sábado, 12 de diciembre de 2015

18. PSICOTERAPEUTAS CON TRASTORNO DE LA PERSONALIDAD



“El análisis de todo individuo ofrece siempre nuevos problemas, inclusive para el analista de mayor experiencia. En cada paciente se enfrenta con dificultades que nunca vio antes, con actitudes difíciles de reconocer y aún más de explicar, con reacciones muy distantes de ser transparentes a primera vista. Semejante variedad en los casos no nos sorprenderá si recordamos la complejidad de la estructura del carácter neurótico… y si tomamos en consideración los múltiples factores implícitos. La diversidad de herencia y las diferentes experiencias que una persona ha sufrido en su vida, particularmente en su infancia, producen casi ilimitadas variantes en la combinación de los factores involucrados.”
Karen Horney





18. 1 Psicoterapeutas narcisos

Reconozco que este no es un capítulo fácil, pero podemos recalcar ciertos aspectos o rasgos que pueden efectivamente manifestarse en los psicoterapeutas, y de los cuales éstos no son conscientes todo el tiempo, o dan por hecho que no es con ellos, o no les podrían afectar dado su rol y posición como terapeutas con relativa o excelente formación profesional. De esta manera pudiera encontrarse profesionales de la salud mental bajo los rasgos narcisistas, muy ególatras y centrados en sí mismos, cuyo deseo de prestigio, admiración, fama, reconocimiento pudieran desbordar la intencionalidad inicial de su labor como psicoterapeutas con carácter más humano y servicial. Estos profesionales se quieren y estiman demasiado a sí mismos; se consideran grandiosos, excesivamente especiales como profesionales; brillantez, poder, vanidad o idealismos diversos, pueden opacar su oficio y no poder centrarse o captar las necesidades de sus pacientes (empatía). Así mismo pueden mirar a sus colegas con cierta envidia o creerse superiores a ellos; en este sentido su autoimportancia es desproporcionada con respecto a lo que realmente han logrado o son capaces de hacer como psicoterapeutas. El narcisismo es necesario superarse dada la necesidad de empatía, calidad humana, apertura que requiere la relación terapeuta-paciente, así como la humildad, dada la baja efectividad de las psicoterapias en general, por las perturbaciones diversas y profundas del carácter humano a tratar.


18. 2 Psicoterapeutas histriónicos

Por su parte también existen profesionales de la salud con tendencia manipuladoras para con los demás; y olvidan el carácter y la necesidad de ayuda de sus pacientes. Los psicoterapeutas histriónicos suelen “hacer show” en las instituciones donde laboran, armar un “teatro” con respecto a ciertas situaciones cuando se ven afectados en una u otra manera. En la base de ello, y como eje central, se encuentra el rasgo característico de los histriónicos que es el deseo de ser el centro de atención del espectáculo de la vida; para ello se usan las emociones desbordadas o dramáticas; se provoca sensualmente a otros, aparte del uso de un lenguaje bastante impresionista y carente de detalles. Los histriónicos pueden sentirse “amenazados” por los demás, cuando no reciben la admiración, la atención que su mentalidad-estima les demanda. Su variabilidad-oscilación emocional les afecta en su interacción con los pacientes que en algunos casos perciben a su terapeuta como una persona falta de consistencia emocional y cordura, lo cual redunda negativamente en la relación terapeuta-paciente, restando “autoridad” en el consejo psicológico. Algunos psicoterapeutas son conocidos por las “escenas” que arman en diversas instituciones y contextos laborales.




18. 3 Psicoterapeutas antisociales

Tampoco en este tipo de rasgos han salido bien librados algunos profesionales de la salud mental, quienes realizaron sus estudios, pero no lograron superar tendencias antisociales en sí mismos. Son profesionales dados al “fraude”, “manipulación”, “estafa”, “irresponsabilidad”, “impulsividad, agresión e irritabilidad”, entre otros, que les han metido en dificultades con consultantes, amigos, colegas, instituciones, la familia o el cónyuge. Ha habido casos de fraude delicado a nivel intelectual-investigativo con perjuicio para la ciencia psicológica, debido a la manipulación de datos, engaño persistente, fraudulencia. Cuando no han sido eventos delictivos en los que se ven inmiscuidos algunos terapeutas con porte de drogas o negocios ilícitos. Sobra decir que, estos psicoterapeutas son un tremendo peligro social, dada la tendencia manipulativa, temeraria, irresponsable, impulsiva, agresiva que caracteriza a este trastorno de la personalidad, aparte de lo difícil que se hace su superación personal por la carencia de “arrepentimiento, culpa y remordimiento” que tipifica a los antisociales. Éstos son un peligro social, realmente, desde cualquiera de las profesiones donde ejerzan su rol, y no solamente aquellos a los que se puedan llamar simplemente “bandidos del común”.



“Los trastornos emocionales, debo seguir insistiendo, consisten en el aprendizaje y readoctrinamiento del individuo con ilógicos, inconscientes e impracticables valores, y la terapia eficaz debe en cierto modo consistir en ayudarle a desadoctrinarse de modo que adquiera un conjunto de valores más sano (Callaham, 1960). Por supuesto hay siempre el peligro de que el terapeuta sea autoritario de una forma perniciosa o de que pueda utilizar su autoridad para inducir al paciente a adquirir su (los del terapeuta), particular marca de creencias. Pero esto es un peligro en todo tipo de terapia, incluyendo la llamada psicoterapia no directiva, y en la medida en que el terapeuta sea consciente de este peligro, y se enfrente a la posibilidad de lo que los freudianos llaman sus contratransferencias, puede tomar medidas para minimizar las probabilidades de ser demasiado autoritario. De este modo puede estar recordándose a sí mismo que el principal objetivo de la terapia es ayudar al paciente a permanecer  sobre sus propios pies y a llegar a ser independiente del terapeuta tanto como de los demás. No obstante en cualquier tipo eficaz de terapia, el peligro de autoritarismo por parte del terapeuta no es probable que sea eliminado totalmente. Recordemos, con respecto a esto, que el terapeuta tiene todo el derecho a permitir que sus propios valores sean conocidos en el curso de las sesiones terapéuticas. Primero de todo siendo un ser humano, debe tener valores y es inútil pretender que no los tiene (Hudson, 1961). En segundo lugar, estando bien preparado y presumiblemente poco trastornado, hay una buena oportunidad de que tienda a tener unos valores más sanos, más prácticos que sus pacientes, y de que será capaz de presentarlos de una manera razonable, objetiva,  no punitiva, comprensible. Tercero, puesto que tenderá a comunicar consciente o inconscientemente sus valores a sus pacientes, es mejor que lo haga abiertamente que de forma encubierta, con total consciencia de lo que está haciendo. Cuarto, cuando más abiertamente se ha presentado sus propios valores, es probable que sea más espontáneo y poco artificial, más valiente y entregado a sus puntos de vista.”
Albert  Ellis


 18. 4 Psicoterapeutas paranoides

Se encuentran también profesionales de la salud con tendencias o rasgos paranoides. Claro que este es un rasgo común en la época contemporánea donde nadie resiste la crítica, la retroalimentación, la opinión externa, y se asumen como perseguidos, odiados, traicionados. Gobiernos, instituciones, regímenes, ideologías, sectarismos, religiones, entre muchos más, se asumen como objeto de persecución cuando otro, diferente, no está de acuerdo con ellos. Los psicoterapeutas paranoides se creen objeto de traición y persecución de colegas, gremios, colegiados, la academia, su familia, su pareja. Pueden pensar que sus consultantes también traman o desconfían de ellos, y viven a la defensiva. La historia epistemológica de la psicología, por ejemplo, revela las disidencias y persecuciones (ataques) teóricas entre autores clásicos, lo cual ha sido más de freno y confusión para la psicología como una disciplina-ciencia fragmentada, antes que un campo de saber “unificado” o “delimitado” claramente. Por lo demás, uno de los problemas centrales en los psicoterapeutas paranoides serán sus falsas interpretaciones de acontecimientos en esencia benignos, así como las dudas injustificadas sobre aquellos con los que entablan amistades, asociaciones; esta tipología de personas viven la vida con desconfianza y suspicacia, y sobra decir que personas así a duras penas viven una vida auténtica o llegan a creer positivamente en lo que hacen, dadas sus marcadas y distorsionadas percepciones personales e interpersonales.


18. 5 Psicoterapeutas  dependientes o evasivos (elusivos)

Ahora bien, en cuanto a trastornos de la personalidad podría argumentarse que estas dos tendencias son contrapuestas; por su parte las personas dependientes “dependen” o están en manos del poder, las decisiones, los deseos de otras personas, lo cual afecta su autonomía y asertividad en la vida cotidiana. Los psicoterapeutas dependientes limitan su formación y capacidad de intervención a la autoridad de otros (se hacen discípulos de “maestros”, “gurús”… supuestamente más preparados que ellos…) o a sistemas “conocidos” y “aparentemente  eficaces”, olvidando que no hay “verdades absolutas” en las teorías psicológicas-psiquiátricas, las cuales son meras interpretaciones especulativas-descriptivas de campos de la realidad humana comportamental. El dependiente es vacilante de lo que pueda acontecer; no consuma proyectos buenos, dada la falta de confianza sana en sus propios juicios o decisiones; desvalido e incómodo, el psicoterapeuta dependiente teme ser castigado por la academia o la práctica tradicional, y prefiere la protección del gremio o grupo para su aprobación y sustento. Podría decirse que frente al psicoterapeuta dependiente, es el paciente quien maneja la relación terapéutica. De otra parte, las personas evitativas o elusivas, evaden las relaciones comprometidas con otros sobre el temor que generan la crítica, el rechazo o la desaprobación de los demás. Todo lo que pueda resultar embarazoso se torna evadible, y hasta puede llegar a creer que es inferior a los demás. El psicoterapeuta elusivo se siente inadecuado, no encaja y rechaza eventos sociales. En la relación terapéutica puede verse afectado por su falta de adecuada “directividad”, evitando todo tipo de dificultad o compromiso (terapéutico) con sus consultantes. En realidad son psicoterapeutas solitarios, carentes de autoridad, faltos de involucramiento social o interpersonal.



18. 6 Psicoterapeutas obsesivo-compulsivos

Para algunos psicoterapeutas el control, la perfección, el orden, la directividad, lo estricto, lo hermético, lo impulsivo, entre otros rasgos-características, definen la personalidad y el quehacer de estos profesionales los cuales hacen que sus relaciones terapéuticas sean rígidas, obsesivas, controladoras, inflexibles, “autoengañándose” con la idea de que han descubierto la esencia de la psicología y la psiquiatría en cuanto al comportamiento humano, adecuado o perturbado. Sobra decir que, en estos profesionales de la salud mental, la vida cotidiana es una cerradura que se abre con la llave que exclusivamente ellos han encontrado, y creen que se encuentran realmente en el camino de la perfección humana, en sí mismos, y en lo que otros debieran hacer, incluso actuar. Este es un campo también muy disertado en las ciencias del comportamiento, aparte de la cantidad de “víctimas” psicológicas que atrapa desde la infancia, mediante sistemas de crianza obsesivos, impulsivos, controladores, censurables, estrictos, “cuadriculados”, demandantes, llenos de crítica y culpa.


Un caso particular

“Smerman es un importante y reconocido psicólogo social de renombre internacional. Ha publicado numerosos libros que dan cuenta de sus investigaciones en el ámbito de la psicología social, de las cuales algunas han tenido cierta aceptación en la academia. No obstante, sobre el año 2000 admitió el fraude en sus investigaciones, en las cuales inventaba y manipulaba datos falsos para sustentar los resultados. Aprovechaba su imagen y poder para resistir a los colegas que deseaban acompañarle o verificar sus investigaciones. Con el tiempo sus estudiantes encontraron  errores en los datos estadísticos que motivaron la investigación de las universidades afectadas, comprobando efectivamente la invención-manipulación de los datos. El prominente psicólogo aceptó lo malo de su comportamiento, admitiendo sentirse presionado por surgir o hacer más en el gremio.


Un caso particular


“Vincent es un importante psiquiatra en su país. Es conocido por dicha labor, aparte de numerosos libros que tratan temas interesantes acerca del comportamiento humano y cierta filosofía de la vida. Logró una posición política bastante prominente para un psiquiatra en el ámbito político, ejerciendo influencia en ciertas decisiones en torno de la paz social en su país. Con todo y ello, V. fue acusado de montaje, fraude, detrimento patrimonial, entre otros delitos, por un simulado proceso de paz en una región del país en cuestión. Ahora se encuentra prófugo, exiliado en otro país. Tiene orden de captura, y la justicia espera que responda por sus irregularidades.”

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