jueves, 10 de diciembre de 2015

3. LAS ADICCIONES TEÓRICAS



“La verdad es que para la mayoría de la gente en nuestra sociedad es difícil cambiar o controlar sus emociones, en gran parte porque rara vez lo intentan para obtener así una cierta práctica; y cuando lo intentan ocasionalmente lo hacen de forma imprecisa, descuidada y torpe. Si estas personas dejaran de considerar sus emociones como procesos etéreos y casi humanos, y las vieran como algo que está compuesto en gran parte de percepciones, pensamientos, evaluaciones y frases interiorizadas, encontrarían bastante factible el trabajar de forma tranquila y armoniosa para cambiarlas.”
ALBERT  ELLIS


3. 1 El gusto adictivo por lo teórico de los psicoterapeutas

Los profesionales de la salud mental también pueden ser seducidos patológicamente por los enfoques teóricos propios de las distintas corrientes psicológicas o psiquiátricas, es decir que, por lo general cada psicoterapeuta suele aferrarse a un sistema de pensamiento, explicación e intervención en el campo de lo psicológico, lo mental y lo patológico el cual legitima y estatuye como una verdad absoluta que explica, interpreta e interviene los fracasos, necesidades, dinamismos y patologías humanos. Bueno, esto en sí no es que sea malo; identificarse con algo o con alguien representa un evento natural de afinidades, gustos, preferencias, estilos o quizás idolatría personal (como los fieles e inmodificables seguidores de Freud, pese a las fuertes deficiencias e inconsistencias de la teoría…- en mi caso personal tan sólo unos pocos aspectos del psicoanálisis me son funcionales…)

En aras de esta fidelidad teórica, los psicoterapeutas se concentran en las teorías y sus teóricos, y olvidan trabajar-profundizar también en sí mismos; en sus contradicciones, en sus conflictos emocionales interiores; en sus desilusiones, en aspectos resistentemente inmodificables en su cotidianidad (un divorcio, una separación, una quiebra, una frustración grande, un acontecimiento vital repentino…) Este olvido o descuido después aparece en forma de ansiedades, tensiones, retrocesos, contradicciones, estrés, perturbaciones emocionales diversas, culpas… cuando pasa el tiempo y no se perciben cambios en sí mismo.




3. 2 Las teorías son sistemas de constructos, y los teóricos, hombres igualmente con necesidades personales

Los psicoterapeutas o profesionales de la salud mental regularmente olvidan o “no son conscientes” (porque esto casi no lo enseñan…) de que las teorías son sistemas o modelos teóricos interpretativos de una realidad dada; llámese aprendizaje, motivación, personalidad, percepción, cognición, psicopatología, etc. En este sentido no son explicaciones y descripciones absolutas de cuanto acontece, sino marcos de referencia para abordar una realidad individual o social; personal o interpersonal. Entonces la teoría no es el todo, porque cuando se asume así, quedan muchos faltantes a la hora de intervenir en determinados conflictos del paciente, así como pensar en la mejor estrategia de ayuda terapéutica. Las interpretaciones siempre nos serán aproximativas y muy especulativas. De modo que quien se aferra obsesiva y obstinadamente a un sistema de constructos, corre el riesgo de morir mirando la vida desde un solo referente, y se pierde nuevas posibilidades interpretativas que a veces devienen de la interacción misma con los pacientes.

Ni qué decir de las ciegas adhesiones obsesivas a determinados autores, los cuales, como seres imperfectos y también necesitados de cambio personal, solamente han legado una interpretación del mundo de la persona (algunos más, otros menos); pero sólo eso: una interpretación de la naturaleza humana y sus crisis y perturbaciones; y esto no las hace verdades últimas, como algunos procuran enseñar y hacer creer. No crea pues, el lector, que estoy por encima del bien y del mal al explicar esto (lo cual enseño a mis estudiantes desde hace años), sino que valoro grandes aportes interesantes de “autores clásicos”, pero a la hora de la verdad en mi terapéutica personal he visto otros procesos que me han funcionado y nuevas ideas que los mismos pacientes ofrecen en cuanto a su intervención y ayuda.

Así que, un psicoterapeuta sano sabe que opera con constructos humanos (posiblemente erróneos o con cierta funcionalidad positiva) y que los autores que tanto se idolatran muchas veces no fueron ejemplo de estabilidad emocional o “normalidad” como tal; fueron personas “estudiosas” intentando comprender a los demás y quizás a sí mismos.
 

3. 3 La idolatría teórica es una rejilla mental obsesivo-compulsiva que no deja observar en otras direcciones

Cuando el individuo percibe exclusiva y unilateralmente a través del lente de otra persona (quienquiera que ella sea) suele interpretar-explicar-controlar la realidad y sus dinámicas mediante dicho lente; el individuo crea un sistema en su pensamiento que no es permeable al cambio, la innovación, renovación, incluso la erradicación de viejas ideas o pensamientos sin fruto alguno. Asimismo su apego emocional o afectivo por dicho sistema de pensamiento o creencias llega a tener contenido religioso por su devoción y apologética. No es nada fácil sacar de allí al sujeto, sumergido en una “zona de confort” intelectual, que ha obtenido el estatus de verdad absoluta e inmodificable. Y los psicoterapeutas no son la excepción de la regla; algunos se inclinan por modelos médicos, otros por modelos psicológicos; algunos prefieren los modelos de tipo social, modelos cognitivos, incluso culturales; cualquier que sea la inclinación por el enfoque, no debe olvidarse que representan sistemas aproximativos de constructos acerca de una realidad humana y no certezas absolutas sobre el comportamiento humano.



3. 4 Las adicciones teóricas tornan a los profesionales de la salud mental en personas rígidas e intolerantes

Los psicoterapeutas que consideran haber conseguido la “verdad” psicológica o psiquiátrica, suelen volverse personas muy inflexibles frente a la condición humana misma, porque quisieran aplicar el “molde” y ciertas “herramientas-estrategias” desarrolladas para “sanar” a sus clientes o pacientes (desde determinado enfoque teórico). Todo aquello que desborde la teoría, con sus “revelaciones” y aplicaciones, se considera “resistencia”, y no permite ver la dimensión humana y realmente necesitada del paciente, que vive, según sea su afección-padecimiento, en confusión, sin saber cómo explicar sus problema, salir de él, y poder continuar con una posible nueva vida cotidiana.

3. 5 Flexibilice su mente frente a la deslumbrante teoría

Es muy sano para la estabilidad mental y emocional de los psicoterapeutas, poner en su lugar los aspectos o presupuestos teóricos que considera “verdades inamovibles”; recuerde que en comportamiento humano, las variables que cada día lo afectan son innumerables y prácticamente incontrolables; las personas se comportan bajo múltiples razones personales o influencias externas. Parece ser que podemos observar a los individuos actuar, funcionar, desde varias ópticas para su comprensión o asesoría, como cuando sucede el hecho de aconsejar a alguien en: su motivación, su percepción general, su aprendizaje en la vida, el manejo de sus actitudes, su regulación o control emocional, sus cogniciones, sus relaciones interpersonales, etc.

“Existe también una cierta curiosidad natural asociada con la práctica psicoterapéutica. En general, la sociedad parece pensar que el terapeuta intenta hallar respuestas a las preguntas existenciales que atormentan a la humanidad. Puede existir la creencia de que el psicoterapeuta tiene respuestas para los  muchos y variados problemas derivados de la vida cotidiana. Así, pues, los que se sienten muchos más confusos y desinformados sienten respeto y admiración hacia el profesional”
James D. Guy



Un caso particular


Víctor es un psiquiatra muy capacitado, riguroso, con un carácter investigativo bastante marcado. Realmente V. conoce mucho de su campo de saber, y pocos términos o autores representativos de su carrera que se escapan de su mente; cuenta con una profusa referencia mental de diversos contenidos. V. cree que todo ello le brinda una capacidad mayúscula de operar sobre las dificultades de otras personas o sobre sus pacientes. Este psiquiatra está convencido que la multitud de contenidos y saberes logran “intervenir” sobre las vicisitudes que atiende cotidianamente (aunque sabe que esto no ocurre así en su consultorio); el hecho de haber tenido que remitir a otros especialistas es indicativo de lo difíciles que son para cualquier profesional de la salud mental el lidiar con diversos pacientes. Por ejemplo: ha remitido donde psicólogos o psicólogos clínicos (que él debería abordar con cierta eficacia…). No obstante esto, constituye un buen ejemplo de humildad frente a la necesidad de participación de distintos profesionales en la solución de tan multivariadas perturbaciones humanas.

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