“La autoestima significa sentirse
plenamente bien consigo mismo. La plenitud hace referencia a que la persona se
acepta como es (con virtudes y defectos), los cuales constituyen motivos para
corregirse o fortalecerse.
Podemos reconocer la
autoestima en los siguientes tópicos personales:
-
Autoimagen: Percepción corporal propia; como la persona se percibe y cree
ser percibida por otros. (Podría decirse que es gustarse o no)
-
Autovaloración: Concederse, admitir que se es valioso.
-
Autoconocimiento: Saber quién se es en una buena proporción.
-
Autorrespeto: Capacidad de elegir lo digno para la persona o
desechar-rechazar lo que destruya el carácter y la vida moral.
-
Autoconfianza: Sentirse capaz de decidir y conseguir los propios objetivos
y metas, basado en los dones y talentos poseídos.
-
Autoaceptación: Sensación de aceptarse como se es (Cualidades para
mejorar; defectos para trabajar en ellos)
-
Autoevaluación: Capacidad de hacer un balance periódico de sí mismo, y a
partir de allí tomar decisiones en cuanto a una calidad de vida mejor.
- Autoconcepto: El concepto
personal que se tiene de sí mismo.”
Alfonso
Barreto
19. 1 Su valor como psicoterapeuta
Todo
rol tiene su dignidad. El servicio a los demás indica que cada funcionalidad-habilidad
del ser humano es requerida para cualquier dinámica social. Y los
psicoterapeutas tienen un valor importante desde el siglo pasado, cuando la
profesión se tornó un oficio pagado, remunerado, y la profesionalización
admitió que los servicios psicoterapéuticos son específicos y son solicitados
por consultantes (pacientes); los estudios epidemiológicos también evidencian
que hay dificultades psicológicas y psiquiátricas en la población. En el
presente ello es un proceso activo desde las entidades prestadoras de salud de
cada país. El psicoterapeuta vale porque, en condiciones normales e ideales,
cuenta con un fuerte y valioso “consejo psicológico” producto del estudio
personal, la experiencia individual y la interacción constante con los
pacientes. Aunque, seamos sinceros, tanto la psiquiatría como la psicología no
son ciencias o disciplinas muy bien libradas, dado lo complejo del
comportamiento humano perturbado, y los logros relativos que se obtienen con
los pacientes en su mejoría. La enfermedad mental no ha sido posible
erradicarla o controlarla mediante la ciencia psiquiátrica, hasta la fecha.
Pero, somos valiosos, tenemos cierta autoridad para dictaminar, sin arrogancia,
sobre la conducta humana, así como para elaborar modelos explicativos de la
misma, además del diseño de recursos-técnicas que consideramos pueden afectar
positivamente a la población en general.
“La misión del consejo menor
consiste en resolver conflictos, restablecer el debido orden en el intelecto
del cliente para una mejor comprensión de los mismos, y poner en marcha las
funciones no desarrolladas. Con esto el cliente no cambia, pero adquirirá una
mejor forma. El adolescente será un perfecto adolescente; la madre, mejor
madre. El consejo mayor apunta a un más elevado objetivo; aspira a conjurar la
vida no vivida del cliente para integrarla en la personalidad consciente de
éste, cuya naturaleza cambia al adquirir un mayor grado de madurez. El adulto
aquejado de infantilismo, alcanzará pleno desarrollo; el padre que obra como un
irresponsable adolescente, terminará aceptando su papel de padre. Este reajuste de conceptos implica, desde
luego, una marcada reducción del egocentrismo. El consejo mayor encierra
siempre en sí el consejo menor.”
Fritz Kunkel
19. 2 Sus valores personales
Usted
cuenta con unos valores personales importantes; ellos son sus guías personales
e interpersonales; hay eventos en los que usted cree, conceptos que le son
útiles; actitudes que lo definen como individuo, virtudes que ha desarrollado
con el tiempo, aparte de cierta o mucha habilidad para lo que hace
terapéuticamente. Dichos valores lo configuran a usted como psicoterapeuta, le
dan un sello o estilo personal-profesional. Son importantes, porque en
definitiva dan intencionalidad a su quehacer y lo que usted “quisiera formar”
en sus consultantes, su “legado”, su aporte a la ciencia en general. Los
profesionales de la salud mental pueden privilegiar o no: la integridad, la disciplina, el respeto, el positivismo (ser
positivo), las buenas actitudes, la tolerancia, la paciencia, el secreto
profesional, la ética profesional, la moral, la espiritualidad, la
cientificidad, la racionalidad, la motivación, etc., procesos/valores que
filtran cuanto hace con respecto a sus pacientes.
19. 3 El valor de sus consultantes
Si el
psicoterapeuta tiene un importante valor como persona y profesional
especializado, los consultantes también tienen un valor importante; son el
desafío por superar (¿curar?); representan la comprobación de los rasgos
patológicos que las ciencias del comportamiento enuncian o describen; son la
parte de la población que sufre con las perturbaciones mentales; son la
evidencia de una sociedad bastante “enferma”; son quienes proveen sustento
económico en parte a nuestras vidas. Son los que motivan proyectos
especulativos de buena intención como el DSM (ahora la versión V) y la CIE,
entre otras clasificaciones de las enfermedades mentales y problemas
psicológicos diversos. Cada persona tiene un valor intrínseco, minado por
distintos factores: heridas y frustraciones, sistemas de crianza erróneos,
modelos sociales anómalos, acontecimientos vitales repentinos, traumas,
complejos, pecados, ataduras, crisis… de los cuales el psicoterapeuta tiene el
privilegio de intervenir en pro del bienestar social y personal de la sociedad
en general.
19. 4 Un imaginario importante
Las
profesionales de la salud mental cuentan con un notable imaginario, lógico, hablando en un sentido positivo (pues no todos
creen o acuden a dichos profesionales), porque significa que existen personas
preparadas-capacitadas para atender diversas dificultades de tipo psicológico y
psiquiátrico, que afectan a cierto porcentaje de la población y cuyas causas
pueden ser múltiples. El imaginario en sí es una gran cuota inicial (quizás
placebo) para las decisiones de cambio personal en los consultantes, y esto
debe aprovecharse positivamente, porque indica que los psicoterapeutas “tienen”
autoridad-discurso sobre el comportamiento humano. Autoridad en el sentido de
que se ha estudiado y especializado en la comprensión teórico-práctica del funcionamiento
de la personalidad, el carácter y todo lo que pudiese girar en torno de ellos.
19. 5 Usted tiene lo suyo
Así
que, como psicoterapeuta “usted tiene lo suyo”. Comprende que ha desarrollado
cierta manera de “aconsejar”, “intervenir”, que asimismo debe estarlas
mejorando o revisando según los resultados que ejerzan en sus consultantes; lo
que no sirve se desecha o se renueva, puesto que no conduce a soluciones más
efectivas en los pacientes. La formación adquirida no es en vano, pero tampoco
es la definitiva, porque no existen certezas y verdades absolutas
psicológicas-psiquiátricas (teóricas), que podamos asumir como inamovibles.
Recuerde que hay unos consejos que se dan o unos medicamentos que se recetan,
pero que muchas veces no son la solución para las necesidades reales del
paciente. Aproveche sus habilidades pero modifique lo ineficaz, tradicional o
rutinario en su quehacer psicoterapéutico.
Un caso
particular
“Belmín es un psicólogo que venía
trabajando con un programa de atención a víctimas, muy importante en su país.
Casado con una colega. Algunos lo consideraban una persona nerviosa e insegura.
Parece ser que B., llevaba una doble vida porque según investigaciones
judiciales está reseñado como un violador en serie (se le acusa de 6 de ellas).
Este psicólogo en una computadora mantenía imágenes muy particulares de mujeres
desnudas, descabezadas, mutiladas, que daban cuenta de algunas de sus
perturbaciones mentales. Su esposa, con quien se había separado varios meses
por acuerdo mutuo, no cesa de llorar, pues nunca había notado algo raro en su
esposo, aparte de ser el hombre que ayudó a criar su hijo desde temprana edad.
Este profesional puede enfrentar una larga condena próximamente.”


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