lunes, 14 de diciembre de 2015

20. ÁREAS PARA EL CAMBIO



“Puede decirse que la psicoterapia se realiza de siete maneras principales: 1) por expresión (completar un acto, liberar, la catarsis); 2) por gratificación de las necesidades básicas (apoyar, reafirmar, proteger, amar, respetar); 3) mediante la supresión de la amenaza (protección, buenas condiciones sociales, políticas y económicas); 4) por un insight, conocimiento y comprensión mejores; 5) por sugestión o autoridad; 6) abordando directamente los síntomas, como sucede en diversas terapias de conducta; 7) por la autorrealización plena, el enriquecimiento o el crecimiento personal. Para fines más generales de la teoría de la personalidad, lo anterior constituye un listado de las diversas maneras en que la personalidad cambia según la dirección sancionada cultural y psiquiátricamente.”
Abraham Maslow


20. 1 Este asunto “puntilloso” del cambio

Ya habíamos tocado ciertos aspectos en el capítulo del cambio. Creo que el cambio es el eje central en todos los procesos de comportamiento y mejoramiento humanos. Si bien la psicología privilegia otros procesos humanos como el aprendizaje, la motivación, la inteligencia, las actitudes, entre otros, la verdad es que el “cambio” como modificación personal, a veces se confunde, se difumina como una necesidad real de todo individuo. De hecho, el individuo perturbado requiere cambio, cura, sanidad. El sujeto trastornado requiere equilibrio emocional, mental. En este sentido el cambio es un evento “puntilloso”, porque sabido es, que en un primer momento el paciente no necesariamente contempla la posibilidad  de cambiar. Siempre se desearía tener la posibilidad y la autorización de seguir funcionando con ciertas taras, pero de forma no tan gravosa. Y los psicoterapeutas, repetimos incesantemente, precisan del cambio, como una criba valiosa para sus relaciones terapéuticas o el discernimiento frente a lo que le sucede a sus consultantes. Ahora bien “Yo, todo un terapeuta ¿necesito cambiar?”, Pues la respuesta es afirmativa, y usted ha visto la diversidad de casos anómalos ejemplificados aquí en este libro (Y que son innumerables en la cotidianidad) al final de cada capítulo de cómo los psicoterapeutas se meten en terribles problemas cuando “descuidan” su cambio personal y mejoramiento individual. Creen que esto deviene por la lectura exhaustiva de teorías o la etiqueta social-profesional que han obtenido.


20. 2 El cambio no es sólo para los pacientes

Considero, pues, que a estas alturas usted y yo admitimos que el cambio no es solo para los consultantes, sino un proceso de depuración, modificación y enriquecimiento personal que inicia con nosotros mismos. No podemos dar a otro de lo que no tenemos o aparentar lo que no somos. Tarde o temprano cae la máscara que encubre nuestra necesidad de cambio individual. El cambio nos puede favorecer de esta manera:
- El cambio permite aceptar, reconocer la realidad de lo que uno es.
- El cambio evidencia la imperfección personal y motiva la sana perfección paulatina del carácter y la personalidad.
- El cambio inicia el camino de liberación personal.
- El cambio da sensibilidad, responsabilidad y autoridad frente a los problemas de los demás.
- El cambio es doloroso para madurar para la vida en general.
- El cambio no puede ser superficial, sino un compromiso profundo consigo mismo y la sociedad en general.
- El cambio brinda calidad humana al psicoterapeuta.
- El cambio dignifica la profesión y la depura de tanto mal testimonio profesional.
- El cambio desarrolla el insight en cualquier campo del comportamiento humano.
- El cambio produce humildad en la naturaleza humana, imperfecta, desvalida, confundida, conflictiva, altiva…
- El cambio motiva el mejoramiento en todos los procesos humanos (sociales, políticos, culturales, espirituales, artísticos, intelectuales…)
- Etc.


20. 3 Los obstáculos comunes para el cambio personal

Como el cambio “no es fácil” para ningún ser humano, especializado o no, culto o inculto, porque implica la “renuncia” de los malos hábitos, costumbres “raras”, creencias erróneas, actitudes negativas, desajustes personales, “pecados”, desmotivaciones, resistencias, mecanismos de defensa, entre otros, obstáculos comunes por superar también como psicoterapeutas son:
- El desmesurado orgullo de sí mismo.
- La intelectualidad, ciega a otras razones y modos de comprender la existencia.
- Los propios rasgos conflictivos evidentes en las distintas relaciones interpersonales.
- La tendencia religiosa de la existencia (creencias intolerantes, inflexibles, sesgadas, prejuiciosas…)
- Autoestima deficiente (baja, afectada, herida, exagerada, egocéntrica…)
- Rencores, resentimientos, amarguras, odios (que dañan el equilibrio emocional y la paz mental del individuo)
- Falta de perdón (ante todo lo anterior; desavenencias, venganzas, iras, desprecios…)
- Pensamiento negativo (la negativa a que todo, absolutamente todo no pueda ser de otra manera…)
- Falta de sana espiritualidad  (soporte esencial y trascendental del espíritu humano…)
- Celos profesionales (comparaciones con otros profesionales, envidias, estilos de vida…)
- Apegos exclusivamente “materiales” de la vida (la profesión como mero lucro…)
- Conformismo (falta de creatividad, actualización, innovación, crecimiento…)
- La influencia negativa de otras personas.
- Otras que afecten la renovación personal de los psicoterapeutas.



20. 4 Las autoresistencias personales

Como existen obstáculos diversos para el cambio, el psicoterapeuta cuenta con sus propias autoresistencias; todas aquellas ideas, pensamientos, afectos, convicciones, prejuicios, aseveraciones, actitudes, actos, que no dan cabida al reconocimiento de su actuar erróneo o conflictivo. Recuerde que, por más que se lleve la etiqueta de psicólogo, psiquiatra o terapeuta, ello no implica que el profesional se torne inmune a la fatalidad humana, por una parte, y a los propios conflictos y crisis personales, por la otra. Usted debe vencer el hecho de creer:
- Que es el único poseedor de la verdad psicológica o psiquiátrica sobre la conducta humana.
- Que a usted la carrera lo ha inmunizado contra los problemas cotidianos y las relaciones interpersonales.
- Que la perfección lo alcanzó a usted el primero.
- Que su corriente teórica es la correcta, certera, absoluta y verdadera.
- Que usted se encuentra con respecto al comportamiento humano “por encima del bien y del mal”.
- Que usted con una sonrisa positiva, una actitud adecuada o un mantra, solucionará sus crisis personales más profundas.
- Que la “espiritualidad” (ayuda de Dios) no es compatible con el conocimiento psicológico humano.
- Que no existe otro psicoterapeuta como usted.
- Que sus defectos de carácter son normales.
- Que su estilo de vida es el adecuado y perfecto para que los demás lo imiten.
- Que usted considera que “debe escuchar a los demás”, pero nadie “tiene que escucharlo a usted… porque siente que todo en su vida está bien o marcha perfecto”.
- Otras que puedan identificarse de la autoobservación personal.



“La mayor parte de las personas que van a ver a un psiquiatra sufren de lo que se llama una neurosis o un trastorno de carácter. Para decirlo en términos sencillos, estas dos afecciones son trastornos de responsabilidad y como tales, son dos modelos opuestos de estar en relación con el mundo con sus problemas. El neurótico asume demasiada responsabilidad; la persona que presenta trastornos de carácter no la asume lo suficiente. Cuando los neuróticos se encuentran en un conflicto con el mundo, automáticamente piensan que ellos mismos  tienen la culpa de la situación; cuando los que sufren desórdenes de carácter están en conflicto con el mundo, automáticamente consideran que el mundo tiene la culpa… pocos de nosotros escapamos de ser neuróticos o de padecer trastornos de carácter.”
Scott  Peck


20. 5 No cambiar: una bomba por estallar

Así que, no cambiar es una bomba de tiempo por estallar. Psicoterapeutas que se resisten a dejar la lujuria, la pornografía, los malos negocios, la agresividad-hostilidad, la conflictividad, las neurosis, ciertos rasgos de trastornos de la personalidad, la ansiedad sin control, el empecinamiento, el orgullo, la indecisión-indisciplina, el alcoholismo, el tabaquismo, el uso de drogas, los problemas de identidad sexual, la avaricia, mal carácter, entre otras “falencias” humanas, de un momento a otro reventarán con consecuencias para su propia vida personal-profesional, así como también dificultades con otras personas (pacientes, instituciones, la justicia…). Usted ya lo ha leído mediante los casos referenciados aquí: la tragedia del no cambio y de la no renovación personal de los psicoterapeutas en general, donde desencadenan. De modo que, no se trata o no tratan las ciencias del comportamiento humano la mera etiquetación-clasificación-percepción de los trastornos y síntomas perturbados del comportamiento en la realidad de las personas, sino en lograr el cambio y la calidad humana en el individuo, quienquiera que él sea.


Un caso particular



“Rayman es un médico psiquiatra que trabaja en una entidad prestadora de servicios de salud, financiada por el Estado en cuanto a los subsidios para los pacientes o consultantes. La justicia descubrió que R., venía defraudando los ingresos del estado, de los subsidios, creando incapacidades ficticias por cobrar. Es decir que se producía un lucro por cada incapacidad inexistente, por cada certificado médico expedido irregularmente. La defraudación se estima alcanzó varios millones de dólares. R., espera pronta sentencia judicial. Como referenció un  miembro del ente acusador: “Lo sigo diciendo. Es triste y lamentable que personas como el doctor R., con su propio consultorio tengan que recurrir a violar la ley para echarse dinero al bolsillo de forma fraudulenta e ilegal. Más triste aun en este caso cuando la prueba fue solida y contundente y pudimos demostrar que hubo tres formas diferentes, información médica falsa, probada con audio y video por unos míseros $900″.”

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