“La verdad es que
para la mayoría de la gente en nuestra sociedad es difícil cambiar o controlar
sus emociones, en gran parte porque rara vez lo intentan para obtener así una
cierta práctica; y cuando lo intentan ocasionalmente lo hacen de forma
imprecisa, descuidada y torpe. Si estas personas dejaran de considerar sus
emociones como procesos etéreos y casi humanos, y las vieran como algo que está
compuesto en gran parte de percepciones, pensamientos, evaluaciones y frases
interiorizadas, encontrarían bastante factible el trabajar de forma tranquila y
armoniosa para cambiarlas.”
ALBERT ELLIS
3. 1 El
gusto adictivo por lo teórico de los psicoterapeutas
Los profesionales de la
salud mental también pueden ser seducidos patológicamente por los enfoques
teóricos propios de las distintas corrientes psicológicas o psiquiátricas, es
decir que, por lo general cada psicoterapeuta suele aferrarse a un sistema de
pensamiento, explicación e intervención en el campo de lo psicológico, lo
mental y lo patológico el cual legitima y estatuye como una verdad absoluta que
explica, interpreta e interviene los fracasos, necesidades, dinamismos y
patologías humanos. Bueno, esto en sí no es que sea malo; identificarse con
algo o con alguien representa un evento natural de afinidades, gustos,
preferencias, estilos o quizás idolatría personal (como los fieles e
inmodificables seguidores de Freud, pese a las fuertes deficiencias e inconsistencias
de la teoría…- en mi caso personal tan sólo unos pocos aspectos del
psicoanálisis me son funcionales…)
En aras de esta
fidelidad teórica, los psicoterapeutas se concentran en las teorías y sus
teóricos, y olvidan trabajar-profundizar también en sí mismos; en sus
contradicciones, en sus conflictos emocionales interiores; en sus desilusiones,
en aspectos resistentemente inmodificables en su cotidianidad (un divorcio, una
separación, una quiebra, una frustración grande, un acontecimiento vital repentino…)
Este olvido o descuido después aparece en forma de ansiedades, tensiones,
retrocesos, contradicciones, estrés, perturbaciones emocionales diversas,
culpas… cuando pasa el tiempo y no se perciben cambios en sí mismo.
3. 2 Las teorías son sistemas de constructos, y los
teóricos, hombres igualmente con necesidades personales
Los psicoterapeutas o
profesionales de la salud mental regularmente olvidan o “no son conscientes”
(porque esto casi no lo enseñan…) de que las teorías son sistemas o modelos teóricos
interpretativos de una realidad dada; llámese aprendizaje, motivación,
personalidad, percepción, cognición, psicopatología, etc. En este sentido no
son explicaciones y descripciones absolutas de cuanto acontece, sino marcos de
referencia para abordar una realidad individual o social; personal o
interpersonal. Entonces la teoría no es el todo, porque cuando se asume así,
quedan muchos faltantes a la hora de intervenir en determinados conflictos del
paciente, así como pensar en la mejor estrategia de ayuda terapéutica. Las
interpretaciones siempre nos serán aproximativas y muy especulativas. De modo
que quien se aferra obsesiva y obstinadamente a un sistema de constructos,
corre el riesgo de morir mirando la vida desde un solo referente, y se pierde
nuevas posibilidades interpretativas que a veces devienen de la interacción
misma con los pacientes.
Ni qué decir de las ciegas
adhesiones obsesivas a determinados autores, los cuales, como seres imperfectos
y también necesitados de cambio personal, solamente han legado una
interpretación del mundo de la persona (algunos más, otros menos); pero sólo
eso: una interpretación de la naturaleza humana y sus crisis y perturbaciones;
y esto no las hace verdades últimas, como algunos procuran enseñar y hacer
creer. No crea pues, el lector, que estoy por encima del bien y del mal al
explicar esto (lo cual enseño a mis estudiantes desde hace años), sino que
valoro grandes aportes interesantes de “autores clásicos”, pero a la hora de la
verdad en mi terapéutica personal he visto otros procesos que me han funcionado
y nuevas ideas que los mismos pacientes ofrecen en cuanto a su intervención y
ayuda.
Así que, un psicoterapeuta
sano sabe que opera con constructos humanos (posiblemente erróneos o con cierta
funcionalidad positiva) y que los autores que tanto se idolatran muchas veces
no fueron ejemplo de estabilidad emocional o “normalidad” como tal; fueron
personas “estudiosas” intentando comprender a los demás y quizás a sí mismos.
3.
3 La idolatría teórica es una rejilla mental obsesivo-compulsiva que no deja
observar en otras direcciones
Cuando el individuo percibe
exclusiva y unilateralmente a través del lente de otra persona (quienquiera que
ella sea) suele interpretar-explicar-controlar la realidad y sus dinámicas
mediante dicho lente; el individuo crea un sistema en su pensamiento que no es
permeable al cambio, la innovación, renovación, incluso la erradicación de
viejas ideas o pensamientos sin fruto alguno. Asimismo su apego emocional o
afectivo por dicho sistema de pensamiento o creencias llega a tener contenido
religioso por su devoción y apologética. No es nada fácil sacar de allí al
sujeto, sumergido en una “zona de confort” intelectual, que ha obtenido el
estatus de verdad absoluta e inmodificable. Y los psicoterapeutas no son la
excepción de la regla; algunos se inclinan por modelos médicos, otros por
modelos psicológicos; algunos prefieren los modelos de tipo social, modelos
cognitivos, incluso culturales; cualquier que sea la inclinación por el
enfoque, no debe olvidarse que representan sistemas aproximativos de
constructos acerca de una realidad humana y no certezas absolutas sobre el
comportamiento humano.
3.
4 Las adicciones teóricas tornan a los profesionales de la salud mental en personas
rígidas e intolerantes
Los psicoterapeutas que
consideran haber conseguido la “verdad” psicológica o psiquiátrica, suelen
volverse personas muy inflexibles frente a la condición humana misma, porque
quisieran aplicar el “molde” y ciertas “herramientas-estrategias” desarrolladas
para “sanar” a sus clientes o pacientes (desde determinado enfoque teórico).
Todo aquello que desborde la teoría, con sus “revelaciones” y aplicaciones, se
considera “resistencia”, y no permite ver la dimensión humana y realmente
necesitada del paciente, que vive, según sea su afección-padecimiento, en
confusión, sin saber cómo explicar sus problema, salir de él, y poder continuar
con una posible nueva vida cotidiana.
3.
5 Flexibilice su mente frente a la deslumbrante teoría
Es muy sano para la
estabilidad mental y emocional de los psicoterapeutas, poner en su lugar los
aspectos o presupuestos teóricos que considera “verdades inamovibles”; recuerde
que en comportamiento humano, las variables que cada día lo afectan son innumerables y prácticamente
incontrolables; las personas se comportan bajo múltiples razones personales o
influencias externas. Parece ser que podemos observar a los individuos actuar,
funcionar, desde varias ópticas para su comprensión o asesoría, como cuando
sucede el hecho de aconsejar a alguien en: su motivación, su percepción
general, su aprendizaje en la vida, el manejo de sus actitudes, su regulación o
control emocional, sus cogniciones, sus relaciones interpersonales, etc.
“Existe también una cierta curiosidad
natural asociada con la práctica psicoterapéutica. En general, la sociedad
parece pensar que el terapeuta intenta hallar respuestas a las preguntas
existenciales que atormentan a la humanidad. Puede existir la creencia de que
el psicoterapeuta tiene respuestas para los
muchos y variados problemas derivados de la vida cotidiana. Así, pues,
los que se sienten muchos más confusos y desinformados sienten respeto y
admiración hacia el profesional”
James D. Guy
Un caso
particular
Víctor
es un psiquiatra muy capacitado, riguroso, con un carácter investigativo
bastante marcado. Realmente V. conoce mucho de su campo de saber, y pocos
términos o autores representativos de su carrera que se escapan de su mente;
cuenta con una profusa referencia mental de diversos contenidos. V. cree que
todo ello le brinda una capacidad mayúscula de operar sobre las dificultades de
otras personas o sobre sus pacientes. Este psiquiatra está convencido que la
multitud de contenidos y saberes logran “intervenir” sobre las vicisitudes que
atiende cotidianamente (aunque sabe que esto no ocurre así en su consultorio);
el hecho de haber tenido que remitir a otros especialistas es indicativo de lo
difíciles que son para cualquier profesional de la salud mental el lidiar con
diversos pacientes. Por ejemplo: ha remitido donde psicólogos o psicólogos
clínicos (que él debería abordar con cierta eficacia…). No obstante esto,
constituye un buen ejemplo de humildad frente a la necesidad de participación
de distintos profesionales en la solución de tan multivariadas perturbaciones
humanas.


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