“Es una ironía que mientras el hombre aprende más de la naturaleza cada
día, mientras descubre la composición de distantes estrellas y comprende la
estructura de diminutos átomos, mientras puede irrigar un desierto y aprovechar
la energía del Niágara, aún sea incapaz de hacer por sí mismo las cosas más simples,
las cosas que realmente importan. En muchos casos es incapaz de afrontar el
miedo, vencer el dolor, doblegar algunas de las enfermedades más comunes,
alejar la ira o la depresión, o, muchas veces, utilizar con eficacia sus
poderes mentales.”
EMMET FOX
4. 1 Los psicoterapeutas deben servir a los demás
Los profesionales
de la salud, un buen número de ellos, actúan como si estuvieran por encima del
bien y del mal; parecen “dioses” por el hecho de contar con profesiones que
procuran mitigar el dolor y la calamidad humana, y olvidan que el sentido del
servicio es este: cumplir con aquello para lo cual les ha llamado la vocación:
el servicio; humano, sensible y restaurador de los desvalidos (porque la
enfermedad, los trastornos, los acontecimientos vitales negativos constituyen
“males” por superar y resolver en la vida de cualquier individuo). La carrera
no debe representar un estatus de vanidad y prestigio personal (que puede
suceder en la vida de algunos “exitosos” psicoterapeutas), sino por el contrario
el modelo y desarrollo de profesionales con calidad humana, sensibilidad ante
las desgracias y padecimientos de los demás, y la disposición de seguir
aprendiendo cada día de la vida, y el del mismo dolor-enfermedad humanos.
4. 2 Los psicoterapeutas “narcisos”
La labor psicoterapéutica
puede implicar ciertos rasgos narcisos
o muy orgullosos por parte de los
profesionales de la salud; se puede llegar a creer que se es muy, pero muy
especial, dada la labor humana que se cumple (mitigar el dolor de otros – escuchar
la tragedia humana de cada día…) e ignorar la necesidad de sencillez,
“normalidad”, “equilibrio”, que los psicoterapeutas necesitan para poder
“captar” y explorar en las necesidades y trastornos de sus pacientes, de cara a
poder encontrar estrategias de intervención más efectivas con el ejercicio de
la profesión. El psicoterapeuta narciso solo piensa en su desarrollo personal a
la luz del gremio, su estatus, su solvencia económica, la notoriedad de su rol,
entre otros, y minusvalora la esencia de su labor: la búsqueda efectiva de
intervenciones adecuadas que ayuden a los pacientes a resolver sus conflictos
personales profundos.
4.
3 La superioridad no “sana” a nadie
El sentirse superior o
poseedor de las “grandes verdades psicológicas o psiquiátricas” no harán del
profesional de la salud un terapeuta más efectivo o sano mentalmente. Lo
tornarán un modelo de arrogancia, incomprensión e inhumanidad; no son pocos los
pacientes que se han quejado de atenciones graves, desagradables, infortunadas,
insensibles, misteriosas, incómodas, etc., de parte de los psicoterapeutas con
la conclusión: “Nunca más vuelvo a ir donde un psicólogo…o psiquiatra”… “…Ellos
están más locos que los mismos pacientes…”, porque, precisamente, los pacientes
van con la esperanza (dejando a un lado sus resistencias al cambio, lógico) de
poder modificar, explicarse, controlar, recibir, erradicar, perdonar,
restaurar… aquellos eventos calamitosos de su existencia personal.
4.
4 La calidad humana favorece la recuperación de los pacientes
Cuando los psicoterapeutas son
“sanos” (no perfectos) se tornan más sensibles a las necesidades, defectos y
carencias percibidas en los demás, en este caso en sus pacientes. La “calidad
humana”, entonces, hace su aparición para brindar una “luz de esperanza” al
alma angustiada, oprimida, esclavizada de los clientes. La calidad humana puede
implicar para el paciente: una atención digna, no prejuiciada; una amabilidad,
benignidad y bondad de parte del profesional de la salud; un apoyo emocional
consistente, positivo, restaurador; relaciones dialógicas y conversacionales
enriquecedoras que darán pistas terapéuticas y permitirán ahondar en las raíces
de las dificultades y conflictos personales, tiempo de calidad, escucha activa,
entre otros. En contraposición, la ausencia o carencia de calidad humana en los
psicoterapeutas evidenciará: etiquetación constante, anclaje a lo teórico,
procesos terapéuticos no serios, mala reputación del profesional, mayores
resistencias en los pacientes, crítica y juicio, desprecio, comparaciones, etc.
“Uno de los elementos más valiosos en el carácter es la bondad. El
hombre que posee esta virtud ha sobrepasado la amigabilidad y la simpatía. La
bondad conduce al hombre a hacer más de lo que es su deber, y a responder al
llamado de cualquier necesidad sin tomar en consideración qué clase de
necesidad sea o de donde provenga. La bondad añade gentileza a la simpatía.”
J. M. PRICE
4.
5 Algo importante
En la época contemporánea, muy
caracterizada por el narcisismo y el histrionismo personal, incluso de tipo
sociocultural (pareciera que los trastornos de la personalidad también
derivarán en trastornos socioculturales de la personalidad – hay países bajo la
paranoia, bajo el narcisismo, bajo las tendencias antisociales, etc.), los profesionales
en general tienden a apostar por una carrera que les permita “conquistar” el
mundo; y aunque este síndrome (“el mundo a/bajo mis pies”) sea en un principio
normal, pues indica los deseos de éxito y superación de cualquier individuo, no
por ello debe perderse la perspectiva inicial de toda profesión que es “servir
a la humanidad”, cuya intencionalidad es propender por la calidad de vida de
los desamparados, los enfermos, los pobres, los perturbados, los necesitados,
en fin, que suelen ser la mayoría de las personas a través de los tiempos. Los
buenos psicoterapeutas entienden en qué consiste esto porque cuentan con la
vocación humana de ayudar a los demás, y saben que dinero, prestigio y éxito
son meras añadiduras o anexos lógicos de su consagrada y honesta labor.
Un caso
particular
Adela
es una psicóloga con relativo éxito en su ciudad. Se desempeña en el área de gestión
humana y ya ha ocupado dicho cargo en importantes empresas. Es Magister en el
ámbito organizacional y considera que su desempeño es de muy alto nivel;
recuerda aquellas épocas en la universidad cuando tuvo que realizar diversos
talleres preventivos (prevención de alcoholismo, drogas, prostitución,
tabaquismos, maltrato, trata de blancas…), así como las distintas prácticas de
campo en diferentes ámbitos de la psicología (con adultos mayores, con adolescentes,
a nivel industrial, a nivel clínico, etc.). Pese a su carrera aparentemente
exitosa, A. decidió, una vez más, tomarse unos tragos durante aquella noche hasta las horas de la mañana.
Salió en su carro, sin haber dormido o descansado y con grado 1 de alcoholismo,
como posteriormente verificaron las autoridades, y en una de las calles de la
ciudad atropelló-arrolló a varias personas, entre ellos niños; uno de los
cuales perdió una de sus piernas por amputación. Pronto, la psicóloga se vio
envuelta en escándalo nacional, desde los medios informativos, viéndose
vinculada en adelante a proceso judicial para resolver su situación.


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