lunes, 14 de diciembre de 2015

22. LOS PSICOTERAPEUTAS Y LOS “PECADOS CAPITALES”



“En cambio, lo que sale de la boca procede del corazón, y eso es lo que hace impura a la persona.  Porque del corazón proceden las malas intenciones, los asesinatos, los adulterios, las inmoralidades sexuales, los robos, las calumnias y las blasfemias.”
Mateo 15. 18, 19


22. 1 Los psicoterapeutas y la soberbia

Existen profesionales de la salud mental henchidos de orgullo profesional, quienes consideran que su manera de proceder, actuar, intervenir o hacer psicoterapia es la perfecta, la única digna de imitar. Los psicoterapeutas soberbios, altivos u orgullosos, llegan a creerse más listos/preparados/formados que sus colegas, que los demás, y viven como si hubiesen descubierto la esencia del comportamiento humano y sus perturbaciones. El problema de estos profesionales, entre otros más, es su resistencia al cambio, a la sencillez y la humildad. Permanecen fosilizados en su proceder, en el tiempo, la tradición, arraigados a teorías que consideran “dioses explicativos” del comportamiento humano. No comprenden las razones de otros colegas, ni están interesados en recibir aportes de ellos. Ya lo saben todo.


22. 2 Los psicoterapeutas y la lujuria

Ya habíamos hablado de esto en el capítulo titulado en cuestión (21). El profesional en esta área considera que cualquier tipo de placer es “permisible, libre, moderno”, y lo vivencia en sí mismo, y lo favorece-propicia en sus consultantes. Pareciera que la tendencia psicoanalítica se desbordará en su mentalidad haciendo creer al individuo que el placer, lo sexual es “absolutamente necesario” en todo, para el “pleno” desarrollo de la persona. Se olvida que la función sexual es un (1) componente más constitutivo del individuo; también son importantes: lo laboral, lo espiritual, lo social, lo intelectual, lo cultural, lo familiar… Sin duda que, la sexualidad como expresión sana del sujeto contribuye a la felicidad y mantenimiento de la especie humana, dentro de los límites adecuados, no desbordados-alterados, de su expresión corporal. La exacerbación del placer, lo sensual, el libertinaje, cosifican al ser humano, que se vuelve un simple objeto de placer, ajeno de todo respeto, compromiso y dignidad humana. Como había escrito antes, son lamentablemente numerosos los casos en que psicoterapeutas tienen y han tenido dificultades con la inmoralidad sexual, haciendo daño a la comunidad donde laboraban.



“Las circunstancias no hacen al hombre; lo revelan a sí mismo. No puede existir condición tal como descender en el vicio mientras la persona sufre por sus inclinaciones viciosas; o ascender en la virtud y su felicidad pura sin el cultivo continuado de aspiraciones virtuosas; el hombre, por lo tanto, como amo y señor del pensamiento, es el hacedor de sí mismo, el formador y autor de su entorno.”
James Allen


22. 3 Los psicoterapeutas y la ira

Asimismo los psicoterapeutas de “mal carácter” abundan, y carecen de la amabilidad, bondad, calidad humana que se requiere en la relación terapéutica; expresan en su rostro y actitudes enojo, irritación, hostilidad, cólera, intolerancia, con sus pacientes y con la sociedad. Pueden ser individuos muy preparados pero en el arte de las relaciones humanas tienen serias deficiencias. Gritan o piensan en venganzas cuando alguien no está de acuerdo con ellos. El malhumor es como una nube que está sobre su carácter, de modo que muy pocos desean consultar de nuevo con los mismos.


22. 4 Los psicoterapeutas y la gula

Si bien comer y beber son placeres de la vida maravillosos, los profesionales como personas que también son, pueden desbordar el control de su alimentación. La gula es un pecado antiguo, y algunos emperadores y reyes daban banquetes terriblemente desproporcionados y frugales, donde se vomitaba lo ingerido para poder seguir comiendo o bebiendo aún más. En el caso de las comidas, pueden indicar mucha ansiedad en el individuo que “sólo la calma o controla” comiendo (la denominada por algunos autores “alimentación emocional”); por su parte las bebidas, no necesariamente las de frutas, sino las ingestas alcohólicas hacen de muchos psicoterapeutas borrachos sociales que atienden a sus consultantes cuando se encuentran o logran estar sobrios. Todo ello indica indisciplina, carencia de voluntad firme, disolución personal, incongruencia, derroche, liberalidad. Mediante los excesos, las personas evidencian la pérdida de control de sí mismas y por ende su necesidad de ayuda y liberación individual.



22. 5 Los psicoterapeutas y la pereza

Algunos psicoterapeutas pueden verse afectados por la ley de menor esfuerzo, y pretender que otros les ayuden siempre o hagan por ellos hasta su propio trabajo. La tendencia a la pereza sugiere una apatía, falta de dinamismo, movilidad y entusiasmo por parte del individuo que a la postre lo inmoviliza y lo torna en una especie de profesional mediocre; la práctica terapéutica o profesional siempre demanda del sujeto esfuerzo, trabajo, fatiga y motivación para tratar de llegar a la meta propuesta u ofrecer el producto deseado. El deseo de logro, de perfeccionamiento, de eficacia, de trascendencia en lo terapéutico exige sacrificio al profesional en contraposición a la devastadora e insidiosa pereza. Cada relación terapéutica precisa de energía, esfuerzo, motivación, perseverancia, reencauzamiento, afrontamiento, creatividad, sabiduría, exigencia, afirmación, asertividad, tiempo… todos éstos quizás enemigos de la pereza humana.


22. 6 Los psicoterapeutas y la avaricia

Ni qué decir del “amor al dinero”, “raíz de todos los males”, en palabras de las Sagradas Escrituras”; no que sea malo el dinero. Su necesidad cada día es notoria en cualquier campo de necesidad humana. Sin embargo, hay psicoterapeutas caracterizados por un corazón y mentalidad exclusivamente económica, ambiciosa, codiciosa, y se han metido en graves problemas por sus malos negocios o deseos veloces de enriquecerse. No es ocultable en el caso de la psicología y la psiquiatría, que éstos profesionales no son en la generalidad muy bien pagos (¿?), de modo que “se ven” en la situación o tentación de buscar dinero por diversas fuentes, que en ciertos casos no han sido las mejores; fraudes, estafa, tráfico de drogas, préstamos, etc., han hecho fracasar a profesionales de la salud mental. Esta época está comenzando a caracterizarse por el hecho de que los profesionales no viven únicamente de su salario, sino que buscan otras fuentes sanas de invertir, comerciar y obtener ganancias financieras de otras actividades distintas de su quehacer profesional.


22. 7 Los psicoterapeutas y la envidia

Y aquí aparece esta dificultad muy notoria en los profesionales de la salud mental: la envidia. Tan propia negativamente del medio, tan divisora, tan intolerante, tan manipuladora, tan denigrante. La envidia hace creer a los psicoterapeutas que ellos son los mejores, y que lo que otros colegas realizan no tiene fundamento o razón de ser válida, en un caso; por el otro lado también es una manera de rechazar nuevas maneras de proceder, actuar, enseñar, trabajar, que caracteriza a profesionales creativos y en renovación-cambio constante, que todavía se encuentran por fortuna en distintas instituciones. La envidia genera rivalidades, tramas, conveniencias, descréditos, calumnias, comparaciones, competencias, odios, chismes… hasta la muerte misma. Sobra decir que el profesional maduro frente a esto sabe que cuenta con lo suyo, es consciente de sus fortalezas y carencias, pero no se hace un conflicto porque otros sean “mejores” o “peores” que él; no se daña a sí mismo haciendo una persecución, comparación o monitoreo de otros profesionales. “Cada cual barre su casa como mejor lo estime conveniente”.


Un caso particular

“Bernardo es un psicoterapeuta profesional que atiende a diversidad de pacientes, entre ellos jóvenes. Tiene una trayectoria más o menos amplia. No obstante, fue condenado a más de diez años de prisión por abusar a un menor de trece años, con quien mantuvo contacto después de que el menor no hubiese vuelto a psicoterapia. El delito es agravado en la medida en que constituye: abuso sexual gravemente ultrajante concursado con corrupción de menores agravada.”
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“Pederman es un psicólogo escolar, quien laboraba en un colegio de su país. Fue puesto a órdenes de las instancias judiciales por “tocamientos” a una niña de 7 años, estudiante de la institución, con el pretexto de hacerle una curación en una herida bucal. La niña refiere que fue desnudada, besada en su cuerpo y partes íntimas. Aunque físicamente sana, la niña presentó shock emocional por el hecho.”

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