquietud, cuando una persona con una alteración grave parece pretender de mí más de lo que puedo darle, para satisfacer sus necesidades. Sin duda alguna, el ejercicio de la terapia es algo que requiere un desarrollo personal ininterrumpido por parte del terapeuta; y esto a veces es doloroso, aunque en definitiva resulta siempre satisfactorio.”

Carl Rogers


1. 3 Los psicoterapeutas desarrollan un estilo de vida

La psicología individual aportó el concepto de estilo de vida. Como expresa Wolman[1] (1960): “El estilo de vida es la expresión de la individualidad propia… El estilo de vida representa la unidad de la personalidad expresada en todas las facetas de la vida del individuo: en su consciente e inconsciente, en su pensamiento y sentimiento actuando y reposando, en el sexo y en el interés social.”
Sin embargo el concepto de estilo de vida se ha ampliado, y hoy día puede significar:
- La autoafirmación individual
- La forma de vivir de cada cual
- Las condiciones de vida de una persona
- Las metas y motivaciones propias de cada individuo
- La experiencia cotidiana de la gente
- Otras.

En este orden de ideas, los psicoterapeutas adquieren o estructuran su propio “estilo de vida”, el cual configura su manera habitual de ser y proyectarse en el mundo; tanto psicólogos como psiquiatras adquieren (se supone) una visión del mundo, de las personas, de los eventos sociales. De allí surge la manera como interactúan con sus pacientes, aparte de cómo viven su propia vida. Por ejemplo: el terapeuta puede tener intervenciones entre semana relativamente eficaces o eficientes, pero el fin de semana darse al alcohol, a las drogas u otro tipo de vicios humanos. Lo cual no lo hace exento de consecuencias “negativas” en su propia personalidad (depresión, inmoralidad, ansiedad…). 

No obstante, está conjugación debe resolverse dada las implicaciones éticas, morales y terapéuticas del quehacer psicoterapéutico o psiquiátrico.  Sobra decir que, se espera de los terapeutas cierta notable “congruencia” que permita “autoridad”, “eficacia”, “claridad” a la hora de aconsejar e intervenir en otros.

1. 4 Cada cosa en su lugar

Si bien se desarrolla un estilo de vida, “una forma de ser particular del individuo a la hora de actuar cotidianamente y orientarse hacia los objetivos”, esto no quiere decir que, en la rutina de los psicoterapeutas todo deba tornarse un caos o un “enredo” constante; aquí cabe señalar que las personas suelen componerse de dos ámbitos muy reflexionados y debatidos por grandes pensadores: la diferencia entre lo que se “es” (el ser) y lo que se “tiene” (el tener); en el ámbito del ser caben todas aquellas evidencias de lo que el individuo es como persona (su calidad humana, su formación, sus relaciones interpersonales, sus actitudes y motivaciones, la formación personal…); el segundo aspecto refiere el componente objetivo o material que circunda al sujeto (sus bienes, sus adquisiciones, su estatus, su trabajo…)

Y suele darse en la sociedad una confusión e inversión en ambos aspectos y sentidos. Los psicoterapeutas olvidan que su “ser” (la etiqueta social psicólogo o psiquiatra) implica una serie de acciones y expectativas (imaginarios), que la sociedad espera sean de la mayor ayuda-eficacia posible, dada la afectación profunda y molesta que los problemas psicológicos implican en las personas. Pero esta actividad corresponde a un tiempo laboral, de calidad, cuando se dan las interacciones-intervenciones con los pacientes; es decir, que, no se es psicoterapeuta todas las 24 horas del día porque otros roles: la familia, los amigos, otras lecturas, otros eventos, el esparcimiento, etc., también forman parte de la existencia y merecen atención para un sano equilibrio emocional. Puede ocurrir que muchos se crean los “salvadores” de los demás, y hagan extensivo su rol de psicoterapeuta incluso en la cafetería más humilde de cualquier esquina.

Psicólogos y psiquiatras deben cumplir con su rol exclusivamente dentro de su lapso laboral, si desean evitar la saturación (ansiedad, tensión, angustia, frustración…) que suelen traer tantas vicisitudes y taras humanas, no ajenas al consultorio.



1. 5 Los problemas también lo visitarán a usted

Tener dificultades es muy de humanos. Y los psicoterapeutas tampoco son la excepción; los médicos se enferman; los abogados violan también las leyes; los profesores también tienen que “aprender”; los equilibristas se caen; al mejor panadero se le quema el pan en el horno; hay economistas que van a la quiebra; hay militares que mueren en combate; hay deportistas que sufren graves lesiones… y los psicoterapeutas también sortean problemas humanos de cualquier tipo.

Así que, para una sana mentalidad, relájese, y tenga en cuenta que los problemas de la cotidianidad son inevitables (esto lo recalco en la mayoría de mis libros), forman parte “importante” de la vida, porque indican que algo está funcionando mal; que es necesario cambiar, modificar; que ciertas influencias externas logran hacernos daño; que la vida no es perfecta; que algo debe ser resuelto positivamente; que es necesario aprender constantemente de las distintas experiencias humanas; que los eventos no eran como se pensaban; que no existe en la tierra dicha humana completa, en fin.

Recuerde que sus pacientes acudirán a usted con diversos conflictos, pero usted deberá resolver los suyos propios, con habilidad y sinceridad personal… o con la ayuda de otros.

Un psicoterapeuta “sano” aprende que debe irse “depurando” paulatinamente y con el paso del tiempo, porque comienza a identificar en sí mismo ciertos rasgos y defectos de carácter (acaso malos hábitos y vicios)… que interfieren notoriamente con su óptimo desempeño profesional y estabilidad como persona.


Un caso particular


“Vilma es una profesional en psicología, con estudios de especialización en psicología clínica. La vida cotidiana de Vilma es bastante complicada; cuida sola, sin apoyo familiar real, de su madre desde hace más de cinco años, quien fue operada de su cerebro y quedó mal a raíz de dicha operación. Vilma tiene que lidiar con su madre, quien no tiene un control pleno de su pensamiento, y oscila entre palabras y oraciones repetitivas, aparte de gritos repentinos y esporádicos. Para esta psicóloga dar las tres comidas diarias a su madre en la boca y atender su aseo y demás necesidades es una ardua tarea cotidiana, que la hace sentir estresada, angustiada. Ha comenzado a sentir que no “es” ella verdaderamente y que de un momento a otro pudiera enloquecer. Cuando se dialoga con Vilma inicia su conversación y no para de hablar y hablar como en una ráfaga y verborrea donde se evidencia ansiedad, inconformismo, irritabilidad, incoherencia. Dada su indefensión, pues su familia poco o nada le apoya en la situación, V. manifiesta rasgos “histriónicos” para manipular las situaciones y quizás obtener ayuda de los demás. Teatraliza, dramatiza las situaciones y todo cuanto le sucede en interacción con su progenitora, incluso otras personas. V. comprende “intelectualmente” lo que le ocurre por la situación y dinámica familiar con su madre, y sabe que precisa de ciertas decisiones y cambios favorables para ambas; también por su propia salud mental, pero no considera que otro colega o ayuda terapéutica pudieran favorecerle en dicha situación.”



[1] Wolman, Benjamín. Teorías y Sistemas Contemporáneos en Psicología. Martínez Roca. España,  1973.

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