“En cambio, lo que sale de la boca
procede del corazón, y eso es lo que hace impura a la
persona. Porque del corazón proceden las malas intenciones, los
asesinatos, los adulterios, las inmoralidades sexuales, los robos, las
calumnias y las blasfemias.”
Mateo 15. 18, 19
22. 1 Los psicoterapeutas y la soberbia
Existen
profesionales de la salud mental henchidos de orgullo profesional, quienes
consideran que su manera de proceder, actuar, intervenir o hacer psicoterapia
es la perfecta, la única digna de imitar. Los psicoterapeutas soberbios,
altivos u orgullosos, llegan a creerse más listos/preparados/formados que sus
colegas, que los demás, y viven como si hubiesen descubierto la esencia del comportamiento humano y sus perturbaciones. El problema de estos
profesionales, entre otros más, es su resistencia al cambio, a la sencillez y
la humildad. Permanecen fosilizados en su proceder, en el tiempo, la tradición,
arraigados a teorías que consideran “dioses explicativos” del comportamiento
humano. No comprenden las razones de otros colegas, ni están interesados en
recibir aportes de ellos. Ya lo saben todo.
22. 2 Los psicoterapeutas y la lujuria
Ya
habíamos hablado de esto en el capítulo titulado en cuestión (21). El profesional
en esta área considera que cualquier tipo de placer es “permisible, libre,
moderno”, y lo vivencia en sí mismo, y lo favorece-propicia en sus
consultantes. Pareciera que la tendencia psicoanalítica se desbordará en su
mentalidad haciendo creer al individuo que el placer, lo sexual es
“absolutamente necesario” en todo, para el “pleno” desarrollo de la persona. Se
olvida que la función sexual es un (1) componente más constitutivo del
individuo; también son importantes: lo laboral, lo espiritual, lo social, lo
intelectual, lo cultural, lo familiar… Sin duda que, la sexualidad como
expresión sana del sujeto contribuye a la felicidad y mantenimiento de la
especie humana, dentro de los límites adecuados, no desbordados-alterados, de
su expresión corporal. La exacerbación del placer, lo sensual, el libertinaje, cosifican al ser humano, que se vuelve
un simple objeto de placer, ajeno de todo respeto, compromiso y dignidad
humana. Como había escrito antes, son lamentablemente numerosos los casos en
que psicoterapeutas tienen y han tenido dificultades con la inmoralidad sexual,
haciendo daño a la comunidad donde laboraban.
“Las
circunstancias no hacen al hombre; lo revelan a sí mismo. No puede existir
condición tal como descender en el vicio mientras la persona sufre por sus
inclinaciones viciosas; o ascender en la virtud y su felicidad pura sin el
cultivo continuado de aspiraciones virtuosas; el hombre, por lo tanto, como amo
y señor del pensamiento, es el hacedor de sí mismo, el formador y autor de su
entorno.”
James Allen
22. 3 Los psicoterapeutas y la ira
Asimismo
los psicoterapeutas de “mal carácter” abundan, y carecen de la amabilidad,
bondad, calidad humana que se requiere en la relación terapéutica; expresan en
su rostro y actitudes enojo, irritación, hostilidad, cólera, intolerancia, con
sus pacientes y con la sociedad. Pueden ser individuos muy preparados pero en
el arte de las relaciones humanas tienen serias deficiencias. Gritan o piensan
en venganzas cuando alguien no está de acuerdo con ellos. El malhumor es como
una nube que está sobre su carácter, de modo que muy pocos desean consultar de
nuevo con los mismos.
22. 4 Los psicoterapeutas y la gula
Si
bien comer y beber son placeres de la vida maravillosos, los profesionales como
personas que también son, pueden desbordar el control de su alimentación. La
gula es un pecado antiguo, y algunos emperadores y reyes daban banquetes
terriblemente desproporcionados y frugales, donde se vomitaba lo ingerido para
poder seguir comiendo o bebiendo aún más. En el caso de las comidas, pueden
indicar mucha ansiedad en el individuo que “sólo la calma o controla” comiendo
(la denominada por algunos autores “alimentación emocional”); por su parte las
bebidas, no necesariamente las de frutas, sino las ingestas alcohólicas hacen
de muchos psicoterapeutas borrachos sociales que atienden a sus consultantes
cuando se encuentran o logran estar sobrios. Todo ello indica indisciplina,
carencia de voluntad firme, disolución personal, incongruencia, derroche,
liberalidad. Mediante los excesos, las personas evidencian la pérdida de
control de sí mismas y por ende su necesidad de ayuda y liberación individual.
22. 5 Los psicoterapeutas y la pereza
Algunos
psicoterapeutas pueden verse afectados por la ley de menor esfuerzo, y pretender
que otros les ayuden siempre o hagan por ellos hasta su propio trabajo. La tendencia
a la pereza sugiere una apatía, falta de dinamismo, movilidad y entusiasmo por
parte del individuo que a la postre lo inmoviliza y lo torna en una especie de
profesional mediocre; la práctica terapéutica o profesional siempre demanda del
sujeto esfuerzo, trabajo, fatiga y motivación para tratar de llegar a la meta
propuesta u ofrecer el producto deseado. El deseo de logro, de
perfeccionamiento, de eficacia, de trascendencia en lo terapéutico exige
sacrificio al profesional en contraposición a la devastadora e insidiosa
pereza. Cada relación terapéutica precisa de energía, esfuerzo, motivación,
perseverancia, reencauzamiento, afrontamiento, creatividad, sabiduría, exigencia,
afirmación, asertividad, tiempo… todos éstos quizás enemigos de la pereza
humana.
22. 6 Los psicoterapeutas y la avaricia
Ni qué
decir del “amor al dinero”, “raíz de todos los males”, en palabras de las
Sagradas Escrituras”; no que sea malo el dinero. Su necesidad cada día es
notoria en cualquier campo de necesidad humana. Sin embargo, hay
psicoterapeutas caracterizados por un corazón y mentalidad exclusivamente
económica, ambiciosa, codiciosa, y se han metido en graves problemas por sus malos
negocios o deseos veloces de enriquecerse. No es ocultable en el caso de la
psicología y la psiquiatría, que éstos profesionales no son en la generalidad
muy bien pagos (¿?), de modo que “se ven” en la situación o tentación de buscar
dinero por diversas fuentes, que en ciertos casos no han sido las mejores;
fraudes, estafa, tráfico de drogas, préstamos, etc., han hecho fracasar a
profesionales de la salud mental. Esta época está comenzando a caracterizarse
por el hecho de que los profesionales no viven únicamente de su salario, sino
que buscan otras fuentes sanas de invertir, comerciar y obtener ganancias
financieras de otras actividades distintas de su quehacer profesional.
22. 7 Los psicoterapeutas y la envidia
Y aquí
aparece esta dificultad muy notoria en los profesionales de la salud mental: la
envidia. Tan propia negativamente del medio, tan divisora, tan intolerante, tan
manipuladora, tan denigrante. La envidia hace creer a los psicoterapeutas que
ellos son los mejores, y que lo que otros colegas realizan no tiene fundamento
o razón de ser válida, en un caso; por el otro lado también es una manera de
rechazar nuevas maneras de proceder, actuar, enseñar, trabajar, que caracteriza
a profesionales creativos y en renovación-cambio constante, que todavía se
encuentran por fortuna en distintas instituciones. La envidia genera
rivalidades, tramas, conveniencias, descréditos, calumnias, comparaciones,
competencias, odios, chismes… hasta la muerte misma. Sobra decir que el
profesional maduro frente a esto sabe que cuenta con lo suyo, es consciente de
sus fortalezas y carencias, pero no se hace un conflicto porque otros sean
“mejores” o “peores” que él; no se daña a sí mismo haciendo una persecución,
comparación o monitoreo de otros profesionales. “Cada cual barre su casa como
mejor lo estime conveniente”.
Un caso
particular
“Bernardo es un psicoterapeuta profesional
que atiende a diversidad de pacientes, entre ellos jóvenes. Tiene una
trayectoria más o menos amplia. No obstante, fue condenado a más de diez años de
prisión por abusar a un menor de trece años, con quien mantuvo contacto después
de que el menor no hubiese vuelto a psicoterapia. El delito es agravado en la
medida en que constituye: abuso sexual gravemente ultrajante
concursado con corrupción de menores agravada.”
__________________
“Pederman es
un psicólogo escolar, quien laboraba en un colegio de su país. Fue puesto a
órdenes de las instancias judiciales por “tocamientos” a una niña de 7 años,
estudiante de la institución, con el pretexto de hacerle una curación en una
herida bucal. La niña refiere que fue desnudada, besada en su cuerpo y partes
íntimas. Aunque físicamente sana, la niña presentó shock emocional por el
hecho.”


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