viernes, 11 de diciembre de 2015

10. ¿ME EQUIVOQUÉ DE ELECCIÓN?



“Un estudio reciente de Walfish, Polifka y Stenmark (1985) ha demostrado que casi la mitad de los psicólogos que ejercen desde hace más de diez años, no volverían a elegir esta profesión. Es evidente que muchos que la siguen terminan por descubrir que no son aptos para su práctica. Para algunos, el motivo de semejante elección fueron los muchos beneficios y satisfacciones relacionados con ella. Sin embargo, es posible que estas personas nunca hayan poseído las características personales necesarias para ejercer una labor psicoterapéutica eficaz y prestigiosa. En estos casos empiezan a manifestarse la desilusión y la insatisfacción, motivando finalmente un cambio de profesión, o la resignación a la desilusiones de la ya elegida.”
James D. Guy


10. 1 Retomando el asunto de la vocación

No son pocos los profesionales de las diversas áreas del saber que han estudiado o cursado una carrera “como por tener algo”. Sin haber podido identificar sus potenciales o talentos intelectuales específicos cursan la carrera y todo pareciera llegar hasta allí. Sin embargo, algunos son afortunados y la carrera sirve como un formalismo o prerrequisito para hacer algo o dedicarse a otra labor, como ha ocurrido con diversas figuras reconocidas de la cultura, la farándula o los medios de comunicación, incluso la industria. En realidad, esto no es un problema en sí; cada cual decide estudiar lo que estime conveniente, tenga o no la vocación para comprender dicho campo del saber, sus alcances y las necesidades socioculturales en torno del mismo (como cuando un político tiene en su mentalidad: robar y “enriquecerse” cuando tenga la oportunidad política…). No obstante, y en casos afortunados, algunos le toman amor a la profesión “en el camino” y resultan excelentes profesionales de la salud mental, con vocación, compromiso y entusiasmo por su quehacer profesional.


10. 2 Pasión por el servicio y la intervención-asesoría

Interactuar con otros; escucharles en sus fatalidades, complejos o desgracias; pensar en estrategias de intervención favorables; mantener un tiempo de interrelación terapéutica prudente; servir con agrado; registrar los casos o procesos terapéuticos; compartir con otros colegas; retroalimentar los casos o descartar posibilidades; adquirir nuevos cimientos teórico-prácticos; enseñar a otros, entre otras acciones, representan la pasión de los psicoterapeutas por aquello que han elegido: el lado perturbado mentalmente de la raza humana.


10. 3 Evitar hacer daño a los pacientes

¿Cómo se trata a los pacientes? ¿Cuál es la disposición o actitud hacia ellos? ¿Importa el tipo de dificultad que tienen? ¿Se comprende que el paciente es un “prójimo”? ¿Se desee hacerles el bien o cumplir con la “cita”, “entrevista”, “valoración”?  ¿Son los pacientes elementos meramente estadísticos de cara a la investigación? ¿Cuál es la posición como terapeuta: observador, investigador, académico, etiquetador o consejero?... preguntas y preguntas que los psicoterapeutas deben tener en cuenta para depurar su intervención, su asesoría o consejería, y desarrollar mayor calidad humana a la hora de interactuar con sus pacientes. No en vano, algunos pacientes a lo largo de la práctica psicológica se han quejado: “esa señora estaba más loca que yo”, “ese señor me miraba como si fuera yo un bicho raro”, “ese psicólogo hablaba y no se le entendía nada”, “ese terapeuta me dijo que todo estaba bien y no me explicó nada de lo que me ocurría”, “aquel me estaba coqueteando en realidad”, “ese terapeuta nos robó y estafó, tuvimos que demandarlo”… En fin, de todo aquello que se ha testificado negativamente de la profesión psicoterapéutica, y que más que validarnos, legitimarnos, ha hecho que la consultoría sea muy específica, no tan masiva, como un buen porcentaje de la población podría requerir ayuda psicológica o psiquiátrica.


10. 4 No es fácil ser psicoterapeuta

¿Quién dijo que era fácil operar como psicoterapeuta o profesional de la salud mental? A veces ni se sabe con qué entidades se está operando, cómo proceder en los casos de depresiones graves, en trastornos de la personalidad muy manifiestos, con fobias, temores y angustias fuera de control…o la locura esquizofrénica, psicótica, por mencionar algunos de los desafíos de la mente humana perturbada. Uno confía en que lo teórico, la experiencia de cada día traigan elementos estratégicos y eficaces en intervención; y a veces no es lo más común que ocurra. El comportamiento humano es una variable bastante caprichosa. Las variables independientes siempre hacen de las suyas. Los psicoterapeutas son profesionales cuya credibilidad no es la mayor ni la mejor, dada la ineficacia en su influencia para el cambio personal de otros. Pero se trata de hacer lo mejor posible por dar la dinámica estratégica positiva para la “curación” del paciente. Los clásicos de la psicología cuentan en sus haberes con fracasos psicoterapéuticos, vacíos teóricos y crisis personales profundas… curiosamente.




10. 5 Tomarle amor al asunto

“Amor por la causa”, misericordia por el dolor y la calamidad de otros; humildad ante las consecuencias del pecado humano (generador de todas las perturbaciones humanas – hablando en sentido espiritual…). En un sentido honesto y sincero: la labor psicoterapéutica es bastante difícil, demasiado específica, de pocos resultados (a como los logra la medicina o las ciencias físico-químicas, por ejemplo…), pero a la final, la humanidad siempre espera la opinión del consejero, del psicoterapeuta frente a la conducta humana, y esto ya es un aliciente para proseguir el camino del quehacer terapéutico.

“Corresponde al psicólogo poseer un alto nivel de competencia profesional. Para ello debe mantenerse debidamente informado de los desarrollos más recientes de la ciencia psicológica. Debe reconocer los límites de sus conocimientos y habilidades específicas y proporcionar servicios únicamente en aquellas áreas en las cuales posea adecuada formación profesional, justificada por su entrenamiento y educación.”

Código de ética del psicólogo colombiano. Cap. 3, numeral 3.1, 2000.
  

Un caso particular


Vicky es una psicóloga profesional con estudios de especialización. Realizó la carrera por estudiar algo o conseguir un título profesional. Nunca ha ejercido la profesión, en ninguno de sus aspectos. V. ilustra el caso de millares de profesionales que cursan una carrera por “hacerse profesionales en…”. En realidad no ha necesitado ejercer. Es una persona “exitosa” a nivel de la farándula. Fue reina de belleza de su país con alcance internacional y ha participado en diversos proyectos mediáticos con los cuales, a lo largo de los años, se ha enriquecido, como no hubiera sido posible, realmente, mediante un consultorio o labor de consejería terapéutica. Ha podido consolidar un buen hogar con hijos, con cierta felicidad y estabilidad. V. ilustra el clásico ejemplo de que no necesariamente se puede triunfar con la carrera o profesión que se ha elegido, sino que ésta puede ser un pretexto o prerrequisito social para una hoja de vida o curriculum.


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