“Un estudio
reciente de Walfish, Polifka y Stenmark (1985) ha demostrado que casi la mitad
de los psicólogos que ejercen desde hace más de diez años, no volverían a
elegir esta profesión. Es evidente que muchos que la siguen terminan por
descubrir que no son aptos para su práctica. Para algunos, el motivo de
semejante elección fueron los muchos beneficios y satisfacciones relacionados
con ella. Sin embargo, es posible que estas personas nunca hayan poseído las
características personales necesarias para ejercer una labor psicoterapéutica
eficaz y prestigiosa. En estos casos empiezan a manifestarse la desilusión y la
insatisfacción, motivando finalmente un cambio de profesión, o la resignación a
la desilusiones de la ya elegida.”
James
D. Guy
10. 1 Retomando el asunto de la vocación
No son
pocos los profesionales de las diversas áreas del saber que han estudiado o
cursado una carrera “como por tener algo”. Sin haber podido identificar sus
potenciales o talentos intelectuales específicos cursan la carrera y todo
pareciera llegar hasta allí. Sin embargo, algunos son afortunados y la carrera
sirve como un formalismo o prerrequisito para hacer algo o dedicarse a otra
labor, como ha ocurrido con diversas figuras reconocidas de la cultura, la
farándula o los medios de comunicación, incluso la industria. En realidad, esto
no es un problema en sí; cada cual decide estudiar lo que estime conveniente,
tenga o no la vocación para comprender dicho campo del saber, sus alcances y
las necesidades socioculturales en torno del mismo (como cuando un político
tiene en su mentalidad: robar y “enriquecerse” cuando tenga la oportunidad
política…). No obstante, y en casos afortunados, algunos le toman amor a la
profesión “en el camino” y resultan excelentes profesionales de la salud
mental, con vocación, compromiso y entusiasmo por su quehacer profesional.
10. 2 Pasión por el servicio y la
intervención-asesoría
Interactuar
con otros; escucharles en sus fatalidades, complejos o desgracias; pensar en
estrategias de intervención favorables; mantener un tiempo de interrelación
terapéutica prudente; servir con agrado; registrar los casos o procesos
terapéuticos; compartir con otros colegas; retroalimentar los casos o descartar
posibilidades; adquirir nuevos cimientos teórico-prácticos; enseñar a otros,
entre otras acciones, representan la pasión de los psicoterapeutas por aquello
que han elegido: el lado perturbado mentalmente de la raza humana.
10. 3 Evitar hacer daño a los pacientes
¿Cómo
se trata a los pacientes? ¿Cuál es la disposición o actitud hacia ellos?
¿Importa el tipo de dificultad que tienen? ¿Se comprende que el paciente es un
“prójimo”? ¿Se desee hacerles el bien o cumplir con la “cita”, “entrevista”,
“valoración”? ¿Son los pacientes
elementos meramente estadísticos de cara a la investigación? ¿Cuál es la
posición como terapeuta: observador, investigador, académico, etiquetador o
consejero?... preguntas y preguntas que los psicoterapeutas deben tener en
cuenta para depurar su intervención, su asesoría o consejería, y desarrollar
mayor calidad humana a la hora de interactuar con sus pacientes. No en vano,
algunos pacientes a lo largo de la práctica psicológica se han quejado: “esa
señora estaba más loca que yo”, “ese señor me miraba como si fuera yo un bicho
raro”, “ese psicólogo hablaba y no se le entendía nada”, “ese terapeuta me dijo
que todo estaba bien y no me explicó nada de lo que me ocurría”, “aquel me
estaba coqueteando en realidad”, “ese terapeuta nos robó y estafó, tuvimos que
demandarlo”… En fin, de todo aquello que se ha testificado negativamente de la
profesión psicoterapéutica, y que más que validarnos, legitimarnos, ha hecho
que la consultoría sea muy específica, no tan masiva, como un buen porcentaje
de la población podría requerir ayuda psicológica o psiquiátrica.
10. 4 No es fácil ser psicoterapeuta
¿Quién
dijo que era fácil operar como psicoterapeuta o profesional de la salud mental?
A veces ni se sabe con qué entidades se está operando, cómo proceder en los
casos de depresiones graves, en trastornos de la personalidad muy manifiestos,
con fobias, temores y angustias fuera de control…o la locura esquizofrénica,
psicótica, por mencionar algunos de los desafíos de la mente humana perturbada.
Uno confía en que lo teórico, la experiencia de cada día traigan elementos
estratégicos y eficaces en intervención; y a veces no es lo más común que
ocurra. El comportamiento humano es una variable bastante caprichosa. Las
variables independientes siempre hacen de las suyas. Los psicoterapeutas son
profesionales cuya credibilidad no es la mayor ni la mejor, dada la ineficacia
en su influencia para el cambio personal de otros. Pero se trata de hacer lo
mejor posible por dar la dinámica estratégica positiva para la “curación” del
paciente. Los clásicos de la psicología cuentan en sus haberes con fracasos
psicoterapéuticos, vacíos teóricos y crisis personales profundas… curiosamente.
10. 5 Tomarle amor al asunto
“Amor por la causa”, misericordia por
el dolor y la calamidad de otros; humildad
ante las consecuencias del pecado
humano (generador de todas las
perturbaciones humanas – hablando en sentido espiritual…). En un sentido
honesto y sincero: la labor psicoterapéutica es bastante difícil, demasiado
específica, de pocos resultados (a como los logra la medicina o las ciencias
físico-químicas, por ejemplo…), pero a la final, la humanidad siempre espera la
opinión del consejero, del psicoterapeuta frente a la conducta humana, y esto
ya es un aliciente para proseguir el camino del quehacer terapéutico.
“Corresponde al psicólogo poseer un alto nivel de
competencia profesional. Para ello debe mantenerse debidamente informado de los
desarrollos más recientes de la ciencia psicológica. Debe reconocer los límites
de sus conocimientos y habilidades específicas y proporcionar servicios
únicamente en aquellas áreas en las cuales posea adecuada formación
profesional, justificada por su entrenamiento y educación.”
Código de
ética del psicólogo colombiano. Cap. 3, numeral 3.1, 2000.
Un caso particular
Vicky
es una psicóloga profesional con estudios de especialización. Realizó la
carrera por estudiar algo o conseguir un título profesional. Nunca ha ejercido
la profesión, en ninguno de sus aspectos. V. ilustra el caso de millares de
profesionales que cursan una carrera por “hacerse profesionales en…”. En realidad
no ha necesitado ejercer. Es una persona “exitosa” a nivel de la farándula. Fue
reina de belleza de su país con alcance internacional y ha participado en
diversos proyectos mediáticos con los cuales, a lo largo de los años, se ha
enriquecido, como no hubiera sido posible, realmente, mediante un consultorio o
labor de consejería terapéutica. Ha podido consolidar un buen hogar con hijos,
con cierta felicidad y estabilidad. V. ilustra el clásico ejemplo de que no
necesariamente se puede triunfar con la carrera o profesión que se ha elegido,
sino que ésta puede ser un pretexto o prerrequisito social para una hoja de
vida o curriculum.


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