“El conflicto es el tábano del
pensamiento.”
JHON DEWEY
“Ahora bien, hay
una buena regla básica para medir las reacciones. Cuando tu respuesta a una
situación es totalmente desproporcionada al suceso, es mejor que sospeches que
el niño pequeño que llevamos dentro está haciendo una de las suyas.”
DAVID
SEAMANDS
13.
1 La conflictividad humana
El conflicto sugiere uno de
los constructos bastante debatidos en las teorías de la personalidad, siendo el
psicoanálisis el que ha usufructuado su conceptualización a la hora de explicar
y describir ciertos rasgos patológicos en los individuos. En realidad, el
término en general adquiere diversas acepciones según el campo teórico
explicativo que se use. Aquí, en un sentido psicológico, podemos decir que un
conflicto evidencia una inconsistencia, incongruencia, una tensión fuerte que
el individuo no ha podido resolver y que le causa malestar psíquico (en sí
mismo y con efecto en los demás…) precisamente por su no resolución efectiva.
La “conflictividad” indica que la persona, en este caso los psicoterapeutas,
han aprendido a convivir con ella, en vez de tratar de erradicarla; la persona
“conflictiva” lleva siempre un “ruido psicológico” que empaña las actuaciones
diversas (consigo mismo y con los otros). En este sentido, un profesional de la
salud mental puede ver la enfermedad mental debajo de cada planta o mueble, así
como desbordar el número de rasgos-síntomas reales en los consultantes. El
psicoterapeuta puede hacerse todo un ovillo con su desorganización,
indisciplina, obsesividad, empecinamiento. La conflictividad también puede
sugerir el carácter problemático que muchos desarrollan viendo solamente
problemas, dificultades, resistencias, oposiciones, transferencias, en vez de
brindar soluciones más urgentes a los problemas humanos. También los
psicoterapeutas pueden experimentar culpas o decepciones cuando sus ideas o
ideales tienen confrontación o no corresponden a las expectativas que se había
formado como rectoras de su rol profesional. En los constructos de Otto Rank
(1929), la tensión entre unidad y separación, en la congruencia personal
del psicoterapeuta pudieran ser problemáticas; si éste no se halla unificado
interiormente como individuo, ¿cómo esperar a que sí lo ocurra con los
consultantes?
13.
2 Los psicoterapeutas conflictivos
Los profesionales de la salud
mental con tendencias conflictivas se hacen un ovillo con aspectos
incomprensibles del comportamiento humano (por ejemplo: la dinámica de la
esquizofrenia…), de modo que la teoría, la práctica, los ideales se tornan
campos de batalla mentales al no saber qué hacer o al no encontrar herramientas
curativas a pesar de muchos años de investigación; puede comenzar a pesar más
la frustración, la decepción, la incertidumbre, la expectativa. También el ser
testigo de tanta calamidad humana en el consultorio; tantos hechos insólitos a
nivel de comportamiento humano, dinámica familiar, conyugal, individual, pueden
crear desesperanza y determinismo frente a una humanidad resistente al cambio,
por un lado, y las ciencias del comportamiento humano, marcadas por mucha
ineficacia, por el otro. (Maltrato perverso, infidelidad, irresponsabilidad,
negligencia, perversiones sexuales, homicidios… dan cuenta de lo que se sugiere
aquí como tal)
“No vemos las cosas tal y como son, las vemos tal y como somos
nosotros.”
ANAIS NIN
13.
3 Resolviendo las tormentas interiores
Los propios conflictos
interiores (que a veces se tornan “tormentas interiores”) interfieren mucho con
la “neutralidad” (?) de los psicoterapeutas, si entendemos por ésta una
búsqueda de objetividad, sano distanciamiento, claridad, sensibilidad, valoración,
intervención, frente a los rasgos o síntomas complicados de los consultantes.
Los profesionales de la salud mental deben revisar aspectos como: su dinámica o
vida familiar; sus amistades personales; su relación de pareja; su fundamento
espiritual; su estado actual de formación profesional; la solución individual
frente a eventos que han implicado perdón de su parte: diferencias, pleitos,
cierres inadecuados en situaciones; el alcance real de sus metas; las mismas
teorías y teóricos que se idolatran, en fin, toda una serie de parámetros y
acontecimientos vitales que pudieran llenar su “interioridad” con frustración,
ira, negativismo, incapacidad, dolor, rencor, amargura, desorganización,
libertinaje, indisciplina, rebeldía, todas estas formas variadas y sutiles de
conflicto individual e interindividual… que deben necesariamente resolverse.
13.
4 La sana razón, la sobria emoción
¿Psicoterapeutas guiados por
la razón o por la emoción? Debate nada nuevo, y propio desde la antigüedad, de
las mismas concepciones filosóficas y éticas del pensamiento humano. Porque en
la práctica cotidiana podemos inclinarnos por la racionalidad o la
emocionalidad, el pensamiento o el sentimiento, como medios explicativos y
prácticos de interactuar con los consultantes. La razón indica que el
psicoterapeuta debe tomar los datos concretos, observables, lógicos de su
paciente, sin filtros, en un estado lo más puro posible; mediante la emoción,
los consultantes son vistos en sus afectos, afecciones, sentimientos, en pro de
una sensibilidad reveladora de los problemas humanos. Hoy día, aunque muchos
sigan “peleando” teóricamente por ello, ¿Razón o emoción?, se comprende que
pensamiento y sentimiento, son componentes integrales del individuo, que se
implican mutuamente, se afectan entre sí, y logran explicarse-describirse al
producir o ser generadores de la conducta humana. Los psicoterapeutas
experimentados comprenden el valor de ambas dimensiones y el equilibrio que
debe obtenerse para que ningún extremo aparezca como verdad absoluta de la
conducta humana. Sobra decir, claro está, que tanto las personas como los
psicoterapeutas suelen actuar dando énfasis a alguna de dichas tendencias; hay
personas que toman como referentes sus emociones-sentimientos (lo que sienten),
mientras otras apelan a la lógica, la razón, el pensamiento para vivir (lo que
conceptúan).
“A veces, cuesta mucho mas eliminar un
solo defecto que adquirir cien virtudes.”
JEAN DE LA BRUYERE
13.
5 Los conflictos “ciegos” no dejan ver la “luz” psicoterapéutica
Cuando se está cegado por la
teoría (marco de referencia interpretativo de cualquier realidad), y además se
avanza por la vida con innumerables conflictos (¿heridas emocionales?...), el
psicoterapeuta vive en un mundo o nebulosa donde no le será fácil tener una
intuición clara, de caras al diagnóstico y la terapéutica, sobre sus
consultantes. Profesionales de la salud mental han diagnosticado erróneamente,
por ejemplo, en diversas ocasiones a sus pacientes, causándoles confusión,
desprecio, rabia, incertidumbre o negación, de la posible ayuda
psicoterapéutica que esperaban obtener. La “ceguera” parte del propio
“autoengaño” de creer que todo está bien en uno, solamente porque se ha
estudiado y asumido un rol en la vida. Esto ha sido reiterativo en este texto.
¿Imagine usted un ciego guiando a otro ciego como él?
Un caso
particular
Franz
y Stive son dos psiquiatras con relativo éxito en su país en la parte
terapéutica psiquiátrica; autores intelectual y material, respectivamente,
asesinaron a uno de sus colegas, por diversos motivos: celos, odio y envidia
por contratos millonarios que el difunto psiquiatra había logrado con una
multinacional y que le reportaban viajes
por diversos lugares del mundo, así como un importante ascenso profesional a la
vista. Stive asesinó con más de 20 puñaladas a su colega, al cual desangró y
luego descuartizó, para luego en cajas ocultar el horrendo crimen. La
investigación realizada evidenció muchas anomalías en estos psiquiatras, los
cuales, entre otras cosas, se aprovechaban de las pacientes femeninas con
problemas mentales, de las cuales abusaban sexualmente e incluso intercambiaban
para sus fines morbosos. Se descubrió que lograban tal manipulación también con
el uso de fármacos.
Otro caso
particular
“Ocurría que Stekel[1] y Tausk, por alguna razón se
odiaban mutuamente y en la última reunión de la temporada 1911-1912 (mayo 30 de
1912) tuvo lugar entre ellos una escena muy desagradable. Pues Freud, si bien
alguna vez había dicho de Tausk que era una “bestia salvaje”, tenía una opinión
muy elevada de su capacidad y precisamente entonces quería que se encargara de
la sección bibliográfica del Zentralblatt, que se hallaba muy descuidada.
Stekel se puso inmediatamente a la ofensiva, declarando que no permitiría la
aparición de una sola línea de Tausk en su Zentralblatt. Freud le recordó que
la revista era el órgano oficial de la Asociación Internacional y que tales
pretensiones estaban fuera de lugar. Pero Stekel había tomado una actitud
arrogante y no estaba dispuesto a ceder. Su éxito en el terreno del simbolismo
le daba la sensación de haber superado a Freud…. Freud escribió a Bergmann, el
editor, solicitándole el reemplazo de Stekel como encargado de la revista. Pero
también le escribió Stekel, y el asombrado editor replicó que las cosas
quedarían tal cual hasta completarse el tomo en curso después de lo cual se
proponía interrumpir del todo la publicación de la revista. Entretanto, en la
reunión del 6 de noviembre, fue anunciada la decisión de Stekel de retirarse de
la Sociedad de Viena.”
[1] Nota de Ernest
Jones, citado en https://thefaustorocksyeah.wordpress.com/category/wilhelm-stekel/


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