“Se piensa también que las privaciones inevitables de
la infancia causan frustración. El destete, el control de esfínteres, aprender
a caminar y, en realidad, cada nivel nuevo de adaptación, se conciben como algo
que logra el niño a la fuerza. Una vez más la diferenciación entre mera
privación y amenaza a la personalidad nos impone cierta precaución.
Observaciones sobre niños que están completamente seguros del amor y el respeto
de sus padres han mostrado que las privaciones, la disciplina y los castigos se
pueden soportar con sorprendente facilidad. Hay pocos efectos de frustración si
el niño no concibe estas privaciones como amenazadoras para su personalidad
fundamental, para los objetivos principales de su vida, o para sus
necesidades.”
Abraham Maslow
6. 1
La parte oculta de cada persona: la inautenticidad
Toda persona está llamada al
cambio. Todo individuo debiera cambiar. Sin excepción alguna. El cambio, por
ejemplo, indica que ninguna crianza recibida es perfecta, por más que se haya
tenido un hogar pleno de virtudes y bondades. La misma “naturaleza imperfecta”
del hombre, hace que su corazón tenga diversas inclinaciones negativas (así
éstas permanezcan reprimidas o sean controladas con grande esfuerzo
voluntario…). El ser humano desde temprana edad aprende a manejar diferentes
máscaras o facetas que exhibe u oculta ante los demás porque implicarían cierta
pérdida-desventaja psicológica, moral, mental, emocional o espiritual como tal.
La vida inauténtica, pues, aquella que combina verdades con falsedades en la
cotidianidad de una persona se manifiesta e impide que el individuo sea lo
mejor que pudiera ser: equilibrado, ajustado, adaptado, bondadoso, renovado,
etc. Y las máscaras inauténticas tampoco son ajenas a los psicoterapeutas,
quienes pueden desembocar en “vidas” diversas que restan credibilidad a su
quehacer y producen decepción cuando los eventos salen a la luz.
6. 2
La doble faz
Los profesionales de la salud
con “doble vida” tarde o temprano son desenmascarados por las circunstancias, por
la falta de control en aquello que los afecta (lujuria, alcoholismo,
perversión, pornografía, embaucamiento, defectos del carácter, trastornos de la
personalidad, ansiedades…); también se verán afectados, precisamente debido a
todo lo anterior, por las dificultades interpersonales con los miembros de su
familia, su círculo de amigos, o los mismos pacientes. La doble faz indica que los psicoterapeutas han considerado que su
vida íntima o privada no tiene nada que ver o dar cuenta de su vida pública o
profesional, olvidando que la incongruencia, la deshonestidad, la inmoralidad,
la falsedad, la hipocresía, llegan a un
punto en que caen de su peso, porque configuran formas erróneas de pensar, de
actuar, de ser en la realidad; hacen perder toda credibilidad y eficacia
personal. El lector o profesional que nos lee no podrá obviar la cantidad de
casos de terapeutas inmiscuidos en problemas de abuso, manipulación, estafa,
perversión, que han afectado la profesión notoriamente, y que hace que en
muchos casos tengamos que permanecer callados, porque todo ello vulnera la
ética, la veracidad y necesidad del rol en la vida de las personas. En
consecuencia, muchos dejan de consultar al profesional, aunque realmente puedan
necesitar de la asesoría y ayuda psicoterapéutica.
“Toda persona tiene tres caracteres: el que exhibe, el que tiene y el
que cree tener”.
ALPHONSE KARR
6.
3 El “corazón” del hombre
El “corazón” es entendido en
diversas acepciones; puede indicar la interioridad del individuo; puede sugerir
lo que “anida” en el sujeto a nivel moral en general; pudiera ser entendido
como un sinónimo de la mente (mentalidad); también puede interpretarse con la
afectividad y compromiso puesto a las cosas, las circunstancias y las personas;
pero también podría relacionarse con la personalidad del individuo, en la
medida que ésta reflejaría a aquel. El caso es que, en un sentido espiritual,
como lo sugieren las Sagradas Escrituras, el “corazón”, “acumula”, “porta”,
“emite” la condición interior real de cualquier persona; en este sentido, como
paradigma, Jesucristo enseñó que la condición real del hombre se explicaba
desde su “corazón”, y que de éste emanaban todos los tipos de trastornos,
aberraciones, problemas, dificultades, conflictos humanos posibles. En palabras
del Maestro: “El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno;
y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la
abundancia del corazón habla la boca.” (Lucas 6. 45). Es decir que, en el caso de los
psicoterapeutas, su posición es bastante comprometida con aquello que “tienen”
en su “corazón” para brindar a sus pacientes; una vez más: no se puede producir
estabilidad emocional en otros, cuando uno mismo es la mata de la
inestabilidad; no se puede exigir rectitud a los demás, cuando esta no se
práctica en carne propia; un esclavo emocional no puede liberar a otro esclavo
de igual o peor condición. Un profesional de la salud depresivo, realmente poco
o nada de ánimo y motivación efectivos podrá suscitar en sus clientes.
6. 4
La apuesta por la “habilidad personal”
Los profesionales en general,
no solamente los del área de la salud mental, pueden desarrollar una actitud
automática de prepotencia, altivez, eficacia, efectividad, eficiencia, dominio,
por el hecho de haber “estudiado (¿profundizado?) tal cosa…”. En este sentido
la habilidad personal se asume como solucionadora de todo lo que el individuo
enfrenta, su experiencia, habilidad, astucia, pericia, y llega a olvidar que
siempre aparecerán duros desafíos para los cuales no se tienen “fórmulas”
mágicas instantáneas; apenas lo que la ciencia o la especulación han permitido
lograr hasta determinado momento del saber humano. Una vez más, lamentamos ser
reiterativos, se procura que los psicoterapeutas entiendan que siempre ellos
mismos pueden estar: mejorando, cambiando, desechando, innovando, escuchando,
erradicando, controlando, aconsejando, renunciando… a todo aquello que pudiera
darse por obvio teóricamente, cuando no deja de ser todo un enigma acerca de la
conducta humana.
6. 5
En búsqueda de la unidad personal
Se pretende, por el contrario,
la búsqueda y mejoramiento de la “unidad” personal, si entendemos aquí por
ésta: la capacidad de vivir lo más íntegra, coherente, equilibrada y
honestamente posible. ¡Nada fácil! Pues todos tenemos defectos muy marcados y
carencias notables como personas. El cambio nos sale al encuentro por mejorar y
ayudar en el mejoramiento de otros. Se precisa ir eliminando una vida de “doble
faz”, siendo auténtico con los valores, las virtudes, sin perder la mirada de
los errores, pecados y defectos que hacen quedar mal a cualquiera y poco a poco
van arruinando la vida de los psicoterapeutas.
Un caso
particular
Mi psicólogo me confesó que me
diagnosticó mal a propósito[1]
“Mi
psicólogo y psiquiatra murió hace tres semanas, después de una dura enfermedad.
Antes de morir me llamó porque quería lavar un sentimiento de culpa que tenía.
Y allí me confesó que hace unos años me había diagnosticado falsamente que yo
sufría "panic atack" y me había medicado al respecto. La
enfermedad se había puesto de moda en esa época y había nuevas publicaciones
científicas que salían continuamente. Y como él no había recibido ningún
paciente en su consultorio con esa enfermedad, temía que sus colegas pensaran
que no la diagnosticara porque no estaba actualizado. Así que prefirió
"inventar" un enfermo a que sus compañeros creyeran que no se
actualizara y no conociera las últimas enfermedades. Ahora no sé qué hacer,
tengo desconfianza de los médicos, psicólogos y psiquiatras y tengo miedo de
salir de mi casa.”
[1] Fuente: http://www.taringa.net/posts/salud-bienestar/10015324/Mi-psicologo-me-diagnostico-mal-a-proposito.html


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