viernes, 11 de diciembre de 2015

7. EL SUFRIMIENTO Y LA FRUSTRACIÓN: NADIE ES EXCEPCIÓN A LA REGLA



“Hemos de aprender que las frustraciones son parte de la vida, que son tan inevitables como la muerte. No se puede estar vivo y no tener frustraciones igual que no se puede estar vivo y no comer. Y lo que es más importante, no se puede vivir con alguien y no sufrir frustraciones de su parte varias veces al día igual que no se puede leer un libro sin volver las páginas. No importan lo bien que uno se lleve con las personas que lo rodean o hasta donde haya afecto recíproco con los demás. Se sufrirán frustraciones así se lo propongan o no. Sencillamente es algo que no se puede remediar en algún momento.”

PAUL HANK


7. 1 Esto del sufrimiento

Tema y realidad que siempre abordo en mis libros, dada su realidad inevitable. El hombre sufre; el ser humano sufre, tanto si carece de la satisfacción de sus necesidades, como si todas ellas están satisfechas; la calamidad, la fatalidad, lo inesperado, la muerte, la enfermedad, el dolor, la angustia,  entre otros, aparecen allí para remover los cimientos personales, morales, familiares, emocionales, espirituales, de “cualquier” persona. Los psicoterapeutas también enfrentan dichos acontecimientos, en medio de una carrera exitosa o no, en medio de su habilidad o falencia; en integridad-autenticidad o en la misma mediocridad. No obstante, solemos aceptar que el sufrimiento trae “aprendizaje emocional” para el individuo, aparte de fortalecer sus emociones íntimas, sus afectos profundos, sus bases espirituales, la sensibilidad hacia la humanidad, la toma de decisiones, la autovaloración personal,  la valoración de las bendiciones de Dios y la vida. Se sufre porque es una vida bella y fascinante, pero también de sufrimiento desconcertante.



7. 2 Aquello de la frustración

Los profesionales de la salud también se la juegan entre la satisfacción-realización y la frustración-fracaso; no todo en la vida sale bien al individuo; algunas cosas fallan; otras tardan en conquistarse; algunas quizás no se realicen (por x-y circunstancia); otras situaciones cuentan con fuerte oposición-resistencia para lograrse; se dan cita la imposibilidad, la ineficacia, la crítica, la incapacidad, el estancamiento, la carencia, la imperfección, y el individuo se frustra, experimenta que no todo “es color de rosa”, “que no hay dicha completa” en esta vida. Vivir es un acto de valentía donde se deben conquistar metas y superar adversidades. Para nadie la existencia es algo fácil, como muchos suelen hacer creer. Todo cuesta. Siempre hay un precio que pagar por las cosas que valen la pena en la vida. Los psicoterapeutas además puede frustrase por: conflictos personales no resueltos; disfuncionalidad familiar; problemas de pareja; defectos arraigados y dañinos en su carácter (envidia, egocentrismo, narcisismo, obsesividad…); carencias económicas; desprestigio; falta de capacitación y formación; problemas sexuales, etc.
 
7. 3 Los autoproblemas

Muchos de los eventos, falencias, dificultades o denominados problemas en la vida, son autogénicos, es decir, el propio individuo los origina, los crea, los imagina  o los llama; esto puede ocurrir por la impulsividad personal; por la rebeldía individual; por ignorancia propia ante diversas circunstancias de la vida (falta de discernimiento). El individuo decide hacer lo que su conciencia le previene o advierte y resulta acarreándose grandes dificultades personales: lujuria, compras y endeudamiento innecesario; malas alianzas; venganzas personales; hábitos insanos (perfeccionismo, competencia con otros, envidia…), conductas peligrosas, entre miles de errores más. Por su parte, así los psicoterapeutas hayan sido formados o informados al respecto de todo esto, son humanos y se ven envueltos en todo tipo de problemas autocreados, que cuando son persistentes les hacen vivir muy mal su cotidianidad, y así mismo merman su rendimiento como terapeutas. Autoproblemas: a toda hora, en todos los lugares, todos los días, donde el ser humano viva o conviva.


7. 4 Los heteroproblemas

Los problemas también son generados por otras personas que influyen en nosotros, y nos perjudican con las consecuencias-negativas de sus comportamientos erróneos y sus malas decisiones; por ejemplo: un padre que adultera y afecta toda la dinámica familiar (lo financiero, lo moral, lo emocional, lo espiritual…); como un hijo drogadicto-alcohólico que trae incesantes problemas y dificultades a sus padres y hermanos. Esta tipología de problemas también son muy comunes e indican la imperfección humana en cuanto a convivencia se refiere. Y cuando echamos la culpa a los demás de cuanto nos ocurre asumimos una actitud alogénica, es decir: son los otros los culpables de cuanto nos pasa en la vida. Los profesionales de la salud tampoco se salvan de tomar muy malas decisiones en su vida diaria, y con relación a las relaciones interpersonales diversas que entablan con los demás.

“Todos los hombres tienen problemas psicológicos…una persona puede ser curada psicológicamente, pero eso no significa que será psicológicamente perfecta por el resto de su vida.”

FRANCIS SCHAEFFER

7. 5 Los interproblemas

Y en este nivel de los problemas humanos podemos encontrar la consecuencia-interacción entre los problemas que creamos, afectando a los demás, y como éstos también nos afectan con los suyos, formando nuevas dificultades. Por ejemplo: cuando se forma una alianza negativa o destinada al fracaso (comercial, familiar, recreativa, moral…). La vida está plagada de interproblemas por las diferencias individuales, la falta de convivencia, el egoísmo, la intolerancia, el consumismo, la violencia social, el maltrato, entre otras afecciones que caracterizan la interacción humana. Los psicoterapeutas, en algunos casos, suelen dejarse enredar por las dificultades de sus pacientes, al no asumir una posición profesional de servicio y asesoría, y se “cargan”, angustian con dichos problemas, de los cuales no son necesariamente los “salvadores”, sino orientadores-guiadores de lo que más les podrían convenir en la vida; pero en últimas es el paciente quien decide cambiar o  poner en prácticas las estrategias, hábitos, actitudes sugeridas para su mejor calidad de vida.



Un caso particular

“Si Sigmund Freud fue muchas veces acusado injustamente de todo tipo de torpezas imaginarias, y sobre todo de haber disfrazado de éxitos los fracasos terapéuticos, o de haber "explotado" a pacientes, es preciso reconocer que con Horace Frink[1] se comportó de una manera verdaderamente desastrosa. En el encuentro con este hombre afectado de una grave psicosis maníaco-depresiva cristalizó sin duda todo el horror consciente e inconsciente que a Freud le inspiraban la sociedad norteamericana, su puritanismo respecto de la sexualidad, sus dólares, y esa manera de transformar el psicoanálisis en higienismo psiquiátrico ("la criada para todo servicio de la psiquiatría", como dijo en el curso del debate sobre ¿Pueden los legos ejercer el análisis?). Fue Paul Roazen quien narro por primera vez la historia de esa triste experiencia analítica. Psiquiatra brillante, Horace Frink, primero analizado por Abraham Arden Brill, viajó a Viena en 1920 para realizar una nueva cura con Freud, quien, en esa época, vivía en gran parte del dinero de los norteamericanos que llegaban para hacerse analizar por: Clarence Oberndorf, Leonard Blumgart (1881-1959), Monroe Meyer (1892-1939), Albert Polon, y otros. Muy pronto Freud depositó en Frink una confianza desmesurada, al punto de querer convertirlo en su principal delegado en los Estados Unidos: se trataba entonces de contrapesar el poder excesivo de Brill en Nueva York. Durante la cura, Frink se enamoró de una de sus ex pacientes, rica heredera y millonaria: Anjelika Bijur. Apoyado por Freud, se casó con ella, después de divorciarse de su primera mujer, y a continuación la llevó a Viena. Freud la recibió y le explicó que existía el peligro de que Frink se convirtiera en homosexual si ella lo abandonaba. Después le propuso a Frink que participara económicamente en la expansión del movimiento psicoanalítico. Estalló el escándalo: el marido de Anjelika estuvo a punto de demandar a Freud por haber manipulado a su mujer y roto su matrimonio, pero murió antes de hacerlo, en el mismo momento en que fallecía la primera esposa de Frink. Frink cayó pronto en la melancolía, y fue atendido por Adolf Meyer, quien lo hizo hospitalizar y aconsejó a Anjelika que le diera su apoyo. Anjelika se negó, y se separó de él, reprochándole retroactivamente a Freud que la hubiera manipulado. En 1935 Frink se casó por tercera vez. Pero, después de un nuevo ataque melancólico, fue internado de nuevo y murió en el hospital. El diagnóstico de Freud había sido erróneo; no advirtió la locura del paciente, a quien tomaba por homosexual reprimido. Molesto, le costó reconocer francamente su error. Este asunto demuestra la dificultad que experimentaba para enfrentar la psicosis. En todo caso, esa dificultad contribuyó a desacreditar el psicoanálisis en los Estados Unidos. Cuando Abram Kardiner le habló de Frink a Freud, éste respondió con su lucidez habitual: "Usted dijo un día que el psicoanálisis no podía hacerle mal a nadie. Y bien, permítame mostrarle algo." Sacó entonces dos fotografías de Frink, una tomada antes del análisis, y la otra después. En la primera, tenía un aspecto normal, mientras que en la segunda se lo veía extraviado, demacrado, devastado. En 1988 la hija de Frink encontró entre los papeles de Adolf Meyer la correspondencia de su padre con Freud, y varios documentos cuyo contenido reveló en una revista, acusando al maestro de Viena de haber sido un charlatán. Muchos partidarios de la historiografía revisionista aprovecharon el hecho para acusar a Freud de haber manipulado a todos sus pacientes, convertidos de pronto en víctimas de la perfidia del psicoanálisis.”



[1] Fuente: http://www.tuanalista.com/Diccionario-Psicoanalisis/5331/Frink-Horace-W-(1883-1935)-Psiquiatra-y-psicoanalista-norteamericano-pag.2.htm

No hay comentarios:

Publicar un comentario