martes, 15 de diciembre de 2015

24. EL ENRIQUECIMIENTO DE LA PERSONALIDAD



“Es verdad que junto a los gigantes de la literatura, los psicólogos, que se dedican a presentar y explicar la personalidad, parecen ineficaces y a veces un poco tontos. Sólo un pedante puede preferir la árida colección de hechos que ofrece la psicología acerca de la vida mental del individuo, a los gloriosos e inolvidables retratos de los novelistas, dramaturgos y biógrafos talentosos. El artista de las letras crea sus relatos; el psicólogo no hace más que recopilar los de él. En un caso emerge una unidad, consecuente consigo misma a pesar de sus sutiles variaciones. En el otro caso se va acumulando un pesado conjunto de datos deshilvanados.”
Gordon Allport


24. 1 ¿Se enriquece la personalidad?

Hablar de enriquecimiento personal hace remontar a la psicología positiva, generadora, no ella exclusivamente, de gran parte del campo de la literatura de autoayuda y superación. La proliferación en este ámbito es exorbitante. El campo del desarrollo personal cada día es editado con la promesa de ayudar al individuo a ser mejor persona; hasta métodos se crean para captar mayor público interesado. No obstante, el enriquecimiento personal es comprendido aquí por el autor como una manera de no permanecer o seguir siendo igual persona, sino estar en la búsqueda de nuevos valores, virtudes, así como el control, acaso eliminación de defectos de carácter que hacen del individuo una persona indeseable o carente de las más nobles relaciones interpersonales. Los psicoterapeutas tampoco son la excepción a esta intencionalidad de mejoramiento personal y continuo. La gente suele creer que el enriquecimiento personal puede estar exclusivamente supeditado a la intelectualidad y el saber, olvidando la formación en calidad humana y cambio personal. Un asunto es estar lleno de sobreabundantes contenidos, otra contar con una magnífica calidad humana. Creo que enriquecemos nuestra personalidad cuando:
- Admite que “debe cambiar” algunas actuaciones en su carácter y personalidad.
- Sabe que es imposible actuar “perfectamente” en esta vida.
- Piensa en la práctica de valores que no eran de su interés o prioridad como persona.
- Dedica tiempo a meditar en “su camino” personal cotidiano.
- Evalúa sus relaciones interpersonales en pro del mejoramiento en la convivencia a cualquier nivel.
- Reconoce la existencia del “pecado” como una realidad comportamental que hace estragos en la vida de cualquier individuo.
- Reconoce con humildad que “no se las sabe todas” en su rol o quehacer profesional.
- Quizás se encuentra “derrotado” en hábitos dañinos para su esencia personal.
- Etc.


24. 2 ¿Psicoterapeutas “iguales” todo el tiempo?

Permanecer  igual como persona (cuando el balance  personal es de tipo negativo), indica para el terapeuta su baja autoeficacia, quizás su autoengaño de creer que su modificación personal era un proceso natural y fluyente donde no tenía que mover un solo dedo a favor de sí mismo. Algunos hasta desarrollan moldes para actuar (una forma negativa particular de ser), y la atribución que se hace es que la problemática de su comportamiento de es de carácter disposicional (interna) y no contextual, como suele ser la excusa generalizada: soy así porque los demás o la sociedad son culpables. Creo que en este aspecto ya se ha reflexionado considerablemente a lo largo de este texto, pero no sobra decir lo importante que será siempre el cambio para el individuo, en cualquier época de la vida. El mundo adolece todavía de graves tragedias, calamidades, fatalidades interpersonales, que tienen en la “falta de cambio” una de sus raíces más podridas.


24. 3 ¿Qué incorporar o mejorar en usted mismo?

¿Qué podrían los psicoterapeutas incorporar a su carácter y personalidad si es que puede plantearse así la pregunta? Podríamos resumir las áreas a trabajar en pro del enriquecimiento personal así:
- La incorporación práctica de valores, y no su mero conocimiento teórico como suele ocurrirle a nuestras sociedades: conocedoras pero no practicantes de las virtudes más deseadas.
- El mejoramiento de la empatía, tolerancia y conmiseración con los consultantes, que faciliten la comprensión de la condición humana pecadora, rebelde o conflictiva.
- Una espiritualidad centrada en Dios, que permita al psicoterapeuta comprender y asimilar que existen problemas que el hombre no puede resolver a menos que la Deidad pueda conceder su bondad y misericordia. (Los médicos reconocen a diario que Dios puede ayudar en las crisis o males de sus pacientes)
- La lectura prudente y no obsesiva de contenidos que se asumen como verdades teóricas e infalibles de la comprensión de la raza humana. La información siempre debe ser decantada; lo que sirve, de lo inútil.
- La humildad para aprender de otros profesionales que quizás hayan tenido más “éxito” en su terapéutica, por su claridad, bondad, transparencia, habilidad, etc.
- Observar la vida, la gente, la cultura, la sociedad, allí donde se encuentran las soluciones (o no) mismas de las fatalidades humanas.
- Otros: que usted vea que puedan enriquecer su persona y rol profesional.

“La piedra de toque del arte psicológico es la comprensión del antagonismo y del sentido social de los fenómenos neuróticos, psicóticos y “normales”. En la actitud arrogante de la presunción, el psicólogo debe saber reconocer la extrema vergüenza del débil; en la terquedad y en la crueldad, la reacción contra la obediencia y la blandura; en la masculinidad ostentativa el horror al papel femenino; en el delirio de poder y sus convulsiones, el terror a la derrota. Y todos estos fenómenos el psicólogo deberá examinarlos desde el punto de vista del sentimiento de comunidad: se acercará a la vida anímica del hombre preguntando (según una bella sentencia de Jerusalén), como Joab, “¿Eres de los nuestros o de nuestros enemigos?”
ALFRED  ADLER



24. 4 ¿Cómo le gustaría a usted ser?

Pregunta muy importante dentro del proyecto de vida de cualquier persona o profesional. Interrogante que desafía el trabajo en sí mismo, las posibilidades del mejoramiento continuo, y el deseo de ser mejor como persona. Pero también planteamiento que no es que guste mucho a la generalidad de la humanidad. Aquí, una vez más, lamento lo reiterativo, el cambio surge como la posibilidad y mediación para lograr psicoterapeutas plenos, contentos, satisfechos de su labor, humanos, frente a lo difícil de su labor terapéutica. ¿Cómo le gustaría a usted ser? (¿Yo ideal?) ¿Cómo usted sería una mejor persona o profesional? También son preguntas fundamentales para el desempeño cotidiano, para las relaciones interpersonales diversas, como un grano de arena en medio de un mar de odio, venganza, egoísmo e intolerancia, que lamentablemente, aquejan al mundo, desde siempre.

“La psicoterapia significa la aplicación informada y planificada de técnicas derivadas de principios psicológicos establecidos, por personas cualificadas por su entrenamiento y experiencia para comprender esos principios y aplicar esas técnicas con la intención de asistir individuos para modificar características personales tales como sentimientos, valores, actitudes y conductas que son juzgadas por el terapeuta como inadaptadas o defectuosas.
Hans Eysenck


24. 5 Otra vez: nunca perfectos

Por supuesto que, la perfección es una ilusión bastante neurótica en esta existencia, tan marcada por los defectos de carácter en las personas cuando no cambian hábitos dañinos por conductas más nobles, bondadosas y proactivas. Creo que uno de los ejemplos más ilustrativos están a la vista en los noticiarios e informativos, que dan cuenta cada día, cada momento, cada minuto, del comportamiento perturbado, egoísta, deshonesto, codicioso, violento, intolerante, vanidoso,  abarcando el mayor porcentaje en la proporción de noticias negativas frente a las positivas. Se espera, sin embargo, que los psicoterapeutas puedan mejorar su calidad de vida interior, lo cual pueda revertirse en su labor terapéutica, así como poder, poco a poco, contribuir a la credibilidad de la profesión y el rol ejecutado cada día desde diversas instituciones, y donde los consultantes depositan su confianza para recibir la ayuda profesional, por la cual muchos pagan. Nunca perfectos, pero sí cada día mejores personas, mejores psicoterapeutas.

“1. El psiquiatra tiene que valorar el estado mental de otros y emitir un juicio, lo cual implica gran responsabilidad porque puede suponer una estigmatización de por vida o porque el diagnóstico conduzca una pérdida legal de libertad: en psiquiatría la neutralidad es difícil de mantener.
2. La psiquiatría está cargada de ambigüedades: es difícil precisar los límites de la normalidad psíquica; en el fenómeno psicopatológico coexisten lo biológico y lo psicosocial, lo cual dificulta su aprehensión objetiva.
3. El objeto de la psiquiatría es la conducta humana, frente a la cual no es posible que el paciente ponga distancia, ya que sujeto y trastorno son una misma cosa (las psicosis se caracterizan generalmente por una falta de conciencia de enfermedad). El paciente psiquiátrico ofrece al examen su malestar, su intimidad y su propia historia.
4. En psiquiatría la relación médico-paciente es un instrumento de exploración y de tratamiento (la situación de indefensión del paciente puede ser mayor aún que en otras ramas de la Medicina).”
LOURDES  MENDIBURU



Un caso particular

“Carl es un médico psiquiatra de la guarnición militar; venía tratando a un soldado reservista, paciente afectado con trastornos del sueño y de comportamiento, quien había logrado mediante tutela o un mecanismo jurídico la atención especializada con los medicamentos requeridos. C., fue asesinado con arma blanca por su paciente, desconociéndose las causas reales que motivaron dicho comportamiento. La experiencia de C., ilustra el riesgo y lo difícil en muchos casos de la intervención terapéutica con pacientes específicos.”

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