“Hemos de aprender
que las frustraciones son parte de la vida, que son tan inevitables como la
muerte. No se puede estar vivo y no tener frustraciones igual que no se puede
estar vivo y no comer. Y lo que es más importante, no se puede vivir con
alguien y no sufrir frustraciones de su parte varias veces al día igual que no
se puede leer un libro sin volver las páginas. No importan lo bien que uno se
lleve con las personas que lo rodean o hasta donde haya afecto recíproco con
los demás. Se sufrirán frustraciones así se lo propongan o no. Sencillamente es
algo que no se puede remediar en algún momento.”
PAUL HANK
7. 1 Esto del sufrimiento
Tema y
realidad que siempre abordo en mis libros, dada su realidad inevitable. El
hombre sufre; el ser humano sufre, tanto si carece de la satisfacción de sus
necesidades, como si todas ellas están satisfechas; la calamidad, la fatalidad,
lo inesperado, la muerte, la enfermedad, el dolor, la angustia, entre otros, aparecen allí para remover los
cimientos personales, morales, familiares, emocionales, espirituales, de
“cualquier” persona. Los psicoterapeutas también enfrentan dichos
acontecimientos, en medio de una carrera exitosa o no, en medio de su habilidad
o falencia; en integridad-autenticidad o en la misma mediocridad. No obstante,
solemos aceptar que el sufrimiento trae “aprendizaje emocional” para el
individuo, aparte de fortalecer sus emociones íntimas, sus afectos profundos,
sus bases espirituales, la sensibilidad hacia la humanidad, la toma de
decisiones, la autovaloración personal,
la valoración de las bendiciones de Dios y la vida. Se sufre porque es
una vida bella y fascinante, pero también de sufrimiento desconcertante.
7. 2 Aquello de la frustración
Los
profesionales de la salud también se la juegan entre la
satisfacción-realización y la frustración-fracaso; no todo en la vida sale bien
al individuo; algunas cosas fallan; otras tardan en conquistarse; algunas
quizás no se realicen (por x-y circunstancia); otras situaciones cuentan con
fuerte oposición-resistencia para lograrse; se dan cita la imposibilidad, la
ineficacia, la crítica, la incapacidad, el estancamiento, la carencia, la
imperfección, y el individuo se frustra, experimenta que no todo “es color de
rosa”, “que no hay dicha completa” en esta vida. Vivir es un acto de valentía
donde se deben conquistar metas y superar adversidades. Para nadie la
existencia es algo fácil, como muchos suelen hacer creer. Todo cuesta. Siempre
hay un precio que pagar por las cosas que valen la pena en la vida. Los
psicoterapeutas además puede frustrase por: conflictos personales no resueltos;
disfuncionalidad familiar; problemas de pareja; defectos arraigados y dañinos
en su carácter (envidia, egocentrismo, narcisismo, obsesividad…); carencias
económicas; desprestigio; falta de capacitación y formación; problemas
sexuales, etc.
7. 3 Los autoproblemas
Muchos
de los eventos, falencias, dificultades o denominados problemas en la vida, son
autogénicos, es decir, el propio
individuo los origina, los crea, los imagina
o los llama; esto puede ocurrir por la impulsividad personal; por la
rebeldía individual; por ignorancia propia ante diversas circunstancias de la
vida (falta de discernimiento). El individuo decide hacer lo que su conciencia le previene o advierte y resulta
acarreándose grandes dificultades personales: lujuria, compras y endeudamiento
innecesario; malas alianzas; venganzas personales; hábitos insanos
(perfeccionismo, competencia con otros, envidia…), conductas peligrosas, entre
miles de errores más. Por su parte, así los psicoterapeutas hayan sido formados
o informados al respecto de todo esto, son humanos y se ven envueltos en todo
tipo de problemas autocreados, que cuando son persistentes les hacen vivir muy
mal su cotidianidad, y así mismo merman su rendimiento como terapeutas.
Autoproblemas: a toda hora, en todos los lugares, todos los días, donde el ser
humano viva o conviva.
7. 4 Los heteroproblemas
Los
problemas también son generados por otras personas que influyen en nosotros, y
nos perjudican con las consecuencias-negativas de sus comportamientos erróneos
y sus malas decisiones; por ejemplo: un padre que adultera y afecta toda la
dinámica familiar (lo financiero, lo moral, lo emocional, lo espiritual…); como
un hijo drogadicto-alcohólico que trae incesantes problemas y dificultades a
sus padres y hermanos. Esta tipología de problemas también son muy comunes e
indican la imperfección humana en cuanto a convivencia se refiere. Y cuando
echamos la culpa a los demás de cuanto nos ocurre asumimos una actitud alogénica, es decir: son los otros los
culpables de cuanto nos pasa en la vida. Los profesionales de la salud tampoco
se salvan de tomar muy malas decisiones en su vida diaria, y con relación a las
relaciones interpersonales diversas que entablan con los demás.
“Todos los hombres tienen problemas
psicológicos…una persona puede ser curada psicológicamente, pero eso no
significa que será psicológicamente perfecta por el resto de su vida.”
FRANCIS
SCHAEFFER
7. 5 Los interproblemas
Y en este nivel de los
problemas humanos podemos encontrar la consecuencia-interacción entre los
problemas que creamos, afectando a los demás, y como éstos también nos afectan
con los suyos, formando nuevas dificultades. Por ejemplo: cuando se forma una
alianza negativa o destinada al fracaso (comercial, familiar, recreativa,
moral…). La vida está plagada de interproblemas por las diferencias
individuales, la falta de convivencia, el egoísmo, la intolerancia, el
consumismo, la violencia social, el maltrato, entre otras afecciones que
caracterizan la interacción humana. Los psicoterapeutas, en algunos casos,
suelen dejarse enredar por las
dificultades de sus pacientes, al no asumir una posición profesional de
servicio y asesoría, y se “cargan”, angustian con dichos problemas, de los
cuales no son necesariamente los “salvadores”, sino orientadores-guiadores de
lo que más les podrían convenir en la vida; pero en últimas es el paciente
quien decide cambiar o poner en
prácticas las estrategias, hábitos, actitudes sugeridas para su mejor calidad
de vida.
Un caso
particular
“Si Sigmund Freud fue muchas veces acusado
injustamente de todo tipo de torpezas imaginarias, y sobre todo de haber
disfrazado de éxitos los fracasos terapéuticos, o de haber
"explotado" a pacientes, es preciso reconocer que con Horace Frink[1]
se comportó de una manera verdaderamente desastrosa. En el encuentro con este
hombre afectado de una grave psicosis maníaco-depresiva cristalizó sin duda
todo el horror consciente e inconsciente que a Freud le inspiraban la sociedad
norteamericana, su puritanismo respecto de la sexualidad, sus dólares, y esa
manera de transformar el psicoanálisis en higienismo psiquiátrico ("la
criada para todo servicio de la psiquiatría", como dijo en el curso del
debate sobre ¿Pueden los legos ejercer el análisis?). Fue Paul Roazen quien
narro por primera vez la historia de esa triste experiencia analítica.
Psiquiatra brillante, Horace Frink, primero analizado por Abraham Arden Brill,
viajó a Viena en 1920 para realizar una nueva cura con Freud, quien, en esa
época, vivía en gran parte del dinero de los norteamericanos que llegaban para
hacerse analizar por: Clarence Oberndorf, Leonard Blumgart (1881-1959), Monroe
Meyer (1892-1939), Albert Polon, y otros. Muy pronto Freud depositó en Frink
una confianza desmesurada, al punto de querer convertirlo en su principal
delegado en los Estados Unidos: se trataba entonces de contrapesar el poder
excesivo de Brill en Nueva York. Durante la cura, Frink se enamoró de una de
sus ex pacientes, rica heredera y millonaria: Anjelika Bijur. Apoyado por
Freud, se casó con ella, después de divorciarse de su primera mujer, y a
continuación la llevó a Viena. Freud la recibió y le explicó que existía el
peligro de que Frink se convirtiera en homosexual si ella lo abandonaba.
Después le propuso a Frink que participara económicamente en la expansión del
movimiento psicoanalítico. Estalló el escándalo: el marido de Anjelika estuvo a
punto de demandar a Freud por haber manipulado a su mujer y roto su matrimonio,
pero murió antes de hacerlo, en el mismo momento en que fallecía la primera esposa
de Frink. Frink cayó pronto en la melancolía, y fue atendido por Adolf Meyer,
quien lo hizo hospitalizar y aconsejó a Anjelika que le diera su apoyo.
Anjelika se negó, y se separó de él, reprochándole retroactivamente a Freud que
la hubiera manipulado. En 1935 Frink se casó por tercera vez. Pero, después de
un nuevo ataque melancólico, fue internado de nuevo y murió en el hospital. El
diagnóstico de Freud había sido erróneo; no advirtió la locura del paciente, a
quien tomaba por homosexual reprimido. Molesto, le costó reconocer francamente
su error. Este asunto demuestra la dificultad que experimentaba para enfrentar
la psicosis. En todo caso, esa dificultad contribuyó a desacreditar el
psicoanálisis en los Estados Unidos. Cuando Abram Kardiner le habló de Frink a
Freud, éste respondió con su lucidez habitual: "Usted dijo un día que el
psicoanálisis no podía hacerle mal a nadie. Y bien, permítame mostrarle
algo." Sacó entonces dos fotografías de Frink, una tomada antes del
análisis, y la otra después. En la primera, tenía un aspecto normal, mientras
que en la segunda se lo veía extraviado, demacrado, devastado. En 1988 la hija
de Frink encontró entre los papeles de Adolf Meyer la correspondencia de su
padre con Freud, y varios documentos cuyo contenido reveló en una revista,
acusando al maestro de Viena de haber sido un charlatán. Muchos partidarios de
la historiografía revisionista aprovecharon el hecho para acusar a Freud de
haber manipulado a todos sus pacientes, convertidos de pronto en víctimas de la
perfidia del psicoanálisis.”
[1] Fuente:
http://www.tuanalista.com/Diccionario-Psicoanalisis/5331/Frink-Horace-W-(1883-1935)-Psiquiatra-y-psicoanalista-norteamericano-pag.2.htm


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