“Llegamos
ahora a una enseñanza capital, que ha tenido gran significación para mí. Puedo
expresarla en los siguientes términos: He descubierto el enorme valor de
permitirme comprender a otra persona. La manera en que he formulado esta
afirmación puede resultarles extraña. ¿Es necesario permitirse conocer a otro?
Pienso que efectivamente es así. Nuestra primera reacción ante las afirmaciones
que oímos de otras personas suele ser una evaluación inmediata o un juicio, más
que un intento de comprensión. Cuando alguien expresa un sentimiento, una
actitud o creencia, tendemos a pensar: "Está en lo correcto"; o
"Es una tontería"; "Eso es anormal"; "No es razonable";
"Es incorrecto"; "Es desagradable". Muy pocas veces nos
permitimos comprender exactamente lo que su afirmación significa para él.
Pienso que esto se debe a que comprender es riesgoso. Si me permito comprender
realmente a otra persona, tal comprensión podría modificarme, y todos experimentamos
temor ante el cambio. Por consiguiente, como ya dije antes, no es fácil
permitirse comprender a un individuo, penetrar en profundidad y de manera plena
e intensa en su marco de referencia. En efecto, esto es algo que ocurre con
escasa frecuencia.”
CARL ROGERS
5.
1 El cambio en - para los psicoterapeutas
El capítulo del cambio es uno
de los temas más polémicos, tratados, especulados, en la amplia literatura de
la denominada superación personal (autoayuda); y esto no deja de ser difuso o
generar mucha confusión en la medida que el cambio puede significar muchas
cosas o apuntar en diferentes direcciones; para algunos el cambio es netamente
material (modificar unas cosas por otras); para otros radicaría en un nuevo
estilo de vida; muchos piensan en un cambio de saberes o formas de hacer; otros
ven el cambio como ir a la vanguardia con todo aquello que surja y puedan tener
al alcance de su mano; varios piensan en nuevas tendencias
filosófico-religiosas para ser mejores,
etc. Por su parte el cambio, en un sentido psicoterapéutico, y no sólo
aplicable a los pacientes-clientes, puede significar que no solamente éstos
cuentan con problemas, sino que los profesionales pudieran padecer mayores trastornos que incluso algunos de sus pacientes
asiduos y necesitan también cambiar (recuerde a Freud y sus dificultades con la
cocaína; Sullivan con el alcoholismo-homosexualismo…). Pero como hemos venido
reflexionando, aunque los psicoterapeutas pudieran ser “medio conscientes” de
cuanto les ocurre, y precisar la “etiqueta” (dificultad-conflicto) de lo que
padecen, no por ello se presupone su mejoramiento personal en aras de un cambio
personal, que pudiese mejorar primeramente su vida cotidiana, luego revertirse
positivamente en su relación profesional con sus pacientes.
5. 2 El orgullo y las resistencias propias a vencer
Los profesionales de la
salud no son ajenos (no solamente al denominado “celo profesional” – tan
afamado literalmente) sino al “orgullo profesional”, o esa tendencia de creer
que los estudios realizados a lo largo de la vida “inmunizan” a un individuo
frente a los problemas de la existencia, por un lado, o lo colocan por encima
del bien y del mal, incluso de los
demás, por el otro. Los psicoterapeutas para “iniciar” su proceso de cambio
requieren vencer:
- Su propia sabiduría
adquirida (pero un tanto sesgada por la altivez y la arrogancia personal)
- La creencia de que lo
teórico adquirido-apropiado es toda
la verdad mental existente.
- La falta de humildad
y sencillez que debieran proceder de tanta incapacidad humana para poder ayudar
efectivamente a los demás (pacientes)
- El autoengaño de
pensar “que ellos no necesitan del cambio”
- El sentimiento de
autoperfección (imposible de lograr en esta vida)
- El papel de “dioses”
del comportamiento humano (cuando apenas uno puede conocerse a sí mismo)
- El desprecio por el
fundamento espiritual de la existencia (que también ayuda al ser humano a
consolidar procesos de cambio)
- La negación a las
deficiencias y carencias de la profesión a la hora de solucionar muchos
problemas humanos.
- Etc.
5. 3 El autodiagnóstico
Aunque no es fácil
“ver” en sí mismo con claridad (ser autoconsciente…), puesto que el ser humano
tiende a pensar que “anda en lo correcto”, “conoce la verdad” (y que son los
demás quienes debieran cambiar o reaccionar…), es de suponer que años de
estudio y formación pudieran permitir que los psicoterapeutas dieran el primer
paso en cuanto a lo que les ocurre o ha afectado su vida personal en algún
momento dado de su desarrollo individual. Esto puede motivar el cambio sin
negar la necesidad de búsqueda de ayuda con otro buen psicoterapeuta (contados,
pero los hay…), que como espejo y orientación le pudiesen ayudar a superar las
propias resistencias, vicios, vacíos, conflictos, contradicciones, que lo han
cautivado, seguramente, por un buen número de años. Aquello de “médico cúrate a
ti mismo” no suele ser algo tan fácil de poder lidiar, cuando los problemas han
tomado ventaja y profundidad a lo largo de los días.
5. 4 Usted… no era perfecto
Una importante noticia
para el cambio personal en los psicoterapeutas, incluso en cualquier individuo
es: “Tranquilo, la realidad es que usted no es perfecto”. La perfección (Si se
deja a un lado la tendencia religiosa en este aspecto, pues solamente el Creador es Perfecto) constituye una de
las ilusiones o utopías más comercializadas y aprovechadas por la industria
general (una nariz, perfecta, glúteos perfectos, estatura perfecta, estilo de
vida perfecto, una personalidad perfecta o impactante, una alimentación
perfecta, vestuario perfecto, bienes materiales perfectos, etc.) sumen a los individuos cada día en
estándares desproporcionados, esclavizantes, obsesivos, irrisorios, de los
cuales los profesionales de la salud tampoco son la excepción a la norma.
Recuerde que los problemas y conflictos que usted ha desarrollado, ha padecido
a causa de otros o enfrentado por ser el mundo como es, no han hecho de usted
una excepción, sino que indica que lo perfecto brilla por su ausencia o
contradicción, y por el contrario, se manifiesta en forma de angustias,
ansiedades, tensiones, malos hábitos, conflictos, en su vida diaria. No sobra
decir pues, que también están aquellos eventos que usted ha creado, bajo su
propia responsabilidad (malas decisiones…) que le han generado todo tipo de
vicisitudes.
“La idea de
que la causa de los problemas personales es una enfermedad, vicia todas la
nociones de responsabilidad humana. Ahí está el quid de la cuestión. La gente
ya no se considera responsable de sus malas acciones. Pretenden que sus
problemas son alogénicos (causados por otros) en lugar de autogénicos
(autocausados). En lugar de asumir la responsabilidad personal por su
comportamiento, echan la culpa a la sociedad.”
Jay
Adams
5. 5. “En casa de herrero…”
Los médicos también se
enferman; los abogados también se ven inmiscuidos en problemas legales o
jurídicos; los economistas también pueden verse afectados por la quiebra y la
ruina; los pastores y los sacerdotes también pecan; los narradores pueden
equivocarse con sus relatos; un arquitecto puede ver venirse abajo su propia
estructura diseñada; los contadores pueden participar en desfalcos y estafas;
los comerciantes puede sufrir grandes pérdidas; el sepulturero puede enterrar a
su propia generación; un político puede ser derrocado después de haber sido
elegido; los deportistas pueden padecer accidentes graves que frustran la
continuidad de su carrera; algunos artistas pueden corromperse con su arte o
vida desordenada; las celebridades son sorprendidas con la tragedia; los
bandidos siempre terminan mal inevitablemente… Y los psicoterapeutas pueden padecer los mismos
problemas de sus pacientes. La aceptación, la adaptación, la renovación, el
recomenzar, el cambio, no hacen la excepción con ningún individuo.
Un caso particular
Richard es un psicólogo de 34 años con una buena ubicación
laboral. Aunque la especialidad en psicología deportiva no es la generalidad
escogida por la mayoría de los psicólogos, R. se ha abierto camino, laborando
en una importante entidad deportiva de aquella municipalidad. Sostenía una
relación aparentemente estable con su novia, con la cual llevaba varios años de
compromiso. Realmente, la vida cotidiana aparecía como muy normal, sin
complicación alguna. No obstante, R. terminó suicidándose en uno de los cuartos
de las instalaciones deportivas, colgándose con una soga de uno de los tubos de
la litera. Sus familiares explicaron que R. padecía de un cuadro severo de
depresión acompañado de insomnio. Pero no se conocen los motivos reales, pues
no quedó evidencia alguna, como por ejemplo: una carta, mensaje de texto,
llamada o dato significativo alguno.


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