viernes, 11 de diciembre de 2015

13. PSICOTERAPEUTAS CONFLICTIVOS



“El conflicto es el tábano del pensamiento.”
JHON DEWEY

“Ahora bien, hay una buena regla básica para medir las reacciones. Cuando tu respuesta a una situación es totalmente desproporcionada al suceso, es mejor que sospeches que el niño pequeño que llevamos dentro está haciendo una de las suyas.”

DAVID SEAMANDS



13. 1 La conflictividad humana

El conflicto sugiere uno de los constructos bastante debatidos en las teorías de la personalidad, siendo el psicoanálisis el que ha usufructuado su conceptualización a la hora de explicar y describir ciertos rasgos patológicos en los individuos. En realidad, el término en general adquiere diversas acepciones según el campo teórico explicativo que se use. Aquí, en un sentido psicológico, podemos decir que un conflicto evidencia una inconsistencia, incongruencia, una tensión fuerte que el individuo no ha podido resolver y que le causa malestar psíquico (en sí mismo y con efecto en los demás…) precisamente por su no resolución efectiva. La “conflictividad” indica que la persona, en este caso los psicoterapeutas, han aprendido a convivir con ella, en vez de tratar de erradicarla; la persona “conflictiva” lleva siempre un “ruido psicológico” que empaña las actuaciones diversas (consigo mismo y con los otros). En este sentido, un profesional de la salud mental puede ver la enfermedad mental debajo de cada planta o mueble, así como desbordar el número de rasgos-síntomas reales en los consultantes. El psicoterapeuta puede hacerse todo un ovillo con su desorganización, indisciplina, obsesividad, empecinamiento. La conflictividad también puede sugerir el carácter problemático que muchos desarrollan viendo solamente problemas, dificultades, resistencias, oposiciones, transferencias, en vez de brindar soluciones más urgentes a los problemas humanos. También los psicoterapeutas pueden experimentar culpas o decepciones cuando sus ideas o ideales tienen confrontación o no corresponden a las expectativas que se había formado como rectoras de su rol profesional. En los constructos de Otto Rank (1929), la tensión entre unidad y separación, en la congruencia personal del psicoterapeuta pudieran ser problemáticas; si éste no se halla unificado interiormente como individuo, ¿cómo esperar a que sí lo ocurra con los consultantes?



13. 2 Los psicoterapeutas conflictivos

Los profesionales de la salud mental con tendencias conflictivas se hacen un ovillo con aspectos incomprensibles del comportamiento humano (por ejemplo: la dinámica de la esquizofrenia…), de modo que la teoría, la práctica, los ideales se tornan campos de batalla mentales al no saber qué hacer o al no encontrar herramientas curativas a pesar de muchos años de investigación; puede comenzar a pesar más la frustración, la decepción, la incertidumbre, la expectativa. También el ser testigo de tanta calamidad humana en el consultorio; tantos hechos insólitos a nivel de comportamiento humano, dinámica familiar, conyugal, individual, pueden crear desesperanza y determinismo frente a una humanidad resistente al cambio, por un lado, y las ciencias del comportamiento humano, marcadas por mucha ineficacia, por el otro. (Maltrato perverso, infidelidad, irresponsabilidad, negligencia, perversiones sexuales, homicidios… dan cuenta de lo que se sugiere aquí como tal)

“No vemos las cosas tal y como son, las vemos tal y como somos nosotros.”

ANAIS  NIN


13. 3 Resolviendo las tormentas interiores

Los propios conflictos interiores (que a veces se tornan “tormentas interiores”) interfieren mucho con la “neutralidad” (?) de los psicoterapeutas, si entendemos por ésta una búsqueda de objetividad, sano distanciamiento, claridad, sensibilidad, valoración, intervención, frente a los rasgos o síntomas complicados de los consultantes. Los profesionales de la salud mental deben revisar aspectos como: su dinámica o vida familiar; sus amistades personales; su relación de pareja; su fundamento espiritual; su estado actual de formación profesional; la solución individual frente a eventos que han implicado perdón de su parte: diferencias, pleitos, cierres inadecuados en situaciones; el alcance real de sus metas; las mismas teorías y teóricos que se idolatran, en fin, toda una serie de parámetros y acontecimientos vitales que pudieran llenar su “interioridad” con frustración, ira, negativismo, incapacidad, dolor, rencor, amargura, desorganización, libertinaje, indisciplina, rebeldía, todas estas formas variadas y sutiles de conflicto individual e interindividual… que deben necesariamente resolverse.
 


13. 4 La sana razón, la sobria emoción

¿Psicoterapeutas guiados por la razón o por la emoción? Debate nada nuevo, y propio desde la antigüedad, de las mismas concepciones filosóficas y éticas del pensamiento humano. Porque en la práctica cotidiana podemos inclinarnos por la racionalidad o la emocionalidad, el pensamiento o el sentimiento, como medios explicativos y prácticos de interactuar con los consultantes. La razón indica que el psicoterapeuta debe tomar los datos concretos, observables, lógicos de su paciente, sin filtros, en un estado lo más puro posible; mediante la emoción, los consultantes son vistos en sus afectos, afecciones, sentimientos, en pro de una sensibilidad reveladora de los problemas humanos. Hoy día, aunque muchos sigan “peleando” teóricamente por ello, ¿Razón o emoción?, se comprende que pensamiento y sentimiento, son componentes integrales del individuo, que se implican mutuamente, se afectan entre sí, y logran explicarse-describirse al producir o ser generadores de la conducta humana. Los psicoterapeutas experimentados comprenden el valor de ambas dimensiones y el equilibrio que debe obtenerse para que ningún extremo aparezca como verdad absoluta de la conducta humana. Sobra decir, claro está, que tanto las personas como los psicoterapeutas suelen actuar dando énfasis a alguna de dichas tendencias; hay personas que toman como referentes sus emociones-sentimientos (lo que sienten), mientras otras apelan a la lógica, la razón, el pensamiento para vivir (lo que conceptúan).

“A veces, cuesta mucho mas eliminar un solo defecto que adquirir cien virtudes.”
JEAN DE LA BRUYERE


13. 5 Los conflictos “ciegos” no dejan ver la “luz” psicoterapéutica

Cuando se está cegado por la teoría (marco de referencia interpretativo de cualquier realidad), y además se avanza por la vida con innumerables conflictos (¿heridas emocionales?...), el psicoterapeuta vive en un mundo o nebulosa donde no le será fácil tener una intuición clara, de caras al diagnóstico y la terapéutica, sobre sus consultantes. Profesionales de la salud mental han diagnosticado erróneamente, por ejemplo, en diversas ocasiones a sus pacientes, causándoles confusión, desprecio, rabia, incertidumbre o negación, de la posible ayuda psicoterapéutica que esperaban obtener. La “ceguera” parte del propio “autoengaño” de creer que todo está bien en uno, solamente porque se ha estudiado y asumido un rol en la vida. Esto ha sido reiterativo en este texto. ¿Imagine usted un ciego guiando a otro ciego como él?


Un caso particular

Franz y Stive son dos psiquiatras con relativo éxito en su país en la parte terapéutica psiquiátrica; autores intelectual y material, respectivamente, asesinaron a uno de sus colegas, por diversos motivos: celos, odio y envidia por contratos millonarios que el difunto psiquiatra había logrado con una multinacional  y que le reportaban viajes por diversos lugares del mundo, así como un importante ascenso profesional a la vista. Stive asesinó con más de 20 puñaladas a su colega, al cual desangró y luego descuartizó, para luego en cajas ocultar el horrendo crimen. La investigación realizada evidenció muchas anomalías en estos psiquiatras, los cuales, entre otras cosas, se aprovechaban de las pacientes femeninas con problemas mentales, de las cuales abusaban sexualmente e incluso intercambiaban para sus fines morbosos. Se descubrió que lograban tal manipulación también con el uso de fármacos.


Otro caso particular

“Ocurría que Stekel[1] y Tausk, por alguna razón se odiaban mutuamente y en la última reunión de la temporada 1911-1912 (mayo 30 de 1912) tuvo lugar entre ellos una escena muy desagradable. Pues Freud, si bien alguna vez había dicho de Tausk que era una “bestia salvaje”, tenía una opinión muy elevada de su capacidad y precisamente entonces quería que se encargara de la sección bibliográfica del Zentralblatt, que se hallaba muy descuidada. Stekel se puso inmediatamente a la ofensiva, declarando que no permitiría la aparición de una sola línea de Tausk en su Zentralblatt. Freud le recordó que la revista era el órgano oficial de la Asociación Internacional y que tales pretensiones estaban fuera de lugar. Pero Stekel había tomado una actitud arrogante y no estaba dispuesto a ceder. Su éxito en el terreno del simbolismo le daba la sensación de haber superado a Freud…. Freud escribió a Bergmann, el editor, solicitándole el reemplazo de Stekel como encargado de la revista. Pero también le escribió Stekel, y el asombrado editor replicó que las cosas quedarían tal cual hasta completarse el tomo en curso después de lo cual se proponía interrumpir del todo la publicación de la revista. Entretanto, en la reunión del 6 de noviembre, fue anunciada la decisión de Stekel de retirarse de la Sociedad de Viena.”

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