jueves, 10 de diciembre de 2015

5. CAMBIO



“Llegamos ahora a una enseñanza capital, que ha tenido gran significación para mí. Puedo expresarla en los siguientes términos: He descubierto el enorme valor de permitirme comprender a otra persona. La manera en que he formulado esta afirmación puede resultarles extraña. ¿Es necesario permitirse conocer a otro? Pienso que efectivamente es así. Nuestra primera reacción ante las afirmaciones que oímos de otras personas suele ser una evaluación inmediata o un juicio, más que un intento de comprensión. Cuando alguien expresa un sentimiento, una actitud o creencia, tendemos a pensar: "Está en lo correcto"; o "Es una tontería"; "Eso es anormal"; "No es razonable"; "Es incorrecto"; "Es desagradable". Muy pocas veces nos permitimos comprender exactamente lo que su afirmación significa para él. Pienso que esto se debe a que comprender es riesgoso. Si me permito comprender realmente a otra persona, tal comprensión podría modificarme, y todos experimentamos temor ante el cambio. Por consiguiente, como ya dije antes, no es fácil permitirse comprender a un individuo, penetrar en profundidad y de manera plena e intensa en su marco de referencia. En efecto, esto es algo que ocurre con escasa frecuencia.”
CARL ROGERS


5. 1 El cambio en - para los psicoterapeutas

El capítulo del cambio es uno de los temas más polémicos, tratados, especulados, en la amplia literatura de la denominada superación personal (autoayuda); y esto no deja de ser difuso o generar mucha confusión en la medida que el cambio puede significar muchas cosas o apuntar en diferentes direcciones; para algunos el cambio es netamente material (modificar unas cosas por otras); para otros radicaría en un nuevo estilo de vida; muchos piensan en un cambio de saberes o formas de hacer; otros ven el cambio como ir a la vanguardia con todo aquello que surja y puedan tener al alcance de su mano; varios piensan en nuevas tendencias filosófico-religiosas para ser mejores, etc. Por su parte el cambio, en un sentido psicoterapéutico, y no sólo aplicable a los pacientes-clientes, puede significar que no solamente éstos cuentan con problemas, sino que los profesionales pudieran padecer mayores trastornos que incluso algunos de sus pacientes asiduos y necesitan también cambiar (recuerde a Freud y sus dificultades con la cocaína; Sullivan con el alcoholismo-homosexualismo…). Pero como hemos venido reflexionando, aunque los psicoterapeutas pudieran ser “medio conscientes” de cuanto les ocurre, y precisar la “etiqueta” (dificultad-conflicto) de lo que padecen, no por ello se presupone su mejoramiento personal en aras de un cambio personal, que pudiese mejorar primeramente su vida cotidiana, luego revertirse positivamente en su relación profesional con sus pacientes.


5. 2 El orgullo y las resistencias propias a vencer

Los profesionales de la salud no son ajenos (no solamente al denominado “celo profesional” – tan afamado literalmente) sino al “orgullo profesional”, o esa tendencia de creer que los estudios realizados a lo largo de la vida “inmunizan” a un individuo frente a los problemas de la existencia, por un lado, o lo colocan por encima del bien y del mal, incluso  de los demás, por el otro. Los psicoterapeutas para “iniciar” su proceso de cambio requieren vencer:
- Su propia sabiduría adquirida (pero un tanto sesgada por la altivez y la arrogancia personal)
- La creencia de que lo teórico adquirido-apropiado es toda la verdad mental existente.
- La falta de humildad y sencillez que debieran proceder de tanta incapacidad humana para poder ayudar efectivamente a los demás (pacientes)
- El autoengaño de pensar “que ellos no necesitan del cambio”
- El sentimiento de autoperfección (imposible de lograr en esta vida)
- El papel de “dioses” del comportamiento humano (cuando apenas uno puede conocerse a sí mismo)
- El desprecio por el fundamento espiritual de la existencia (que también ayuda al ser humano a consolidar procesos de cambio)
- La negación a las deficiencias y carencias de la profesión a la hora de solucionar muchos problemas humanos.
- Etc.



5. 3 El autodiagnóstico

Aunque no es fácil “ver” en sí mismo con claridad (ser autoconsciente…), puesto que el ser humano tiende a pensar que “anda en lo correcto”, “conoce la verdad” (y que son los demás quienes debieran cambiar o reaccionar…), es de suponer que años de estudio y formación pudieran permitir que los psicoterapeutas dieran el primer paso en cuanto a lo que les ocurre o ha afectado su vida personal en algún momento dado de su desarrollo individual. Esto puede motivar el cambio sin negar la necesidad de búsqueda de ayuda con otro buen psicoterapeuta (contados, pero los hay…), que como espejo y orientación le pudiesen ayudar a superar las propias resistencias, vicios, vacíos, conflictos, contradicciones, que lo han cautivado, seguramente, por un buen número de años. Aquello de “médico cúrate a ti mismo” no suele ser algo tan fácil de poder lidiar, cuando los problemas han tomado ventaja y profundidad a lo largo de los días.

5. 4 Usted… no era perfecto

Una importante noticia para el cambio personal en los psicoterapeutas, incluso en cualquier individuo es: “Tranquilo, la realidad es que usted no es perfecto”. La perfección (Si se deja a un lado la tendencia religiosa en este aspecto, pues solamente el Creador es Perfecto) constituye una de las ilusiones o utopías más comercializadas y aprovechadas por la industria general (una nariz, perfecta, glúteos perfectos, estatura perfecta, estilo de vida perfecto, una personalidad perfecta o impactante, una alimentación perfecta, vestuario perfecto, bienes materiales perfectos,  etc.) sumen a los individuos cada día en estándares desproporcionados, esclavizantes, obsesivos, irrisorios, de los cuales los profesionales de la salud tampoco son la excepción a la norma. Recuerde que los problemas y conflictos que usted ha desarrollado, ha padecido a causa de otros o enfrentado por ser el mundo como es, no han hecho de usted una excepción, sino que indica que lo perfecto brilla por su ausencia o contradicción, y por el contrario, se manifiesta en forma de angustias, ansiedades, tensiones, malos hábitos, conflictos, en su vida diaria. No sobra decir pues, que también están aquellos eventos que usted ha creado, bajo su propia responsabilidad (malas decisiones…) que le han generado todo tipo de vicisitudes.

“La idea de que la causa de los problemas personales es una enfermedad, vicia todas la nociones de responsabilidad humana. Ahí está el quid de la cuestión. La gente ya no se considera responsable de sus malas acciones. Pretenden que sus problemas son alogénicos (causados por otros) en lugar de autogénicos (autocausados). En lugar de asumir la responsabilidad personal por su comportamiento, echan la culpa a la sociedad.”
Jay Adams




5. 5. “En casa de herrero…”

Los médicos también se enferman; los abogados también se ven inmiscuidos en problemas legales o jurídicos; los economistas también pueden verse afectados por la quiebra y la ruina; los pastores y los sacerdotes también pecan; los narradores pueden equivocarse con sus relatos; un arquitecto puede ver venirse abajo su propia estructura diseñada; los contadores pueden participar en desfalcos y estafas; los comerciantes puede sufrir grandes pérdidas; el sepulturero puede enterrar a su propia generación; un político puede ser derrocado después de haber sido elegido; los deportistas pueden padecer accidentes graves que frustran la continuidad de su carrera; algunos artistas pueden corromperse con su arte o vida desordenada; las celebridades son sorprendidas con la tragedia; los bandidos siempre terminan mal inevitablemente… Y  los psicoterapeutas pueden padecer los mismos problemas de sus pacientes. La aceptación, la adaptación, la renovación, el recomenzar, el cambio, no hacen la excepción con ningún individuo.


Un caso particular



Richard es un psicólogo de 34 años con una buena ubicación laboral. Aunque la especialidad en psicología deportiva no es la generalidad escogida por la mayoría de los psicólogos, R. se ha abierto camino, laborando en una importante entidad deportiva de aquella municipalidad. Sostenía una relación aparentemente estable con su novia, con la cual llevaba varios años de compromiso. Realmente, la vida cotidiana aparecía como muy normal, sin complicación alguna. No obstante, R. terminó suicidándose en uno de los cuartos de las instalaciones deportivas, colgándose con una soga de uno de los tubos de la litera. Sus familiares explicaron que R. padecía de un cuadro severo de depresión acompañado de insomnio. Pero no se conocen los motivos reales, pues no quedó evidencia alguna, como por ejemplo: una carta, mensaje de texto, llamada  o dato significativo alguno.

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