viernes, 11 de diciembre de 2015

6. PSICOTERAPEUTAS CON DOBLE VIDA



“Se piensa también que las privaciones inevitables de la infancia causan frustración. El destete, el control de esfínteres, aprender a caminar y, en realidad, cada nivel nuevo de adaptación, se conciben como algo que logra el niño a la fuerza. Una vez más la diferenciación entre mera privación y amenaza a la personalidad nos impone cierta precaución. Observaciones sobre niños que están completamente seguros del amor y el respeto de sus padres han mostrado que las privaciones, la disciplina y los castigos se pueden soportar con sorprendente facilidad. Hay pocos efectos de frustración si el niño no concibe estas privaciones como amenazadoras para su personalidad fundamental, para los objetivos principales de su vida, o para sus necesidades.”
Abraham Maslow


6. 1 La parte oculta de cada persona: la inautenticidad

Toda persona está llamada al cambio. Todo individuo debiera cambiar. Sin excepción alguna. El cambio, por ejemplo, indica que ninguna crianza recibida es perfecta, por más que se haya tenido un hogar pleno de virtudes y bondades. La misma “naturaleza imperfecta” del hombre, hace que su corazón tenga diversas inclinaciones negativas (así éstas permanezcan reprimidas o sean controladas con grande esfuerzo voluntario…). El ser humano desde temprana edad aprende a manejar diferentes máscaras o facetas que exhibe u oculta ante los demás porque implicarían cierta pérdida-desventaja psicológica, moral, mental, emocional o espiritual como tal. La vida inauténtica, pues, aquella que combina verdades con falsedades en la cotidianidad de una persona se manifiesta e impide que el individuo sea lo mejor que pudiera ser: equilibrado, ajustado, adaptado, bondadoso, renovado, etc. Y las máscaras inauténticas tampoco son ajenas a los psicoterapeutas, quienes pueden desembocar en “vidas” diversas que restan credibilidad a su quehacer y producen decepción cuando los eventos salen a la luz.

6. 2 La doble faz

Los profesionales de la salud con “doble vida” tarde o temprano son desenmascarados por las circunstancias, por la falta de control en aquello que los afecta (lujuria, alcoholismo, perversión, pornografía, embaucamiento, defectos del carácter, trastornos de la personalidad, ansiedades…); también se verán afectados, precisamente debido a todo lo anterior, por las dificultades interpersonales con los miembros de su familia, su círculo de amigos, o los mismos pacientes. La doble faz indica que los psicoterapeutas han considerado que su vida íntima o privada no tiene nada que ver o dar cuenta de su vida pública o profesional, olvidando que la incongruencia, la deshonestidad, la inmoralidad, la falsedad, la hipocresía,  llegan a un punto en que caen de su peso, porque configuran formas erróneas de pensar, de actuar, de ser en la realidad; hacen perder toda credibilidad y eficacia personal. El lector o profesional que nos lee no podrá obviar la cantidad de casos de terapeutas inmiscuidos en problemas de abuso, manipulación, estafa, perversión, que han afectado la profesión notoriamente, y que hace que en muchos casos tengamos que permanecer callados, porque todo ello vulnera la ética, la veracidad y necesidad del rol en la vida de las personas. En consecuencia, muchos dejan de consultar al profesional, aunque realmente puedan necesitar de la asesoría y ayuda psicoterapéutica.

“Toda persona tiene tres caracteres: el que exhibe, el que tiene y el que cree tener”.
ALPHONSE KARR




6. 3 El “corazón” del hombre

El “corazón” es entendido en diversas acepciones; puede indicar la interioridad del individuo; puede sugerir lo que “anida” en el sujeto a nivel moral en general; pudiera ser entendido como un sinónimo de la mente (mentalidad); también puede interpretarse con la afectividad y compromiso puesto a las cosas, las circunstancias y las personas; pero también podría relacionarse con la personalidad del individuo, en la medida que ésta reflejaría a aquel. El caso es que, en un sentido espiritual, como lo sugieren las Sagradas Escrituras, el “corazón”, “acumula”, “porta”, “emite” la condición interior real de cualquier persona; en este sentido, como paradigma, Jesucristo enseñó que la condición real del hombre se explicaba desde su “corazón”, y que de éste emanaban todos los tipos de trastornos, aberraciones, problemas, dificultades, conflictos humanos posibles. En palabras del Maestro: El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; y el hombre malo, del mal tesoro de su corazón saca lo malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.” (Lucas 6. 45). Es decir que, en el caso de los psicoterapeutas, su posición es bastante comprometida con aquello que “tienen” en su “corazón” para brindar a sus pacientes; una vez más: no se puede producir estabilidad emocional en otros, cuando uno mismo es la mata de la inestabilidad; no se puede exigir rectitud a los demás, cuando esta no se práctica en carne propia; un esclavo emocional no puede liberar a otro esclavo de igual o peor condición. Un profesional de la salud depresivo, realmente poco o nada de ánimo y motivación efectivos podrá suscitar en sus clientes.
 

6. 4 La apuesta por la “habilidad personal”

Los profesionales en general, no solamente los del área de la salud mental, pueden desarrollar una actitud automática de prepotencia, altivez, eficacia, efectividad, eficiencia, dominio, por el hecho de haber “estudiado (¿profundizado?) tal cosa…”. En este sentido la habilidad personal se asume como solucionadora de todo lo que el individuo enfrenta, su experiencia, habilidad, astucia, pericia, y llega a olvidar que siempre aparecerán duros desafíos para los cuales no se tienen “fórmulas” mágicas instantáneas; apenas lo que la ciencia o la especulación han permitido lograr hasta determinado momento del saber humano. Una vez más, lamentamos ser reiterativos, se procura que los psicoterapeutas entiendan que siempre ellos mismos pueden estar: mejorando, cambiando, desechando, innovando, escuchando, erradicando, controlando, aconsejando, renunciando… a todo aquello que pudiera darse por obvio teóricamente, cuando no deja de ser todo un enigma acerca de la conducta humana.




6. 5 En búsqueda de la unidad personal

Se pretende, por el contrario, la búsqueda y mejoramiento de la “unidad” personal, si entendemos aquí por ésta: la capacidad de vivir lo más íntegra, coherente, equilibrada y honestamente posible. ¡Nada fácil! Pues todos tenemos defectos muy marcados y carencias notables como personas. El cambio nos sale al encuentro por mejorar y ayudar en el mejoramiento de otros. Se precisa ir eliminando una vida de “doble faz”, siendo auténtico con los valores, las virtudes, sin perder la mirada de los errores, pecados y defectos que hacen quedar mal a cualquiera y poco a poco van arruinando la vida de los psicoterapeutas.


Un caso particular


Mi psicólogo me confesó que me diagnosticó mal a propósito[1]
“Mi psicólogo y psiquiatra murió hace tres semanas, después de una dura enfermedad. Antes de morir me llamó porque quería lavar un sentimiento de culpa que tenía. Y allí me confesó que hace unos años me había diagnosticado falsamente que yo sufría "panic atack" y me había medicado al respecto.  La enfermedad se había puesto de moda en esa época y había nuevas publicaciones científicas que salían continuamente. Y como él no había recibido ningún paciente en su consultorio con esa enfermedad, temía que sus colegas pensaran que no la diagnosticara porque no estaba actualizado. Así que prefirió "inventar" un enfermo a que sus compañeros creyeran que no se actualizara y no conociera las últimas enfermedades. Ahora no sé qué hacer, tengo desconfianza de los médicos, psicólogos y psiquiatras y tengo miedo de salir de mi casa.”



[1] Fuente:  http://www.taringa.net/posts/salud-bienestar/10015324/Mi-psicologo-me-diagnostico-mal-a-proposito.html

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