sábado, 12 de diciembre de 2015

16. PSICOTERAPEUTAS DEPRESIVOS



“Las depresiones son un grupo heterogéneo de trastornos afectivos que se caracterizan por un estado de ánimo deprimido, disminución del disfrute, apatía y pérdida de interés en el trabajo, sentimientos de minusvalía, insomnio, anorexia e ideación suicida. A menudo manifiestan ansiedad y síntomas somáticos variados. El paciente con depresión no tiene historia previa de manía o de hipomanía, dicho antecedente la convierte en trastorno bipolar.”
Dr. Luis E. Yepes


16. 1 El significado de la existencia

Cada persona, por supuesto, si ésta no se encuentra gravemente perturbada en sus facultades mentales, posee una concepción de vida. Dicha concepción revela su estilo de vida, su pensamiento, su accionar, lo que considera relevante o no para sí misma. Esto la hace vivir o en caso negativo la conduce paulatinamente hacia su deceso. La depresión, otro gran tópico de la literatura médico-psicológica, ha hecho derramar bastante tinta e investigación, así como generado también labor terapéutica incesante. La depresión, pues, es uno de los grandes males psicológicos del comportamiento humano en nuestro tiempo (junto al estrés, la personalidad antisocial, las perversiones sexuales, los trastornos de la ansiedad, el suicidio, etc.). En ella, como característica central se percibe en el individuo una pérdida del sentido de la vida y su valor significativo; incluye minusvalía, desánimo, abandono, ansiedad, tendencias suicidas, amargura, tristeza, y en casos más patológicos manía-hipomanía en lo que se ha denominado los trastornos de tipo bipolar. Los psicólogos y los psiquiatras no son la excepción. En algunos suicidios de estos terapeutas se ha encontrado rasgos o síntomas depresivos como antecedente. Sin duda que, la existencia en general también debe poseer un sentido o significado para el psicoterapeuta que lo mantengan “centrado” en torno de su quehacer profesional y su vida integral en cuestión.



16. 2 El sentido de las cosas

Cuando se es psicoterapeuta se ha asumido un “rol” muy especial dentro del amplio campo de la vida profesional, los artes y los oficios humanos. El “imaginario” de las ciencias humanas y de la salud es bastante alto, y las personas en sociedad esperan mucha ayuda de estos roles; incluso en algunos casos causan cierta curiosidad, como si existieran ciertas fórmulas para “sanar”, “curar”, el comportamiento humano perturbado. La verdad es que no hay secretos ni misterios, como trató sutilmente de sugerir el psicoanálisis (con los análisis “profundos” de la personalidad – sobre la base de constructos teóricos especulativos – no certeros), y esto lo afirmo con todo el respeto que me genera la teoría con sus aportes muy bienintencionados de los autores clásicos y algunos contemporáneos. Pero para el profesional de la salud mental la existencia debe poseer un sentido práctico y especial que dinamice sus acciones en torno de una humanidad bastante perturbada (observe cada día cualquier noticiero y percibirá la condición humana patológica en diversas áreas de la cotidianidad…). Las “cosas”, pues, tienen su sentido, su intencionalidad, son fenómenos que interpretar, y encontraremos buenas verdades, “a medias”, y  que paso a paso nos aproximan hacia una comprensión más humana y discriminativa de la llamada “naturaleza humana”.


16. 3 Cuando se pierde el control

La depresión[1] también puede ser “interpretada” como una pérdida del control de la propia rutina y unidad personal como individuo. En dicha sintomatología los psicoterapeutas pueden ver mermada su motivación, relaciones interpersonales, sentido de la vida, autocuidado, rol profesional,  sobre la base de problemas personales no resueltos que superan su capacidad teórico-intelectual como profesionales de la salud mental. Recuérdese que una de las posibles interpretaciones en la etiología de las depresiones es la pérdida del sentido personal (¿la esencia de la vida personal?), hablando psicológicamente, pero también el psicoterapeuta puede caer en la desesperanza aprendida cuando observa que muchos eventos no cambian por más que se opere sobre ellos (en su propia vida, en su familia, en su trabajo, en sus pacientes…). La depresión es una pérdida del control de la propia existencia cotidiana que sutilmente se manifiesta cuando ya ha tomado ventaja psicológica y espiritual sobre la autoestima, el pensamiento, las actitudes, la actividad, el trabajo, la motivación, sueño, alimentación, afectividad, que envuelve y atrapa al individuo y hace difícil su escapatoria (¿liberación?) frente a las sensaciones negativas que produce dicho trastorno. Así que preguntas importantes de autoevaluación personal como psicoterapeutas son las tradicionales: ¿Estamos satisfechos con nuestra vida-existencia? ¿Nos sentimos vacíos, incompletos? ¿Tenemos miedo de que algo repentino nos suceda? ¿Estamos muy felices la mayor parte del tiempo? ¿Estamos muy aislados de los demás? ¿Nos ha afectado alguna pérdida en la vida? ¿Estamos enfermos médicamente con cierta gravedad o preocupación?...
 

16. 4 La recuperación del sentido y la motivación personal

Los psicoterapeutas sanos, equilibrados, mantienen un nivel adecuado-alto de motivación por lo que hacen; son conscientes de que los acontecimientos vitales pueden venir de un momento a otro, pero cuentan con la resiliencia y el afrontamiento necesarios para resistir y superar los embates de la existencia (que he repetido hasta el cansancio en varios de mis textos); estos embates son inesperados, repentinos, incómodos, desafiantes, confrontantes, a veces injustos, incomprensibles, pero la madurez personal y profesional surge del aprendizaje que se obtenga de ellos. La motivación indica que la propia vida vale la pena y es importante, y que los consultantes también merecen nuestro mejoramiento continuo para poder favorecerles lo mejor posible en sus crisis personales y existenciales.


16. 5 Supere la depresión

Como la vida para nadie es un juego o un evento fácil, sino que implica seriedad, disfrute, desafíos, fatalidades, frustraciones, éxitos, compromiso, entre otras miles de cosas más, la depresión surge como un termómetro de nuestro estado anímico, psicológico y espiritual. Aparece porque, no sólo biológicamente, nuestro sentido del valor personal y de la existencia humana se ven menoscabados. Entonces ubicamos el momento donde comenzamos a perder el sentido de valor propio y la motivación positiva por la vida. Recordemos que los factores pueden ser diversos, pero precisar desde qué instante se inicia el derrumbe personal, el desánimo en general y el abandono de sí, son fundamentales para sacudirse de lo que afecta el mismo espíritu del psicoterapeuta. Aquí la decisión individual, profunda, comprometida, de reiniciar las metas, proyectos y mejorar el rol profesional son puntos vitales para la superación de los síntomas depresivos. En casos más delicados el apoyo y acompañamiento de un buen colega o un amigo de verdad pueden obrar efectos positivos en el propio carácter. Tenga en cuenta que psicólogos famosos como William James, quien padeció constantes depresiones aparte de tener ideas suicidas, encontró en la fe religiosa una poderosa herramienta para su estabilidad emocional.

“La palabra depresión significa cosas diferentes a diferentes personas. Los psicólogos y los médicos usan definiciones que incluyen síntomas que se observan. Ellos hablan de depresión clínica, en la cual los sentimientos han llegado a ser tan intensos que los síntomas psicológicos se vuelven evidentes. La mayoría está de acuerdo, sin embargo, que la depresión es una gran máscara. Una persona puede estar deprimida y no experimentar ninguno de los síntomas comunes. Yo uso la palabra con su significado común, como el sentimiento que va más allá del desánimo temporal.”
Miriam  Neff



Un caso particular


“OJO CON LA DEPRESION[2] (Miguel Lázaro, Médico Psiquiatra)
El otro día en la consulta una de mis muchas pacientes que acuden padeciendo una depresión me la describía como “un no a todo” y seguía comentando que solo el que la padecía sabia lo “devastadora que era”. Esta magnífica descripción de la enfermedad que mas hace sufrir al ser humano y a su familia me llevo a pensar en otro paciente que me decía que ante una depresión “uno quiere pero no puede”, revelando que la voluntad no es la clave para superarla. Otra paciente me decía “que cuesta mucho aceptar que uno tiene una depresión y además que si no hay motivos no es normal tener una depresión” .Otros acuden sin saber que lo que tienen es una depresión y hablan de ansiedad, cansancio, irritabilidad, dolores osteoarticulares y musculares difusos que no ceden a analgésicos, alteraciones de memoria, aumento del consumo de alcohol y estrés. Otros entienden que si tienen motivos lo que les pasa no es una depresión sino una reacción emocional, que será pasajera. Muchos de los/las pacientes que las sufren han intentado resistir y superarla echando mano del coraje y de la voluntad, hasta que al final se desmoronan. Cuanto sufrimiento inútil y estéril hasta que se la reconoce y uno tiene el valor de pedir ayuda. En la depresión duele todo: el pasado, el presente y el futuro. Golpea al cuerpo y al alma. La depresión ataca y mina los vínculos afectivos. Todo se cuestiona pero lo que más se machaca es la autoestima. La depresión es algo más que la tristeza y es más grande que el pesar. Si usted esta deprimido/a piense que no es el único ya que es una enfermedad muy frecuente. Sorprende pero todavía hay médicos que son reacios a diagnosticarla. La depresión afecta a como pensamos, a como nos sentimos, a como nos comportamos, a como nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás y produce síntomas físicos. Uno esta triste y no puede alegrarse. Muchas veces se pierde la esperanza de volver a estar bien. Cuantas disfunciones familiares son consecuencia y a la vez causa de una depresión. Cuanto nos cuesta reconocer nuestra vulnerabilidad y nuestra dependencia. Cuantos estúpidos/as critican a sus parientes depresivos/as añadiéndoles toneladas de culpa ya que “no pones voluntad, lo haces porque quieres, no tienes motivo o la vida hay que lucharla”. Extraño mundo el nuestro en el que cuando uno se siente muy triste debe pedir perdón. Cuantos remordimientos cuando se consumen chocolatinas a tope, con lo que nos gustaban cuando éramos niños/as. Hay que superar la cultura de la vergüenza: “nada de lo que es humano nos es ajeno”. No hay atajos para curar una depresión, si le parece que la tiene dígalo cuanto antes a su familia y consulte con su médico. Su médico sabe cómo ayudarle. En poco tiempo va a mejorar y usted volverá a estar como es. Usted no es culpable de estar deprimido/a pero es corresponsable con su médico de la curación. Es usted quien construye su tratamiento.”



[1] Por supuesto que existen explicaciones médicas, neuroquímicas, biológicas,  neurofisiológicas, neuroendocrinas, espirituales, etc., de los trastornos depresivos.

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