“La palabra suicidio viene del latín y está compuesta
por sui, sí mismo y cidium, muerte, del verbo coedere, ceder, matar. Etimológicamente
significa “darse muerte a sí mismo”. En la literatura fue introducido el
término por el abate Des Fontaines, en 1737… El suicidio es considerado hoy
como un tema inquietante, ya que su misma presencia es generadora de angustias
y rechazos, seguramente por conectarnos con nuestra propia finitud, con lo
inexplicable, con la muerte.”
Bernardo Stamateas
17. 1 El valor
de su (la) vida
En verdad que, lo último que puede ocurrir a un
psicoterapeuta es que acabe con su propia vida, cuando se supone que su labor
era “dar vida” o “ayudar a otros a vivir y mejorar la calidad de la existencia
de sus pacientes”. No obstante, la historia de la psicología está marcada
negativamente por la muerte (suicidio) de varios de sus teóricos, algunos de
gran reconocimiento. Aunque este libro no se hizo como una crítica a la vida de
los profesionales de la salud mental, sí causa bastante curiosidad que en
nuestros anales encontremos casos que van “idealmente” en contra de la
perspectiva-ética de la profesión. De todas formas, siempre surgen
interrogantes cuando un psicoterapeuta se suicida: ¿Cuál era su fundamento o
perspectiva de la vida? ¿Qué tan fuerte o dañino fueron los acontecimientos
vitales para que se tomase dicha decisión? ¿Por qué un psicoterapeuta con
tendencias suicidas no busca ayuda? ¿Qué ocurrió con tanta formación y
capacitación psicológico-psiquiátrica a través de los años? ¿Cuál era la concepción de la naturaleza
humana de aquellos profesionales? ¿Cuál era el proyecto de vida y pasión real
positivos de dichos psicoterapeutas? Porque, hay que ser sinceros, si a uno
mismo, primeramente, no le sirve en algo lo que ha estudiado ¿Por qué el haber
perseverado en ello?... Y un individuo se suicida cuando su vida pierde su
valor, sentido, horizonte y se niegan todas sus posibilidades de realización,
enmienda, renovación.
17. 2 El
suicidio: asesinato de uno mismo
El suicidio es el asesinato de sí mismo. Es la renuncia
personal a otra opción vital y posibilidad humana. Es la negación de toda
dinámica relacional. Es la renuncia a los valores inalienables del individuo.
Es una marcada contraposición a la naturaleza divina y bondadosa del Creador.
Es la renuncia a los valores espirituales. Es el egoísmo en su absoluta
expresión (pensar negativamente en sí mismo y nada más…). Es la minusvaloración
de las oportunidades en la vida; es la renuncia a toda ayuda posible; es el
triunfo supremo del mal sobre la conciencia del individuo. Es la solución fatal
e impulsiva sobre la vida misma; es la influencia del mal, los efectos de las
drogas, los vicios, la despersonalización, las malas decisiones, el
inconformismo, la venganza, la intolerancia, la depresión, la enfermedad, entre otros flagelos que llevan a las
personas a comportamientos funestos. Tema candente, álgido, debatido por
innumerables escritores, literatos, filósofos, grupos socioculturales,
movimientos médicos (la eutanasia); el autor se centra aquí en una perspectiva
más humana y valorativa, y no tanto científica, legal, del asunto, tan
polémico, tan harto de legitimación. Nuestro énfasis aquí es el valor de la
vida del psicoterapeuta, el compromiso con su profesión y quehacer, y la
necesidad de que encuentre sentido en lo que hace, aun cuando los frutos
terapéuticos muchas veces no sean los ideales o los propuestos. El psicoterapeuta
no es Dios, y está sujeto a que los acontecimientos vitales lo derrumben,
poniendo en su mentalidad decisiones trágicas, sobre la base y engaño de que
son autónomas y maduras frente a la sociedad. Los psicoterapeutas que se
suicidan o terminan suicidándose (aunque hayan dejado algunos elementos
teóricos interesantes), en realidad evidencian un fracaso total en su vida; lo estudiado-experimentado no sirvió para
la propia calidad de vida; deja muestras de un vacío y frustración profunda en
su alma.
17. 3
Potencializar-dignificar la vida profesional
La potencialización y dignificación de la profesión de
psicoterapeuta no está dada, necesariamente, por la cantidad de dinero que se
gane o la cantidad de éxito y prestigio que se logre en la profesión. De hecho,
algunos psicoterapeutas obtienen muy buenos ingresos y prestigio social (pero
no es el caso de la mayoría del gremio). La potencialización indica el deseo de
mejoramiento en las habilidades psicológicas y humanas del psicoterapeuta con
relación a sus consultantes o a las instituciones que asesora, gerencia. Esto
genera motivación por el quehacer, que cada día se torna un campo complejo pero
atractivo de experimentación en técnicas psicológicas diversas que puedan
favorecer positivamente la vida de los pacientes. Potencializar es ir más allá
de la rutina del quehacer psicológico o psiquiátrico. La dignidad, por su
parte, presupone que la profesión vale la pena, cumple un importante rol
social, sirve a muchos, con efectividad relativa, pero es útil. Y más en una
época donde lo tecnológico y científico es lo que se privilegia, valora y se da
por efectivo-legítimo sobre el ser humano. Las ciencias de la salud mental
también tienen su arte, su pericia, su desafío, su frustración, pero al fin y
al cabo, siempre habrá gente pidiendo asesoría; habrá personas trastornadas;
surgirán nuevos trastornos de la personalidad y la conducta humana; siempre se
necesitará una mirada práctica sobre el comportamiento humano: y eso lo hacen
los psicoterapeutas.
17. 4 La decisión
mortal
Los psicoterapeutas que se suicidan o deciden acabar con
su vida niegan toda efectividad y realización posible del arte, teoría,
práctica psicológico-psiquiátrica realizada en el transcurso de su vida laboral
o profesional. Significa, repetimos, que mucho o nada de lo aprendido sirvió a
su propia causa o que hubo mayores conflictos, perturbaciones y frustraciones sin
resolver en el mismo psicoterapeuta que en los consultantes que se trataban. La
decisión mortal pondría fin a las crisis personales, las enfermedades
difíciles, las frustraciones de la vida, la soledad personal, el vacío y
conflicto interior, cierto sinsentido del existir, pero a la postre se
manifiesta un vacío, incertidumbre, expectativa, melancolía, tristeza de lo que
hubiese podido afrontarse de otra manera pues: ¿Cuántas personas en el mundo
pese a su dolor y fatalidad ponen en manos de la Divina Providencia su presente
y futuro pero no acaban unilateralmente con su existir?
17. 5 Casos de
suicidio en el gremio
Habiendo
sido dos psicoanalistas (discípulos) importantes en torno de Freud en los
inicios y la consolidación de la teoría (especulativa) psicoanalítica, Wilhelm Stekel y Viktor Tausk[1]
decidieron acabar con su vida, luego de años de teorizaciones y el desarrollo
de sus “habilidades analíticas”, así como también evidenciaron los conflictos,
envidias, neurosis, idolatría, rebeliones, discordias sobre la teoría misma del
psicoanálisis, donde Freud fue el máximo accionista del saber analítico, y
donde las rupturas teóricas y metodológicas con la corriente no se harían
esperar, incluso perduran en el tiempo con los psicoanalistas modernos, quienes
se consideran depositarios del saber psicológico y psicopatológico en general.
“Suicidio melancólico. Se relaciona con un estado
general de extrema depresión, de exagerada tristeza, que hace que el enfermo no
aprecie seriamente los vínculos que tiene con las personas y cosas que le
rodean; los placeres carecen para él de atractivo, lo ve todo negro; la vida le
parece fastidiosa y dolorida. Como estas disposiciones son constantes, ocurre
lo mismo con la idea del suicidio; están dotadas de una gran fijeza y los
motivos generales que los determinan son siempre los mismos. Una muchacha, hija
de padres sanos, después de haber pasado la infancia en el campo, se ve
obligada, hacia los catorce años, a alejarse de él, para completar su
educación; en este momento la ataca un tedio inexplicable, un gusto pronunciado
por la soledad; luego, un deseo de morir, que nada puede disipar permanece, durante
horas enteras, inmóvil, con los ojos fijos sobre la tierra, con el pecho
oprimido, en el estado de una persona que teme un acontecimiento siniestro. En
su firme resolución de precipitarse en el río busca los lugares más apartados,
para que nadie pueda acudir en su socorro. Sin embargo, comprendiendo mejor que
el acto que trata de realizar es un crimen, renuncia a él temporalmente; pero
al término de un año la inclinación al suicidio vuelva a ella con más fuerza, y
las tentativas se repiten, a poca distancia unas de otras. A menudo en esta
disposición general vienen a incrustarse alucinaciones e ideas delirantes que
conducen directamente al suicidio. Sólo que no tienen la movilidad de las que
hemos observado antes en los monomaníacos; por el contrario, son fijas, como el
estado general de que derivan; los temores que torturan al sujeto, los
reproches que dirige y los pesares que siente son siempre los mismos. Si esta
forma de suicidio está determinada por razones imaginarias, como la precedente,
se diferencia de ella por su carácter crónico, y es muy tenaz. Los enfermos de
esta categoría preparan con calma sus medios de ejecución, y despliegan en la
persecución del fin propuesto una perseverancia y una astucia, a veces
increíbles. Nada se asemeja menos a este espíritu de continuidad que la
perpetua inestabilidad del maniático. En el uno no hay más que explosiones
pasajeras, sin causas durables, mientras que en el otro existe un estado
constante, ligado al carácter general del sujeto.”
Emile Durkheim
Un caso
particular[2]
“Yo era el apóstol de Freud y
él era mi Cristo.” Así se definía Stekel (Austria, Marzo 18, 1868 – Junio
25, 1940) en su autobiografía, el alguna vez llamado discípulo más
distinguido de Freud por todos sus aportes a éste, no ha logrado pasar la
prueba del tiempo, y si alguna vez es recordado es por algún entusiasta de la
historia del psicoanálisis o algún ávido lector de las fuentes de La
Interpretación de los Sueños, y si se lo recuerda en la historia del
psicoanálisis será por sus desavenencias con Freud, el haberse inventado
pacientes e historias clínicas para probar sus teorías, o aquella anécdota de
la vez que propuso llevar cuyes a la Asociación Psicoanalítica Vienesa
para probar sus experimentos psicoanalíticos.
La palabra clave para referirnos a
los métodos de Stekel es instinto. Ernest Jones -otra figura destacable de
los primeros años del psicoanálisis, describiría a Stekel como “un psicólogo
naturalmente dotado con un toque instintivo inusual para la detección de
material reprimido”. Este instinto y su capacidad inventiva fue lo que hizo que
se ganara el aprecio y admiración de Freud. Stekel fue de aquellos que trataron
al anteriormente mencionado Otto Gross.
Stekel
se convirtió en discípulo ferviente de Freud luego de leer La interpretación de los sueños y aún más cuando éste lo curara de su
impotencia sexual. “He engrandecido a un Pigmeo, pero no me he
fijado en un gigante que tenía al lado”; así halagaba Freud a
Stekel luego de la separación de Alfred Adler de la Sociedad Psicoanalítica,
Stekel sería, pues, por un tiempo el mimado de Freud, lo denominaba su
“colega”, citaba sus aportes e incluso lo reconocía como aquél que le permitió
la comprensión del simbolismo onírico. Sin embargo esta relación llegaría a
romperse, comenzó enfriándose por un tercero: Carl Gustav Jung el llamado a ser
el príncipe del psicoanálisis y heredero absoluto de Freud había entrado en
escena, Freud nombró a Jung como presidente de la Asociación
Psicoanalítica Internacional provocando la furia de Stekel. Para calmar ánimos
Freud nombró a Stekel presidente de la Zeitschrift
für die Anwendung der Psychoanalyse auf die Geisteswissenschaften (Revista de Psicoanálisis), mas el
daño estaba hecho, y desde aquel día Stekel se distanció de Freud y se dedicó a
provocar constantemente a su maestro, Ernest Jones sobre esto diría: “…una
de las cosas que posiblemente fastidiaban bastante a Freud era la costumbre que
había tomado Stekel de citar en las reuniones de la Sociedad analítica
episodios y tendencias de su propia vida, que, por lo que Freud sabía de él,
por haberlo analizado, eran falsos. Al mismo tiempo dirigía a Freud una mirada
desafiante como para animarlo a desmentirlo, con la consiguiente violación del
secreto profesional”.
Se dice que Stekel logró capturar y
aplicar en terapia la esencia de las ideas freudianas mejor que el mismo Freud
y cualquier otro de sus pupilos, el éxito de Stekel en sus terapias aplicando
el método Freudiano era algo que molestaba sobremanera al siempre inseguro
Freud y a todos sus fieles seguidores. A lo largo de su vida tuvo
diversos problemas con sus colegas, aparte de Freud, se cuenta su rivalidad con
el pisciano que veremos a continuación Viktor Tausk, quien fue el que acusó a
Stekel de mitómano y lo acusó de inventar casos como respaldo de sus
hipótesis.
La
ruptura definitiva entre Freud y Stekel llegaría precisamente por Tausk y
la Zeitschrift, nuevamente Ernest Jones nos platica
el episodio: “Ocurría que Stekel y Tausk, por alguna razón se odiaban
mutuamente y en la última reunión de la temporada 1911-1912 (mayo 30 de 1912)
tuvo lugar entre ellos una escena muy desagradable. Pues Freud, si bien alguna
vez había dicho de Tausk que era una “bestia salvaje”, tenía una opinión muy
elevada de su capacidad y precisamente entonces quería que se encargara de la
sección bibliográfica del Zentralblatt, que se hallaba muy descuidada. Stekel
se puso inmediatamente a la ofensiva, declarando que no permitiría la aparición
de una sola línea de Tausk en su Zentralblatt. Freud le recordó que la revista
era el órgano oficial de la Asociación Internacional y que tales pretensiones
estaban fuera de lugar. Pero Stekel había tomado una actitud arrogante y no
estaba dispuesto a ceder. Su éxito en el terreno del simbolismo le daba la
sensación de haber superado a Freud…. Freud escribió a Bergmann, el editor,
solicitándole el reemplazo de Stekel como encargado de la revista. Pero también
le escribió Stekel, y el asombrado editor replicó que las cosas quedarían tal
cual hasta completarse el tomo en curso después de lo cual se proponía
interrumpir del todo la publicación de la revista. Entretanto, en la reunión
del 6 de noviembre, fue anunciada la decisión de Stekel de retirarse de la
Sociedad de Viena. “Freud tenía el complejo de la horda primitiva. Él es el
viejo, temeroso de sus discípulos.” decía Stekel, a lo que Freud
respondía: “Stekel es un hombre sin escrúpulos, sin consideración para
con los demás, de ambiciones de lo más mezquinas, del tamaño de un
guisante”.
Stekel se convertía así en el
segundo disidente de la escuela Freudiana después de Adler. Luego de su partida
fundaría su propia escuela criticando los análisis interminables de los
Freudianos, y propuso un modelo de cura psicoanalítica basada en los principios
de la técnica activa, técnica que fundó los cimientos de la terapia moderna.
Sketel acusaba constantemente a
Freud de haberle robado sus ideas y no darle al reconocimiento que merecía,
finalmente éste reconoce el aporte de Sketel, aunque no de tan buena gana, en
un agregado de 1925 al capítulo VI de La Interpretación de los Sueños:
“Este
autor Stekel, que quizás ha traído al psicoanálisis tantos prejuicios como
beneficios, aportó gran número de traducciones simbólicas insospechadas; al
principio no hallaron crédito, pero después en su mayoría se corroboraron y
debieron admitirse. No menoscaba el mérito de Stekel la observación de que la
reserva escéptica de los otros no era gratuita. En efecto, muchos de los
ejemplos en que apoyó sus interpretaciones no eran convincentes, y se sirvió de
un método dudoso desde el punto de vista científico. Stekel descubrió sus
interpretaciones simbólicas por vía de la intuición, en virtud de una facultad
que le es propia, de comprensión inmediata de los símbolos. Pero un arte así no
puede presuponerse en todos los individuos, su modo de operar no puede ser
sometido a la crítica y, por tanto, sus resultados no pueden exigir
credibilidad”
Al igual que Jung y Abraham, Stekel
también tenía sus teorías extravagantes, como por ejemplo demostrar la
importancia psicológica de los apellidos y la influencia (elección de carreras,
matrimonio, etc.) de éstos en las personas, decía que la única cura para la
impotencia es el matrimonio con amor: “Es la única cura terapéutica de la
impotencia. El amor es el único amo del instinto.” (Stekel, W., L’homme
impuissant, Gallimard, Paris, 1950, p. 332.).
Sostuvo que la masturbación y el
coito interrumpido son en general inofensivos y cuestionó la existencia de las
neurosis como tal. Obligó a Freud a aceptar que la ansiedad podría tener raíces
psicológicas y lo obligó a inventar una nueva categoría de diagnóstico:
histeria de angustia, para estos casos. Stekel, sin embargo, fue más allá y
afirmó que toda la ansiedad tenía una etiología psicológica; los estados de
ansiedad surgen de un conflicto psicológico, que podría o no ser sexual. En su
opinión, la homosexualidad era una neurosis y no constitucional. El concepto de
anulación fue totalmente de Stekel, y él también concibió la idea de la “gran
misión histórica”. En los sueños, descubrió la importancia del simbolismo
de la muerte, que Freud posteriormente adoptó en su ensayo de 1922 ‘Traum und
Télépathie’.
Fue un escritor prolífico, produjo
cincuenta libros (muchos de ellos al público en general como buen divulgador
científico), cientos de artículos de prensa y numerosos artículos científicos.
La parte más importante del trabajo psicoanalítico de Stekel está contenida en
sus diez volúmenes Störungen des Trieb-und Affektlebens (Alteraciones de los
impulsos y las emociones). El primer volumen fue de Condiciones de ansiedad
nerviosa y su tratamiento (1923). Fue seguido por volúmenes sobre la
masturbación y la homosexualidad, la frigidez en las mujeres, impotencia en los
hombres, infantilismo psicosexual, las peculiaridades de la conducta, el
fetichismo, el sadismo y el masoquismo, y, finalmente, dos volúmenes sobre la
compulsión y la duda. Otros libros académicos que merecen especial mención son
Die Sprache des Traumes (El lenguaje de los sueños, 1911), Die Träume der
Dichter (Los sueños de poetas, 1912), La interpretación de los sueños (1943), y
la Técnica de la Psicoterapia Analítica (1939). El más conocido de sus libros
populares fue su Primer for Mothers (1931). Todos estos textos muy influyentes
en la época y que ahora no son más que simples citas a pie de página.
Pero el fin llegaría… Stekel
enfermo de diabetes y sabiéndose afectado de gangrena en un pie, se
suicidó en Londres el 25 de junio de 1940, en una habitación de hotel, con
una fuerte inyección de insulina: la entrada de los nazis en París y la
perspectiva de que la peste negra se apropiara de la totalidad de Europa
lo habían hundido en la melancolía, quizá su único lamento al irse fue no
haber podido reconciliarse con su maestro nuevamente.
Como
curiosidad cabe mencionar que su frase: “La marca del hombre inmaduro es
que quiere morir noblemente por una causa, mientras que la marca del hombre
maduro es que quiere vivir humildemente por una” es
mencionada en The Catcher in the Rye de J. D. Salinger, célebre entre otras
cosas, por ser el libro favorito de Mark David Chapman; el verdugo de John
Lennon.”
Un caso
particular
“Viktor
Tausk (Marzo 12, 1879, Žilina, Eslovaquia – Julio 3, 1919, Viena,
Austria) uno de los más promisorios discípulos y colegas de Freud llamado a ser
otro de los príncipes herederos del psicoanálisis, cosa que hubiera ocurrido si
Tausk lograba derrotar sus complejos y si Freud no lo hubiera abandonado por
considerarlo unheimlich (siniestro,
inquietante) y un peligro para el futuro del psicoanálisis. Es en
este caso donde nos podemos dar cuenta que Freud varias veces adoptaba el papel
de Cronos; devoraba a sus hijos (estudiantes, discípulos) absorbía (robaba) su
conocimiento (ideas), envidiaba sus capacidades y luego los desechaba e
intentaba hundirlos para que jamás puedan tomar el papel de paladín del
psicoanálisis, Freud deseaba pasar a la historia como el único ‘mesías
psicoanalítico’ y no permitiría que sus discípulos intenten superarlo y robarle
aquel título, como vemos, la historia se encargó de cumplir su deseo.
Viktor, la manifestación puntual de
la teoría edípica; amor y odio ante su padre biológico, ambivalencia que, por
transferencia, pasarían a Freud. Es así como, al igual que Stekel, ve en
Freud su maestro, su guía, y haría de todo para alcanzar su aprobación, el no
alcanzar esto le provocaría una de las mayores frustraciones de su vida, una vida
llena de tormentas en vasos de agua y tribulaciones que Tausk era incapaz de
manejar.
Finalmente, agobiado por todos sus
problemas…vería todas las puertas cerrarse, y al no contar con el apoyo de que
necesitaba, decidiría acabar con su vida una mañana del jueves 3 de julio
de 1919, estrangulándose con un cordón de cortina y disparándose un balazo
en la sien. A esta sazón Freud escribiría una carta a Lou Andreas-Salomé
(musa, compañera, y amante de Tausk) donde diría: “El pobre Tausk, que su amistad
ha distinguido durante cierto tiempo, se suicidó de la manera más radical.
Había vuelto cansado, minado por los horrores de la guerra-, se había visto en
la obligación de tratar de restablecerse en Viena en las circunstancias más
desfavorables de una existencia arruinada por la entrada de las tropas; trató
de introducir una nueva mujer en su vida, tenía que casarse ocho días más
tarde… pero decidió otra cosa. Sus cartas de adiós a la novia, a su primera
mujer y a mí mismo son igualmente afectuosas, dan testimonio de su perfecta
lucidez, no acusan a nadie sino a su propia insuficiencia y a su vida
frustrada, y por lo tanto no arrojan ninguna luz sobre su acto supremo.”
También añadiría lacónicamente: “Confieso que no lo echo verdaderamente de
menos. Hacía ya mucho tiempo que lo consideraba inútil e incluso una amenaza
para el futuro.”
Lou Andreas–Salomé, mucho más
benigna y sensible ante el tema diría: “Me imagino que su muerte debió ser el
voluptuoso coronamiento de verse a la vez convertido en agresor y víctima…”.
Algo que el mismo Tausk ya había mencionado en una carta del primero de marzo
de 1906 que iba dirigida a su esposa: “Soy independiente puesto que nadie
depende de mí, y no puedo ser esclavo, ya que no soy amo”. La eterna dicotomía
del poder y antipoder presente en nuestras vidas. La misma Salomé, al principio
de su idilio con Tausk escribiría: “Desde el principio yo sentí en Tausk
esa lucha de la criatura humana, y fue eso lo que me tocó más profundamente.
Animal, hermano mío, tú.”
La
influencia de Tausk en el psicoanálisis ha sido largamente olvidada. Entre sus
principales aportes podemos encontrar estudios sobre la masturbación, los
conceptos expuestos por Freud en “Duelo y Melancolía” (1915) fueron ideas
originales de Tausk. Quizá su legado más conocido sea su artículo póstumo Acerca de la génesis
del aparato de influir en el curso de la esquizofrenia (1919) donde nos
habla de un tipo de delirio paranoico en particular donde algunos
pacientes clamaban que sus síntomas y delirios de esquizofrenia se debían
a una máquina, presumiblemente de origen extraterrestre o ‘infernal’, que
afectaba el comportamiento de estas personas. Ahora a esta clase de delirios se
los llama “delirios pasividad” o “fenómenos pasividad”.”


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