sábado, 12 de diciembre de 2015

17. PSICOTERAPEUTAS QUE SE SUICIDAN



“La palabra suicidio viene del latín y está compuesta por sui, sí mismo y cidium, muerte, del verbo coedere, ceder, matar. Etimológicamente significa “darse muerte a sí mismo”. En la literatura fue introducido el término por el abate Des Fontaines, en 1737… El suicidio es considerado hoy como un tema inquietante, ya que su misma presencia es generadora de angustias y rechazos, seguramente por conectarnos con nuestra propia finitud, con lo inexplicable, con la muerte.”
Bernardo  Stamateas


17. 1 El valor de su (la) vida

En verdad que, lo último que puede ocurrir a un psicoterapeuta es que acabe con su propia vida, cuando se supone que su labor era “dar vida” o “ayudar a otros a vivir y mejorar la calidad de la existencia de sus pacientes”. No obstante, la historia de la psicología está marcada negativamente por la muerte (suicidio) de varios de sus teóricos, algunos de gran reconocimiento. Aunque este libro no se hizo como una crítica a la vida de los profesionales de la salud mental, sí causa bastante curiosidad que en nuestros anales encontremos casos que van “idealmente” en contra de la perspectiva-ética de la profesión. De todas formas, siempre surgen interrogantes cuando un psicoterapeuta se suicida: ¿Cuál era su fundamento o perspectiva de la vida? ¿Qué tan fuerte o dañino fueron los acontecimientos vitales para que se tomase dicha decisión? ¿Por qué un psicoterapeuta con tendencias suicidas no busca ayuda? ¿Qué ocurrió con tanta formación y capacitación psicológico-psiquiátrica a través de los años?  ¿Cuál era la concepción de la naturaleza humana de aquellos profesionales? ¿Cuál era el proyecto de vida y pasión real positivos de dichos psicoterapeutas? Porque, hay que ser sinceros, si a uno mismo, primeramente, no le sirve en algo lo que ha estudiado ¿Por qué el haber perseverado en ello?... Y un individuo se suicida cuando su vida pierde su valor, sentido, horizonte y se niegan todas sus posibilidades de realización, enmienda, renovación.

17. 2 El suicidio: asesinato de uno mismo

El suicidio es el asesinato de sí mismo. Es la renuncia personal a otra opción vital y posibilidad humana. Es la negación de toda dinámica relacional. Es la renuncia a los valores inalienables del individuo. Es una marcada contraposición a la naturaleza divina y bondadosa del Creador. Es la renuncia a los valores espirituales. Es el egoísmo en su absoluta expresión (pensar negativamente en sí mismo y nada más…). Es la minusvaloración de las oportunidades en la vida; es la renuncia a toda ayuda posible; es el triunfo supremo del mal sobre la conciencia del individuo. Es la solución fatal e impulsiva sobre la vida misma; es la influencia del mal, los efectos de las drogas, los vicios, la despersonalización, las malas decisiones, el inconformismo, la venganza, la intolerancia, la depresión, la enfermedad,  entre otros flagelos que llevan a las personas a comportamientos funestos. Tema candente, álgido, debatido por innumerables escritores, literatos, filósofos, grupos socioculturales, movimientos médicos (la eutanasia); el autor se centra aquí en una perspectiva más humana y valorativa, y no tanto científica, legal, del asunto, tan polémico, tan harto de legitimación. Nuestro énfasis aquí es el valor de la vida del psicoterapeuta, el compromiso con su profesión y quehacer, y la necesidad de que encuentre sentido en lo que hace, aun cuando los frutos terapéuticos muchas veces no sean los ideales o los propuestos. El psicoterapeuta no es Dios, y está sujeto a que los acontecimientos vitales lo derrumben, poniendo en su mentalidad decisiones trágicas, sobre la base y engaño de que son autónomas y maduras frente a la sociedad. Los psicoterapeutas que se suicidan o terminan suicidándose (aunque hayan dejado algunos elementos teóricos interesantes), en realidad evidencian un fracaso total en su vida; lo estudiado-experimentado no sirvió para la propia calidad de vida; deja muestras de un vacío y frustración profunda en su alma.


17. 3 Potencializar-dignificar la vida profesional

La potencialización y dignificación de la profesión de psicoterapeuta no está dada, necesariamente, por la cantidad de dinero que se gane o la cantidad de éxito y prestigio que se logre en la profesión. De hecho, algunos psicoterapeutas obtienen muy buenos ingresos y prestigio social (pero no es el caso de la mayoría del gremio). La potencialización indica el deseo de mejoramiento en las habilidades psicológicas y humanas del psicoterapeuta con relación a sus consultantes o a las instituciones que asesora, gerencia. Esto genera motivación por el quehacer, que cada día se torna un campo complejo pero atractivo de experimentación en técnicas psicológicas diversas que puedan favorecer positivamente la vida de los pacientes. Potencializar es ir más allá de la rutina del quehacer psicológico o psiquiátrico. La dignidad, por su parte, presupone que la profesión vale la pena, cumple un importante rol social, sirve a muchos, con efectividad relativa, pero es útil. Y más en una época donde lo tecnológico y científico es lo que se privilegia, valora y se da por efectivo-legítimo sobre el ser humano. Las ciencias de la salud mental también tienen su arte, su pericia, su desafío, su frustración, pero al fin y al cabo, siempre habrá gente pidiendo asesoría; habrá personas trastornadas; surgirán nuevos trastornos de la personalidad y la conducta humana; siempre se necesitará una mirada práctica sobre el comportamiento humano: y eso lo hacen los psicoterapeutas.

17. 4 La decisión mortal

Los psicoterapeutas que se suicidan o deciden acabar con su vida niegan toda efectividad y realización posible del arte, teoría, práctica psicológico-psiquiátrica realizada en el transcurso de su vida laboral o profesional. Significa, repetimos, que mucho o nada de lo aprendido sirvió a su propia causa o que hubo mayores conflictos, perturbaciones y frustraciones sin resolver en el mismo psicoterapeuta que en los consultantes que se trataban. La decisión mortal pondría fin a las crisis personales, las enfermedades difíciles, las frustraciones de la vida, la soledad personal, el vacío y conflicto interior, cierto sinsentido del existir, pero a la postre se manifiesta un vacío, incertidumbre, expectativa, melancolía, tristeza de lo que hubiese podido afrontarse de otra manera pues: ¿Cuántas personas en el mundo pese a su dolor y fatalidad ponen en manos de la Divina Providencia su presente y futuro pero no acaban unilateralmente con su existir?


17. 5 Casos de suicidio en el gremio

Habiendo sido dos psicoanalistas (discípulos) importantes en torno de Freud en los inicios y la consolidación de la teoría (especulativa) psicoanalítica, Wilhelm Stekel y Viktor Tausk[1] decidieron acabar con su vida, luego de años de teorizaciones y el desarrollo de sus “habilidades analíticas”, así como también evidenciaron los conflictos, envidias, neurosis, idolatría, rebeliones, discordias sobre la teoría misma del psicoanálisis, donde Freud fue el máximo accionista del saber analítico, y donde las rupturas teóricas y metodológicas con la corriente no se harían esperar, incluso perduran en el tiempo con los psicoanalistas modernos, quienes se consideran depositarios del saber psicológico y psicopatológico en general.




 “Suicidio melancólico. Se relaciona con un estado general de extrema depresión, de exagerada tristeza, que hace que el enfermo no aprecie seriamente los vínculos que tiene con las personas y cosas que le rodean; los placeres carecen para él de atractivo, lo ve todo negro; la vida le parece fastidiosa y dolorida. Como estas disposiciones son constantes, ocurre lo mismo con la idea del suicidio; están dotadas de una gran fijeza y los motivos generales que los determinan son siempre los mismos. Una muchacha, hija de padres sanos, después de haber pasado la infancia en el campo, se ve obligada, hacia los catorce años, a alejarse de él, para completar su educación; en este momento la ataca un tedio inexplicable, un gusto pronunciado por la soledad; luego, un deseo de morir, que nada puede disipar permanece, durante horas enteras, inmóvil, con los ojos fijos sobre la tierra, con el pecho oprimido, en el estado de una persona que teme un acontecimiento siniestro. En su firme resolución de precipitarse en el río busca los lugares más apartados, para que nadie pueda acudir en su socorro. Sin embargo, comprendiendo mejor que el acto que trata de realizar es un crimen, renuncia a él temporalmente; pero al término de un año la inclinación al suicidio vuelva a ella con más fuerza, y las tentativas se repiten, a poca distancia unas de otras. A menudo en esta disposición general vienen a incrustarse alucinaciones e ideas delirantes que conducen directamente al suicidio. Sólo que no tienen la movilidad de las que hemos observado antes en los monomaníacos; por el contrario, son fijas, como el estado general de que derivan; los temores que torturan al sujeto, los reproches que dirige y los pesares que siente son siempre los mismos. Si esta forma de suicidio está determinada por razones imaginarias, como la precedente, se diferencia de ella por su carácter crónico, y es muy tenaz. Los enfermos de esta categoría preparan con calma sus medios de ejecución, y despliegan en la persecución del fin propuesto una perseverancia y una astucia, a veces increíbles. Nada se asemeja menos a este espíritu de continuidad que la perpetua inestabilidad del maniático. En el uno no hay más que explosiones pasajeras, sin causas durables, mientras que en el otro existe un estado constante, ligado al carácter general del sujeto.”
Emile Durkheim






Un caso particular[2]

“Yo era el apóstol de Freud y él era mi Cristo.” Así se definía Stekel (Austria, Marzo 18, 1868 – Junio 25, 1940) en su autobiografía, el alguna vez llamado discípulo más distinguido de Freud por todos sus aportes a éste, no ha logrado pasar la prueba del tiempo, y si alguna vez es recordado es por algún entusiasta de la historia del psicoanálisis o algún ávido lector de las fuentes de La Interpretación de los Sueños, y si se lo recuerda en la historia del psicoanálisis será por sus desavenencias con Freud, el haberse inventado pacientes e historias clínicas para probar sus teorías, o aquella anécdota de la vez que propuso llevar cuyes a la Asociación Psicoanalítica Vienesa para probar sus experimentos psicoanalíticos.
La palabra clave para referirnos a los métodos de Stekel es instinto. Ernest Jones -otra figura destacable de los primeros años del psicoanálisis, describiría a Stekel como “un psicólogo naturalmente dotado con un toque instintivo inusual para la detección de material reprimido”. Este instinto y su capacidad inventiva fue lo que hizo que se ganara el aprecio y admiración de Freud. Stekel fue de aquellos que trataron al anteriormente mencionado Otto Gross.
Stekel se convirtió en discípulo ferviente de Freud luego de leer La interpretación de los sueños y aún más cuando éste lo curara de su impotencia sexual. “He engrandecido a un Pigmeo, pero no me he fijado en un gigante que tenía al lado”; así halagaba Freud a Stekel luego de la separación de Alfred Adler de la Sociedad Psicoanalítica, Stekel sería, pues, por un tiempo el mimado de Freud, lo denominaba su “colega”, citaba sus aportes e incluso lo reconocía como aquél que le permitió la comprensión del simbolismo onírico. Sin embargo esta relación llegaría a romperse, comenzó enfriándose por un tercero: Carl Gustav Jung el llamado a ser el príncipe del psicoanálisis y heredero absoluto de Freud había entrado en escena, Freud nombró a Jung como presidente de la Asociación Psicoanalítica Internacional provocando la furia de Stekel. Para calmar ánimos Freud nombró a Stekel presidente de la Zeitschrift für die Anwendung der Psychoanalyse auf die Geisteswissenschaften (Revista de Psicoanálisis), mas el daño estaba hecho, y desde aquel día Stekel se distanció de Freud y se dedicó a provocar constantemente a su maestro, Ernest Jones sobre esto diría: “…una de las cosas que posiblemente fastidiaban bastante a Freud era la costumbre que había tomado Stekel de citar en las reuniones de la Sociedad analítica episodios y tendencias de su propia vida, que, por lo que Freud sabía de él, por haberlo analizado, eran falsos. Al mismo tiempo dirigía a Freud una mirada desafiante como para animarlo a desmentirlo, con la consiguiente violación del secreto profesional”. 
Se dice que Stekel logró capturar y aplicar en terapia la esencia de las ideas freudianas mejor que el mismo Freud y cualquier otro de sus pupilos, el éxito de Stekel en sus terapias aplicando el método Freudiano era algo que molestaba sobremanera al siempre inseguro Freud y a todos sus fieles seguidores.  A lo largo de su vida tuvo diversos problemas con sus colegas, aparte de Freud, se cuenta su rivalidad con el pisciano que veremos a continuación Viktor Tausk, quien fue el que acusó a Stekel de mitómano y lo acusó de inventar casos como respaldo de sus hipótesis.
La ruptura definitiva entre Freud y Stekel llegaría precisamente por Tausk y la Zeitschrift, nuevamente Ernest Jones nos platica el episodio: “Ocurría que Stekel y Tausk, por alguna razón se odiaban mutuamente y en la última reunión de la temporada 1911-1912 (mayo 30 de 1912) tuvo lugar entre ellos una escena muy desagradable. Pues Freud, si bien alguna vez había dicho de Tausk que era una “bestia salvaje”, tenía una opinión muy elevada de su capacidad y precisamente entonces quería que se encargara de la sección bibliográfica del Zentralblatt, que se hallaba muy descuidada. Stekel se puso inmediatamente a la ofensiva, declarando que no permitiría la aparición de una sola línea de Tausk en su Zentralblatt. Freud le recordó que la revista era el órgano oficial de la Asociación Internacional y que tales pretensiones estaban fuera de lugar. Pero Stekel había tomado una actitud arrogante y no estaba dispuesto a ceder. Su éxito en el terreno del simbolismo le daba la sensación de haber superado a Freud…. Freud escribió a Bergmann, el editor, solicitándole el reemplazo de Stekel como encargado de la revista. Pero también le escribió Stekel, y el asombrado editor replicó que las cosas quedarían tal cual hasta completarse el tomo en curso después de lo cual se proponía interrumpir del todo la publicación de la revista. Entretanto, en la reunión del 6 de noviembre, fue anunciada la decisión de Stekel de retirarse de la Sociedad de Viena. “Freud tenía el complejo de la horda primitiva. Él es el viejo, temeroso de sus discípulos.” decía Stekel, a lo que Freud respondía: “Stekel es un hombre sin escrúpulos, sin consideración para con los demás, de ambiciones de lo más mezquinas, del tamaño de un guisante”. 
Stekel se convertía así en el segundo disidente de la escuela Freudiana después de Adler. Luego de su partida fundaría su propia escuela criticando los análisis interminables de los Freudianos, y propuso un modelo de cura psicoanalítica basada en los principios de la técnica activa, técnica que fundó los cimientos de la terapia moderna.
Sketel acusaba constantemente a Freud de haberle robado sus ideas y no darle al reconocimiento que merecía, finalmente éste reconoce el aporte de Sketel, aunque no de tan buena gana, en un agregado de 1925 al capítulo VI de La Interpretación de los Sueños:
 “Este autor Stekel, que quizás ha traído al psicoanálisis tantos prejuicios como beneficios, aportó gran número de traducciones simbólicas insospechadas; al principio no hallaron crédito, pero después en su mayoría se corroboraron y debieron admitirse. No menoscaba el mérito de Stekel la observación de que la reserva escéptica de los otros no era gratuita. En efecto, muchos de los ejemplos en que apoyó sus interpretaciones no eran convincentes, y se sirvió de un método dudoso desde el punto de vista científico. Stekel descubrió sus interpretaciones simbólicas por vía de la intuición, en virtud de una facultad que le es propia, de comprensión inmediata de los símbolos. Pero un arte así no puede presuponerse en todos los individuos, su modo de operar no puede ser sometido a la crítica y, por tanto, sus resultados no pueden exigir credibilidad” 
Al igual que Jung y Abraham, Stekel también tenía sus teorías extravagantes, como por ejemplo demostrar la importancia psicológica de los apellidos y la influencia (elección de carreras, matrimonio, etc.) de éstos en las personas, decía que la única cura para la impotencia es el matrimonio con amor: “Es la única cura terapéutica de la impotencia. El amor es el único amo del instinto.” (Stekel, W., L’homme impuissant, Gallimard, Paris, 1950, p. 332.).
Sostuvo que la masturbación y el coito interrumpido son en general inofensivos y cuestionó la existencia de las neurosis como tal. Obligó a Freud a aceptar que la ansiedad podría tener raíces psicológicas y lo obligó a inventar una nueva categoría de diagnóstico: histeria de angustia, para estos casos. Stekel, sin embargo, fue más allá y afirmó que toda la ansiedad tenía una etiología psicológica; los estados de ansiedad surgen de un conflicto psicológico, que podría o no ser sexual. En su opinión, la homosexualidad era una neurosis y no constitucional. El concepto de anulación fue totalmente de Stekel, y él también concibió la idea de la “gran misión histórica”​​. En los sueños, descubrió la importancia del simbolismo de la muerte, que Freud posteriormente adoptó en su ensayo de 1922 ‘Traum und Télépathie’.
Fue un escritor prolífico, produjo cincuenta libros (muchos de ellos al público en general como buen divulgador científico), cientos de artículos de prensa y numerosos artículos científicos. La parte más importante del trabajo psicoanalítico de Stekel está contenida en sus diez volúmenes Störungen des Trieb-und Affektlebens (Alteraciones de los impulsos y las emociones). El primer volumen fue de Condiciones de ansiedad nerviosa y su tratamiento (1923). Fue seguido por volúmenes sobre la masturbación y la homosexualidad, la frigidez en las mujeres, impotencia en los hombres, infantilismo psicosexual, las peculiaridades de la conducta, el fetichismo, el sadismo y el masoquismo, y, finalmente, dos volúmenes sobre la compulsión y la duda. Otros libros académicos que merecen especial mención son Die Sprache des Traumes (El lenguaje de los sueños, 1911), Die Träume der Dichter (Los sueños de poetas, 1912), La interpretación de los sueños (1943), y la Técnica de la Psicoterapia Analítica (1939). El más conocido de sus libros populares fue su Primer for Mothers (1931). Todos estos textos muy influyentes en la época y que ahora no son más que simples citas a pie de página.
Pero el fin llegaría… Stekel enfermo de diabetes y sabiéndose afectado de gangrena en un pie, se suicidó en Londres el 25 de junio de 1940, en una habitación de hotel, con una fuerte inyección de insulina: la entrada de los nazis en París y la perspectiva de que la peste negra se apropiara de la totalidad de Europa lo habían hundido en la melancolía, quizá su único lamento al irse fue no haber podido reconciliarse con su maestro nuevamente.
Como curiosidad cabe mencionar que su frase: La marca del hombre inmaduro es que quiere morir noblemente por una causa, mientras que la marca del hombre maduro es que quiere vivir humildemente por una” es mencionada en The Catcher in the Rye de J. D. Salinger, célebre entre otras cosas, por ser el libro favorito de Mark David Chapman; el verdugo de John Lennon.”



Un caso particular


“Viktor Tausk (Marzo 12, 1879, Žilina, Eslovaquia – Julio 3, 1919, Viena, Austria) uno de los más promisorios discípulos y colegas de Freud llamado a ser otro de los príncipes herederos del psicoanálisis, cosa que hubiera ocurrido si Tausk lograba derrotar sus complejos y si Freud no lo hubiera abandonado por considerarlo unheimlich (siniestro, inquietante) y un peligro para el futuro del psicoanálisis. Es en este caso donde nos podemos dar cuenta que Freud varias veces adoptaba el papel de Cronos; devoraba a sus hijos (estudiantes, discípulos) absorbía (robaba) su conocimiento (ideas), envidiaba sus capacidades y luego los desechaba e intentaba hundirlos para que jamás puedan tomar el papel de paladín del psicoanálisis, Freud deseaba pasar a la historia como el único ‘mesías psicoanalítico’ y no permitiría que sus discípulos intenten superarlo y robarle aquel título, como vemos, la historia se encargó de cumplir su deseo.
Viktor, la manifestación puntual de la teoría edípica; amor y odio ante su padre biológico, ambivalencia que, por transferencia, pasarían a Freud. Es así como, al igual que Stekel, ve en Freud su maestro, su guía, y haría de todo para alcanzar su aprobación, el no alcanzar esto le provocaría una de las mayores frustraciones de su vida, una vida llena de tormentas en vasos de agua y tribulaciones que Tausk era incapaz de manejar.
Finalmente, agobiado por todos sus problemas…vería todas las puertas cerrarse, y al no contar con el apoyo de que necesitaba, decidiría acabar con su vida una mañana del jueves 3 de julio de 1919, estrangulándose con un cordón de cortina y disparándose un balazo en la sien. A esta sazón Freud escribiría una carta a Lou Andreas-Salomé (musa, compañera, y amante de Tausk) donde diría: “El pobre Tausk, que su amistad ha distinguido durante cierto tiempo, se suicidó de la manera más radical. Había vuelto cansado, minado por los horrores de la guerra-, se había visto en la obligación de tratar de restablecerse en Viena en las circunstancias más desfavorables de una existencia arruinada por la entrada de las tropas; trató de introducir una nueva mujer en su vida, tenía que casarse ocho días más tarde… pero decidió otra cosa. Sus cartas de adiós a la novia, a su primera mujer y a mí mismo son igualmente afectuosas, dan testimonio de su perfecta lucidez, no acusan a nadie sino a su propia insuficiencia y a su vida frustrada, y por lo tanto no arrojan ninguna luz sobre su acto supremo.” También añadiría lacónicamente: “Confieso que no lo echo verdaderamente de menos. Hacía ya mucho tiempo que lo consideraba inútil e incluso una amenaza para el futuro.”
Lou Andreas–Salomé, mucho más benigna y sensible ante el tema diría: “Me imagino que su muerte debió ser el voluptuoso coronamiento de verse a la vez convertido en agresor y víctima…”. Algo que el mismo Tausk ya había mencionado en una carta del primero de marzo de 1906 que iba dirigida a su esposa: “Soy independiente puesto que nadie depende de mí, y no puedo ser esclavo, ya que no soy amo”. La eterna dicotomía del poder y antipoder presente en nuestras vidas. La misma Salomé, al principio de su idilio con Tausk escribiría: “Desde el principio yo sentí en Tausk esa lucha de la criatura humana, y fue eso lo que me tocó más profundamente. Animal, hermano mío, tú.”
La influencia de Tausk en el psicoanálisis ha sido largamente olvidada. Entre sus principales aportes podemos encontrar estudios sobre la masturbación, los conceptos expuestos por Freud en “Duelo y Melancolía” (1915) fueron ideas originales de Tausk. Quizá su legado más conocido sea su artículo póstumo Acerca de la génesis del aparato de influir en el curso de la esquizofrenia (1919) donde nos habla de un tipo de delirio paranoico en particular donde algunos pacientes clamaban que sus síntomas y delirios de esquizofrenia se debían a una máquina, presumiblemente de origen extraterrestre o ‘infernal’, que afectaba el comportamiento de estas personas. Ahora a esta clase de delirios se los llama “delirios pasividad” o “fenómenos pasividad”.”



[1] Se referencia una nota más biográfica de ambos autores en el  CASO PARTICULAR.

No hay comentarios:

Publicar un comentario