“Todos
los individuos sólo acostumbran a considerar las cosas que son útiles a sus
puntos de vista y a sus actitudes. En otras palabras, se hace consciente lo que
nos favorece, y permanece inconsciente lo que pudiera perturbar nuestra
argumentación.”
Alfred Adler
1. 1
La “vocación” de los psicoterapeutas
Algo
muy importante a tener en cuenta, y que sirve como un balance o autoanálisis
frente a la opción profesional de vida que se tomó, es
la pregunta: ¿Por qué se eligió la psicología, la psiquiatría o alguna otra ciencia
humana, incluso de la salud como la profesión, oficio o quehacer? Y aquí surgen
varias posibilidades. Millares de individuos realizan la elección de estas
carreras por:
§
- Vocación
(llamado). Este es el caso afortunado, ideal, deseable. Aquí los
psicoterapeutas “sienten” un fuerte apego, inclinación, satisfacción y
desempeño por lo que hacen y fluyen con bastante eficacia-creatividad porque
pudieran tener la sensación de que “nacieron para eso”. Este aspecto es
fundamental para cualquier área del saber e implica que el individuo escogió lo
que le “gusta”, lo que “comprende”, lo que lo “motiva”, lo que lo “realiza”, lo
que lo “trasciende”, etc. Como usted puede deducir esto no es la regularidad de
todos los individuos de todas las profesiones u oficios en la vida.
§ - Elección (lo
más favorable). La elección presupone la escogencia entre varias opciones para
ver cuál se torna más favorable para el individuo, y así de manera aproximativa
poder tener cierto “éxito” con la carrera en detrimento de otra. Aquí
puede ocurrir que el individuo “acierte”
o se “equivoque” dada su falta de vocación personal. Como puede inferirse: gran
parte de las personas “elige” lo que va a estudiar… sin vocación,
necesariamente. La elección puede implicar una “oportunidad” que se tuvo.
§ - Resolver
sus propios problemas (autosanación, autoprogreso,
autoanálisis…). No son pocas las personas que eligen, por ejemplo, tanto la
psicología como la psiquiatría, como medios para conocerse mejor a sí mismos,
explicarse algunos eventos propios de la vida, “curarse” de algunos heridas y
“defectos de carácter”, “liberarse” de ciertas frustraciones, angustias o
ansiedades”… Y después intentar hacerlo en y con los demás (sus clientes o
pacientes).
§ - Moda (auge).
Sin duda que hoy día las ciencias humanas y de la salud están en mucho auge (sin
descartar las nuevas ciencias tecnológicas e informáticas de la sociedad), dada
la cantidad de problemas sociales, graves crisis socioculturales, políticas,
ambientales, familiares, etc., que desafían a las modernas sociedades para el
desarrollo de programas que procuren o favorezcan la calidad de vida en un
mundo violento, trastornado, inequitativo, en constante contradicciones
sociopolíticas.
§ - No
implican matemáticas. Aunque irrisorio, este parámetro suele
ser común, y muchos escogen la psicología y la psiquiatría porque son carreras
cuyo desempeño matemático no es prioritario (no es el énfasis como tal), aunque
se requieran registrar estadísticas y dar soportes cuantitativos a diversos
procesos y eventos del comportamiento humano individual y grupal.
§ - Gusto
de la lectura. Puede acontecer que muchos escojan estas
ciencias porque constituyen un buen campo de lectura constante que les agrada,
ligado a la explicación y descripción del
comportamiento o la conducta humana.
§ - Otras. Que
puedan discernirse de la experiencia misma con los profesionales o los estudiantes. (por exploración, tiempo,
una segunda carrera, prestigio, independencia, compensación económica,
variedad, intelectualidad, etc.)
1.
2 Los psicoterapeutas son personas
No debe olvidar el psicólogo y
el psiquiatra que son “personas”; y en este sentido, las personas implican: máscaras, sentimientos, sensaciones,
ideas, afectos, actitudes, prejuicios, defectos, pensamientos,
intencionalidades, hábitos, contradicciones, conflictos, pecados, equivocaciones…
adecuados o inadecuados semejantes a otras personas “comunes” (no profesionales
en dicha área). La diferencia está en que los psicoterapeutas son individuos
que apostaron por un quehacer, cuya intencionalidad es coadyuvar en las
vicisitudes humanas o quizás dar respuestas explicativas a diversos
comportamientos humanos todavía no controlables o superables.
Los psicoterapeutas toman
malas decisiones o aciertan; afianzan sus vínculos familiares o se divorcian;
experimentan satisfacción-alegría o puede deprimirse; pueden tener conquistas o
vivenciar frustraciones; pueden ser seres libres o estar esclavizados a agudos
conflictos emocionales; pueden valorar la vida o pensar en el suicidio; pueden
practicar la fe o desencadenar en un ateísmo o agnosticismo; pueden ser
asertivos en sus problemas o necesitar de sustancias para mitigar su penas y
dolores; pueden desarrollar estrategias valiosas de asesoría o implementar
recursos esotéricos-raros para guiar a otros, en fin, todo lo que es común a las personas en
general.
Aunque es posible que la gente
olvide que los psicoterapeutas son también personas, y que no son seres
ultraespeciales (sanadores) que curan los problemas psicológicos de las
personas, el primero que debe estar sensible a ello es el propio terapeuta;
quien no debe olvidar su condición imperfecta
como ser humano (que necesita el cambio y la trascendencia), sino que ha
apostado con excelente intencionalidad por la ayuda, consejería y servicio a
los demás; que en la medida que se conoce
y comprende a sí mismo, logra cierta
eficacia y sensibilidad frente a los demás.
“He aprendido a
vivir manteniendo relaciones terapéuticas cada vez más profundas con un
creciente número de clientes. Esto puede ser extremadamente gratificante y, en
efecto, lo ha sido. Pero en ciertas ocasiones puede -constituir una fuente de
inquietud, cuando una persona con una alteración grave parece pretender de mí
más de lo que puedo darle, para satisfacer sus necesidades. Sin duda alguna, el
ejercicio de la terapia es algo que requiere un desarrollo personal
ininterrumpido por parte del terapeuta; y esto a veces es doloroso, aunque en
definitiva resulta siempre satisfactorio.”
Carl Rogers
1. 3 Los psicoterapeutas desarrollan un
estilo de vida
La
psicología individual aportó el concepto de estilo de vida. Como expresa Wolman[1] (1960): “El estilo de vida
es la expresión de la individualidad propia… El estilo de vida representa la
unidad de la personalidad expresada en todas las facetas de la vida del
individuo: en su consciente e inconsciente, en su pensamiento y sentimiento
actuando y reposando, en el sexo y en el interés social.”
Sin
embargo el concepto de estilo de vida se ha ampliado, y hoy día puede
significar:
-
La autoafirmación individual
- La forma de vivir de cada cual
- Las condiciones de vida de
una persona
- Las metas y motivaciones propias
de cada individuo
- La experiencia cotidiana de
la gente
- Otras.
En este orden de ideas, los
psicoterapeutas adquieren o estructuran su propio “estilo de vida”, el cual
configura su manera habitual de ser y proyectarse en el mundo; tanto psicólogos
como psiquiatras adquieren (se supone) una visión del mundo, de las personas,
de los eventos sociales. De allí surge la manera como interactúan con sus
pacientes, aparte de cómo viven su propia vida. Por ejemplo: el terapeuta puede
tener intervenciones entre semana relativamente eficaces o eficientes, pero el
fin de semana darse al alcohol, a las drogas u otro tipo de vicios humanos. Lo
cual no lo hace exento de consecuencias “negativas” en su propia personalidad
(depresión, inmoralidad, ansiedad…).
No obstante, está conjugación debe
resolverse dada las implicaciones éticas, morales y terapéuticas del quehacer
psicoterapéutico o psiquiátrico. Sobra
decir que, se espera de los terapeutas cierta notable “congruencia” que permita
“autoridad”, “eficacia”, “claridad” a la hora de aconsejar e intervenir en
otros.
1.
4 Cada cosa en su lugar
Si bien se desarrolla un
estilo de vida, “una forma de ser particular del individuo a la hora de actuar
cotidianamente y orientarse hacia los objetivos”, esto no quiere decir que, en
la rutina de los psicoterapeutas todo deba tornarse un caos o un “enredo”
constante; aquí cabe señalar que las personas suelen componerse de dos ámbitos
muy reflexionados y debatidos por grandes pensadores: la diferencia entre lo
que se “es” (el ser) y lo que se “tiene” (el tener); en el ámbito del ser caben
todas aquellas evidencias de lo que el individuo es como persona (su calidad humana, su formación, sus relaciones
interpersonales, sus actitudes y motivaciones, la formación personal…); el
segundo aspecto refiere el componente objetivo o material que circunda al
sujeto (sus bienes, sus adquisiciones, su estatus, su trabajo…)
Y suele darse en la sociedad
una confusión e inversión en ambos aspectos y sentidos. Los psicoterapeutas
olvidan que su “ser” (la etiqueta
social psicólogo o psiquiatra) implica una serie de acciones y expectativas
(imaginarios), que la sociedad espera sean de la mayor ayuda-eficacia posible,
dada la afectación profunda y molesta que los problemas psicológicos implican
en las personas. Pero esta actividad corresponde a un tiempo laboral, de
calidad, cuando se dan las interacciones-intervenciones con los pacientes; es
decir, que, no se es psicoterapeuta todas las 24 horas del día porque otros
roles: la familia, los amigos, otras lecturas, otros eventos, el esparcimiento,
etc., también forman parte de la existencia y merecen atención para un sano
equilibrio emocional. Puede ocurrir que muchos se crean los “salvadores” de los
demás, y hagan extensivo su rol de psicoterapeuta incluso en la cafetería más
humilde de cualquier esquina.
Psicólogos y psiquiatras deben
cumplir con su rol exclusivamente dentro de su lapso laboral, si desean evitar
la saturación (ansiedad, tensión, angustia, frustración…) que suelen traer
tantas vicisitudes y taras humanas, no ajenas al consultorio.
1.
5 Los problemas también lo visitarán a usted
Tener dificultades es muy de
humanos. Y los psicoterapeutas tampoco son la excepción; los médicos se
enferman; los abogados violan también las leyes; los profesores también tienen
que “aprender”; los equilibristas se caen; al mejor panadero se le quema el pan
en el horno; hay economistas que van a la quiebra; hay militares que mueren en
combate; hay deportistas que sufren graves lesiones… y los psicoterapeutas
también sortean problemas humanos de cualquier tipo.
Así que, para una sana
mentalidad, relájese, y tenga en cuenta que los problemas de la cotidianidad
son inevitables (esto lo recalco en la mayoría de mis libros), forman parte
“importante” de la vida, porque indican que algo está funcionando mal; que es
necesario cambiar, modificar; que ciertas influencias externas logran hacernos
daño; que la vida no es perfecta; que algo debe ser resuelto positivamente; que
es necesario aprender constantemente de las distintas experiencias humanas; que
los eventos no eran como se pensaban; que no existe en la tierra dicha humana
completa, en fin.
Recuerde que sus pacientes
acudirán a usted con diversos conflictos, pero usted deberá resolver los suyos
propios, con habilidad y sinceridad personal… o con la ayuda de otros.
Un psicoterapeuta “sano”
aprende que debe irse “depurando” paulatinamente y con el paso del tiempo,
porque comienza a identificar en sí mismo ciertos rasgos y defectos de carácter
(acaso malos hábitos y vicios)… que interfieren notoriamente con su óptimo
desempeño profesional y estabilidad como persona.
Un caso
particular
“Vilma
es una profesional en psicología, con estudios de especialización en psicología
clínica. La vida cotidiana de Vilma es bastante complicada; cuida sola, sin
apoyo familiar real, de su madre desde hace más de cinco años, quien fue
operada de su cerebro y quedó mal a raíz de dicha operación. Vilma tiene que
lidiar con su madre, quien no tiene un control pleno de su pensamiento, y
oscila entre palabras y oraciones repetitivas, aparte de gritos repentinos y
esporádicos. Para esta psicóloga dar las tres comidas diarias a su madre en la
boca y atender su aseo y demás necesidades es una ardua tarea cotidiana, que la
hace sentir estresada, angustiada. Ha comenzado a sentir que no “es” ella
verdaderamente y que de un momento a otro pudiera enloquecer. Cuando se dialoga
con Vilma inicia su conversación y no para de hablar y hablar como en una
ráfaga y verborrea donde se evidencia ansiedad, inconformismo, irritabilidad,
incoherencia. Dada su indefensión, pues su familia poco o nada le apoya en la
situación, V. manifiesta rasgos “histriónicos” para manipular las situaciones y
quizás obtener ayuda de los demás. Teatraliza, dramatiza las situaciones y todo
cuanto le sucede en interacción con su progenitora, incluso otras personas. V.
comprende “intelectualmente” lo que le ocurre por la situación y dinámica
familiar con su madre, y sabe que precisa de ciertas decisiones y cambios
favorables para ambas; también por su propia salud mental, pero no considera
que otro colega o ayuda terapéutica pudieran favorecerle en dicha situación.”


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