“Puede
decirse que la psicoterapia se realiza de siete maneras principales: 1) por
expresión (completar un acto, liberar, la catarsis); 2) por gratificación de
las necesidades básicas (apoyar, reafirmar, proteger, amar, respetar); 3)
mediante la supresión de la amenaza (protección, buenas condiciones sociales,
políticas y económicas); 4) por un insight, conocimiento y comprensión mejores;
5) por sugestión o autoridad; 6) abordando directamente los síntomas, como sucede
en diversas terapias de conducta; 7) por la autorrealización plena, el
enriquecimiento o el crecimiento personal. Para fines más generales de la
teoría de la personalidad, lo anterior constituye un listado de las diversas
maneras en que la personalidad cambia según la dirección sancionada cultural y
psiquiátricamente.”
Abraham
Maslow
20. 1 Este asunto “puntilloso” del cambio
Ya
habíamos tocado ciertos aspectos en el capítulo del cambio. Creo que el cambio
es el eje central en todos los procesos de comportamiento y mejoramiento
humanos. Si bien la psicología privilegia otros procesos humanos como el
aprendizaje, la motivación, la inteligencia, las actitudes, entre otros, la
verdad es que el “cambio” como modificación personal, a veces se confunde, se difumina
como una necesidad real de todo individuo. De hecho, el individuo perturbado
requiere cambio, cura, sanidad. El sujeto trastornado requiere equilibrio
emocional, mental. En este sentido el cambio es un evento “puntilloso”, porque
sabido es, que en un primer momento el paciente no necesariamente contempla la
posibilidad de cambiar. Siempre se
desearía tener la posibilidad y la autorización de seguir funcionando con
ciertas taras, pero de forma no tan gravosa. Y los psicoterapeutas, repetimos
incesantemente, precisan del cambio, como una criba valiosa para sus relaciones
terapéuticas o el discernimiento frente a lo que le sucede a sus consultantes.
Ahora bien “Yo, todo un terapeuta ¿necesito cambiar?”, Pues la respuesta es
afirmativa, y usted ha visto la diversidad de casos anómalos ejemplificados
aquí en este libro (Y que son innumerables en la cotidianidad) al final de cada
capítulo de cómo los psicoterapeutas se meten en terribles problemas cuando
“descuidan” su cambio personal y mejoramiento individual. Creen que esto
deviene por la lectura exhaustiva de teorías o la etiqueta social-profesional
que han obtenido.
20. 2 El cambio no es sólo para los
pacientes
Considero,
pues, que a estas alturas usted y yo admitimos que el cambio no es solo para
los consultantes, sino un proceso de depuración, modificación y enriquecimiento
personal que inicia con nosotros mismos. No podemos dar a otro de lo que no
tenemos o aparentar lo que no somos. Tarde o temprano cae la máscara que
encubre nuestra necesidad de cambio individual. El cambio nos puede favorecer
de esta manera:
- El cambio permite
aceptar, reconocer la realidad de lo que uno es.
- El cambio evidencia
la imperfección personal y motiva la sana perfección paulatina del carácter y
la personalidad.
- El cambio inicia el
camino de liberación personal.
- El cambio da
sensibilidad, responsabilidad y autoridad frente a los problemas de los demás.
- El cambio es doloroso
para madurar para la vida en general.
- El cambio no puede
ser superficial, sino un compromiso profundo consigo mismo y la sociedad en
general.
- El cambio brinda
calidad humana al psicoterapeuta.
- El cambio dignifica
la profesión y la depura de tanto mal testimonio profesional.
- El cambio desarrolla
el insight en cualquier campo del comportamiento humano.
- El cambio produce
humildad en la naturaleza humana, imperfecta, desvalida, confundida,
conflictiva, altiva…
- El cambio motiva el
mejoramiento en todos los procesos humanos (sociales, políticos, culturales,
espirituales, artísticos, intelectuales…)
- Etc.
20. 3 Los obstáculos comunes para el
cambio personal
Como
el cambio “no es fácil” para ningún ser humano, especializado o no, culto o
inculto, porque implica la “renuncia” de los malos hábitos, costumbres “raras”,
creencias erróneas, actitudes negativas, desajustes personales, “pecados”, desmotivaciones,
resistencias, mecanismos de defensa, entre otros, obstáculos comunes por
superar también como psicoterapeutas son:
- El
desmesurado orgullo de sí mismo.
- La
intelectualidad, ciega a otras razones y modos de comprender la existencia.
- Los
propios rasgos conflictivos evidentes en las distintas relaciones
interpersonales.
- La tendencia
religiosa de la existencia (creencias intolerantes, inflexibles, sesgadas,
prejuiciosas…)
-
Autoestima deficiente (baja, afectada, herida, exagerada, egocéntrica…)
-
Rencores, resentimientos, amarguras, odios (que dañan el equilibrio emocional y
la paz mental del individuo)
-
Falta de perdón (ante todo lo anterior; desavenencias, venganzas, iras,
desprecios…)
-
Pensamiento negativo (la negativa a que todo, absolutamente todo no pueda ser
de otra manera…)
-
Falta de sana espiritualidad (soporte
esencial y trascendental del espíritu humano…)
-
Celos profesionales (comparaciones con otros profesionales, envidias, estilos
de vida…)
- Apegos
exclusivamente “materiales” de la vida (la profesión como mero lucro…)
-
Conformismo (falta de creatividad, actualización, innovación, crecimiento…)
- La
influencia negativa de otras personas.
-
Otras que afecten la renovación personal de los psicoterapeutas.
20. 4 Las autoresistencias personales
Como
existen obstáculos diversos para el cambio, el psicoterapeuta cuenta con sus
propias autoresistencias; todas
aquellas ideas, pensamientos, afectos, convicciones, prejuicios, aseveraciones,
actitudes, actos, que no dan cabida al reconocimiento de su actuar erróneo o
conflictivo. Recuerde que, por más que se lleve la etiqueta de psicólogo,
psiquiatra o terapeuta, ello no implica que el profesional se torne inmune a la fatalidad humana, por una
parte, y a los propios conflictos y crisis personales, por la otra. Usted debe
vencer el hecho de creer:
- Que
es el único poseedor de la verdad psicológica o psiquiátrica sobre la conducta
humana.
- Que
a usted la carrera lo ha inmunizado contra los problemas cotidianos y las
relaciones interpersonales.
- Que
la perfección lo alcanzó a usted el primero.
- Que
su corriente teórica es la correcta, certera, absoluta y verdadera.
- Que
usted se encuentra con respecto al comportamiento humano “por encima del bien y
del mal”.
- Que
usted con una sonrisa positiva, una actitud adecuada o un mantra, solucionará
sus crisis personales más profundas.
- Que
la “espiritualidad” (ayuda de Dios) no es compatible con el conocimiento
psicológico humano.
- Que
no existe otro psicoterapeuta como usted.
- Que
sus defectos de carácter son normales.
- Que
su estilo de vida es el adecuado y perfecto para que los demás lo imiten.
- Que
usted considera que “debe escuchar a los demás”, pero nadie “tiene que
escucharlo a usted… porque siente que todo en su vida está bien o marcha
perfecto”.
- Otras
que puedan identificarse de la autoobservación personal.
“La mayor
parte de las personas que van a ver a un psiquiatra sufren de lo que se llama
una neurosis o un trastorno de carácter. Para decirlo en términos sencillos,
estas dos afecciones son trastornos de responsabilidad y como tales, son dos
modelos opuestos de estar en relación con el mundo con sus problemas. El
neurótico asume demasiada responsabilidad; la persona que presenta trastornos
de carácter no la asume lo suficiente. Cuando los neuróticos se encuentran en
un conflicto con el mundo, automáticamente piensan que ellos mismos tienen la culpa de la situación; cuando los
que sufren desórdenes de carácter están en conflicto con el mundo,
automáticamente consideran que el mundo tiene la culpa… pocos de nosotros
escapamos de ser neuróticos o de padecer trastornos de carácter.”
Scott
Peck
20. 5 No cambiar: una bomba por estallar
Así
que, no cambiar es una bomba de
tiempo por estallar. Psicoterapeutas que se resisten a dejar la lujuria, la
pornografía, los malos negocios, la agresividad-hostilidad, la conflictividad,
las neurosis, ciertos rasgos de trastornos de la personalidad, la ansiedad sin
control, el empecinamiento, el orgullo, la indecisión-indisciplina, el
alcoholismo, el tabaquismo, el uso de drogas, los problemas de identidad
sexual, la avaricia, mal carácter, entre otras “falencias” humanas, de un
momento a otro reventarán con consecuencias para su propia vida personal-profesional,
así como también dificultades con otras personas (pacientes, instituciones, la
justicia…). Usted ya lo ha leído mediante los casos referenciados aquí: la
tragedia del no cambio y de la no renovación personal de los psicoterapeutas en
general, donde desencadenan. De modo que, no se trata o no tratan las ciencias
del comportamiento humano la mera etiquetación-clasificación-percepción de los
trastornos y síntomas perturbados del comportamiento en la realidad de las
personas, sino en lograr el cambio y la calidad humana en el individuo,
quienquiera que él sea.
Un caso particular
“Rayman es un médico psiquiatra que
trabaja en una entidad prestadora de servicios de salud, financiada por el
Estado en cuanto a los subsidios para los pacientes o consultantes. La justicia
descubrió que R., venía defraudando los ingresos del estado, de los subsidios,
creando incapacidades ficticias por cobrar. Es decir que se producía un lucro
por cada incapacidad inexistente, por cada certificado médico expedido irregularmente.
La defraudación se estima alcanzó varios millones de dólares. R., espera pronta
sentencia judicial. Como referenció un
miembro del ente acusador: “Lo sigo
diciendo. Es triste y lamentable que personas como el doctor R., con su propio
consultorio tengan que recurrir a violar la ley para echarse dinero al bolsillo
de forma fraudulenta e ilegal. Más triste aun en este caso cuando la prueba fue
solida y contundente y pudimos demostrar que hubo tres formas diferentes,
información médica falsa, probada con audio y video por unos míseros $900″.”



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