“El
análisis de todo individuo ofrece siempre nuevos problemas, inclusive para el
analista de mayor experiencia. En cada paciente se enfrenta con dificultades
que nunca vio antes, con actitudes difíciles de reconocer y aún más de
explicar, con reacciones muy distantes de ser transparentes a primera vista.
Semejante variedad en los casos no nos sorprenderá si recordamos la complejidad
de la estructura del carácter neurótico… y si tomamos en consideración los
múltiples factores implícitos. La diversidad de herencia y las diferentes
experiencias que una persona ha sufrido en su vida, particularmente en su infancia,
producen casi ilimitadas variantes en la combinación de los factores
involucrados.”
Karen
Horney
18. 1 Psicoterapeutas narcisos
Reconozco
que este no es un capítulo fácil, pero podemos recalcar ciertos aspectos o
rasgos que pueden efectivamente manifestarse en los psicoterapeutas, y de los
cuales éstos no son conscientes todo el tiempo, o dan por hecho que no es con
ellos, o no les podrían afectar dado su rol y posición como terapeutas con
relativa o excelente formación profesional. De esta manera pudiera encontrarse
profesionales de la salud mental bajo los rasgos narcisistas, muy ególatras y
centrados en sí mismos, cuyo deseo de prestigio, admiración, fama,
reconocimiento pudieran desbordar la intencionalidad inicial de su labor como
psicoterapeutas con carácter más humano y servicial. Estos profesionales se
quieren y estiman demasiado a sí mismos; se consideran grandiosos,
excesivamente especiales como profesionales; brillantez, poder, vanidad o
idealismos diversos, pueden opacar su oficio y no poder centrarse o captar las
necesidades de sus pacientes (empatía). Así mismo pueden mirar a sus colegas
con cierta envidia o creerse superiores a ellos; en este sentido su
autoimportancia es desproporcionada con respecto a lo que realmente han logrado
o son capaces de hacer como psicoterapeutas. El narcisismo es necesario
superarse dada la necesidad de empatía, calidad humana, apertura que requiere
la relación terapeuta-paciente, así como la humildad, dada la baja efectividad
de las psicoterapias en general, por las perturbaciones diversas y profundas
del carácter humano a tratar.
18. 2 Psicoterapeutas histriónicos
Por su
parte también existen profesionales de la salud con tendencia manipuladoras
para con los demás; y olvidan el carácter y la necesidad de ayuda de sus
pacientes. Los psicoterapeutas histriónicos suelen “hacer show” en las
instituciones donde laboran, armar un “teatro” con respecto a ciertas
situaciones cuando se ven afectados en una u otra manera. En la base de ello, y
como eje central, se encuentra el rasgo característico de los histriónicos que
es el deseo de ser el centro de atención del espectáculo de la vida; para ello
se usan las emociones desbordadas o dramáticas; se provoca sensualmente a
otros, aparte del uso de un lenguaje bastante impresionista y carente de
detalles. Los histriónicos pueden sentirse “amenazados” por los demás, cuando
no reciben la admiración, la atención que su mentalidad-estima les demanda. Su
variabilidad-oscilación emocional les afecta en su interacción con los pacientes
que en algunos casos perciben a su terapeuta como una persona falta de
consistencia emocional y cordura, lo cual redunda negativamente en la relación
terapeuta-paciente, restando “autoridad” en el consejo psicológico. Algunos
psicoterapeutas son conocidos por las “escenas” que arman en diversas
instituciones y contextos laborales.
18. 3 Psicoterapeutas antisociales
Tampoco
en este tipo de rasgos han salido bien librados algunos profesionales de la
salud mental, quienes realizaron sus estudios, pero no lograron superar
tendencias antisociales en sí mismos. Son profesionales dados al “fraude”,
“manipulación”, “estafa”, “irresponsabilidad”, “impulsividad, agresión e
irritabilidad”, entre otros, que les han metido en dificultades con consultantes,
amigos, colegas, instituciones, la familia o el cónyuge. Ha habido casos de
fraude delicado a nivel intelectual-investigativo con perjuicio para la ciencia
psicológica, debido a la manipulación de datos, engaño persistente,
fraudulencia. Cuando no han sido eventos delictivos en los que se ven
inmiscuidos algunos terapeutas con porte de drogas o negocios ilícitos. Sobra
decir que, estos psicoterapeutas son un tremendo peligro social, dada la
tendencia manipulativa, temeraria, irresponsable, impulsiva, agresiva que
caracteriza a este trastorno de la personalidad, aparte de lo difícil que se
hace su superación personal por la carencia de “arrepentimiento, culpa y
remordimiento” que tipifica a los antisociales. Éstos son un peligro social,
realmente, desde cualquiera de las profesiones donde ejerzan su rol, y no
solamente aquellos a los que se puedan llamar simplemente “bandidos del común”.
“Los
trastornos emocionales, debo seguir insistiendo, consisten en el aprendizaje y
readoctrinamiento del individuo con ilógicos, inconscientes e impracticables
valores, y la terapia eficaz debe en cierto modo consistir en ayudarle a
desadoctrinarse de modo que adquiera un conjunto de valores más sano (Callaham,
1960). Por supuesto hay siempre el peligro de que el terapeuta sea autoritario
de una forma perniciosa o de que pueda utilizar su autoridad para inducir al
paciente a adquirir su (los del terapeuta), particular marca de creencias. Pero
esto es un peligro en todo tipo de terapia, incluyendo la llamada psicoterapia
no directiva, y en la medida en que el terapeuta sea consciente de este
peligro, y se enfrente a la posibilidad de lo que los freudianos llaman sus
contratransferencias, puede tomar medidas para minimizar las probabilidades de
ser demasiado autoritario. De este modo puede estar recordándose a sí mismo que
el principal objetivo de la terapia es ayudar al paciente a permanecer sobre sus propios pies y a llegar a ser
independiente del terapeuta tanto como de los demás. No obstante en cualquier
tipo eficaz de terapia, el peligro de autoritarismo por parte del terapeuta no
es probable que sea eliminado totalmente. Recordemos, con respecto a esto, que
el terapeuta tiene todo el derecho a permitir que sus propios valores sean
conocidos en el curso de las sesiones terapéuticas. Primero de todo siendo un
ser humano, debe tener valores y es inútil pretender que no los tiene (Hudson,
1961). En segundo lugar, estando bien preparado y presumiblemente poco
trastornado, hay una buena oportunidad de que tienda a tener unos valores más
sanos, más prácticos que sus pacientes, y de que será capaz de presentarlos de
una manera razonable, objetiva, no
punitiva, comprensible. Tercero, puesto que tenderá a comunicar consciente o
inconscientemente sus valores a sus pacientes, es mejor que lo haga
abiertamente que de forma encubierta, con total consciencia de lo que está
haciendo. Cuarto, cuando más abiertamente se ha presentado sus propios valores,
es probable que sea más espontáneo y poco artificial, más valiente y entregado
a sus puntos de vista.”
Albert Ellis
18. 4 Psicoterapeutas paranoides
Se
encuentran también profesionales de la salud con tendencias o rasgos
paranoides. Claro que este es un rasgo común en la época contemporánea donde
nadie resiste la crítica, la retroalimentación, la opinión externa, y se asumen
como perseguidos, odiados, traicionados. Gobiernos, instituciones, regímenes,
ideologías, sectarismos, religiones, entre muchos más, se asumen como objeto de
persecución cuando otro, diferente, no está de acuerdo con ellos. Los
psicoterapeutas paranoides se creen objeto de traición y persecución de
colegas, gremios, colegiados, la academia, su familia, su pareja. Pueden pensar
que sus consultantes también traman o desconfían de ellos, y viven a la
defensiva. La historia epistemológica de la psicología, por ejemplo, revela las
disidencias y persecuciones (ataques) teóricas entre autores clásicos, lo cual
ha sido más de freno y confusión para la psicología como una disciplina-ciencia
fragmentada, antes que un campo de saber “unificado” o “delimitado” claramente.
Por lo demás, uno de los problemas centrales en los psicoterapeutas paranoides
serán sus falsas interpretaciones de acontecimientos en esencia benignos, así como las dudas
injustificadas sobre aquellos con los que entablan amistades, asociaciones;
esta tipología de personas viven la vida con desconfianza y suspicacia, y sobra
decir que personas así a duras penas viven una vida auténtica o llegan a creer
positivamente en lo que hacen, dadas sus marcadas y distorsionadas percepciones
personales e interpersonales.
18. 5 Psicoterapeutas dependientes o evasivos (elusivos)
Ahora
bien, en cuanto a trastornos de la personalidad podría argumentarse que estas
dos tendencias son contrapuestas; por su parte las personas dependientes
“dependen” o están en manos del poder, las decisiones, los deseos de otras
personas, lo cual afecta su autonomía y asertividad en la vida cotidiana. Los
psicoterapeutas dependientes limitan su formación y capacidad de intervención a
la autoridad de otros (se hacen discípulos de “maestros”, “gurús”… supuestamente
más preparados que ellos…) o a sistemas “conocidos” y “aparentemente eficaces”, olvidando que no hay “verdades
absolutas” en las teorías psicológicas-psiquiátricas, las cuales son meras interpretaciones
especulativas-descriptivas de campos de la realidad humana comportamental. El
dependiente es vacilante de lo que pueda acontecer; no consuma proyectos
buenos, dada la falta de confianza sana en sus propios juicios o decisiones;
desvalido e incómodo, el psicoterapeuta dependiente teme ser castigado por la
academia o la práctica tradicional, y prefiere la protección del gremio o grupo
para su aprobación y sustento. Podría decirse que frente al psicoterapeuta
dependiente, es el paciente quien maneja la relación terapéutica. De otra
parte, las personas evitativas o elusivas, evaden las relaciones comprometidas
con otros sobre el temor que generan la crítica, el rechazo o la desaprobación
de los demás. Todo lo que pueda resultar embarazoso se torna evadible, y hasta
puede llegar a creer que es inferior a los demás. El psicoterapeuta elusivo se
siente inadecuado, no encaja y rechaza eventos sociales. En la relación
terapéutica puede verse afectado por su falta de adecuada “directividad”,
evitando todo tipo de dificultad o compromiso (terapéutico) con sus
consultantes. En realidad son psicoterapeutas solitarios, carentes de autoridad,
faltos de involucramiento social o interpersonal.
18. 6 Psicoterapeutas obsesivo-compulsivos
Para
algunos psicoterapeutas el control, la perfección, el orden, la directividad, lo
estricto, lo hermético, lo impulsivo, entre otros rasgos-características,
definen la personalidad y el quehacer de estos profesionales los cuales hacen
que sus relaciones terapéuticas sean rígidas, obsesivas, controladoras,
inflexibles, “autoengañándose” con la idea de que han descubierto la esencia de
la psicología y la psiquiatría en cuanto al comportamiento humano, adecuado o
perturbado. Sobra decir que, en estos profesionales de la salud mental, la vida
cotidiana es una cerradura que se abre con la llave que exclusivamente ellos
han encontrado, y creen que se encuentran realmente en el camino de la
perfección humana, en sí mismos, y en lo que otros debieran hacer, incluso
actuar. Este es un campo también muy disertado en las ciencias del
comportamiento, aparte de la cantidad de “víctimas” psicológicas que atrapa
desde la infancia, mediante sistemas de crianza obsesivos, impulsivos,
controladores, censurables, estrictos, “cuadriculados”, demandantes, llenos de
crítica y culpa.
Un caso
particular
“Smerman es un
importante y reconocido psicólogo social de renombre internacional. Ha
publicado numerosos libros que dan cuenta de sus investigaciones en el ámbito
de la psicología social, de las cuales algunas han tenido cierta aceptación en
la academia. No obstante, sobre el año 2000 admitió el fraude en sus
investigaciones, en las cuales inventaba y manipulaba datos falsos para
sustentar los resultados. Aprovechaba su imagen y poder para resistir a los colegas
que deseaban acompañarle o verificar sus investigaciones. Con el tiempo sus
estudiantes encontraron errores en los
datos estadísticos que motivaron la investigación de las universidades
afectadas, comprobando efectivamente la invención-manipulación de los datos. El
prominente psicólogo aceptó lo malo de su comportamiento, admitiendo sentirse
presionado por surgir o hacer más en el gremio.
Un caso
particular
“Vincent es un importante psiquiatra en su
país. Es conocido por dicha labor, aparte de numerosos libros que tratan temas
interesantes acerca del comportamiento humano y cierta filosofía de la vida.
Logró una posición política bastante prominente para un psiquiatra en el ámbito
político, ejerciendo influencia en ciertas decisiones en torno de la paz social
en su país. Con todo y ello, V. fue acusado de montaje, fraude, detrimento
patrimonial, entre otros delitos, por un simulado proceso de paz en una región
del país en cuestión. Ahora se encuentra prófugo, exiliado en otro país. Tiene
orden de captura, y la justicia espera que responda por sus irregularidades.”


No hay comentarios:
Publicar un comentario