viernes, 11 de diciembre de 2015

8. ¡USTED ES TREMENDAMENTE NORMAL!



“La felicidad y la desdicha son tanto un estado de nuestra personalidad total que las reacciones corporales frecuentemente las expresan en mayor grado que nuestros sentimientos conscientes. El rostro tenso de una persona, la apatía, el cansancio, o los síntomas físicos como dolores de cabeza, son expresiones frecuentes de desdicha, en la misma forma que los sentimientos físicos de bienestar pueden ser síntomas de felicidad. De hecho, nuestro cuerpo es menos capaz de ser engañado respecto de nuestra felicidad que nuestra mente”.
ERICH FROMM


8. 1 No se es de otro planeta

Uno de los buenos puntos de partida, para los psicoterapeutas con problemas, dificultades o trastornos, radica en la consciencia de asumirse como personas normales que se han inclinado por un campo del saber y del conocimiento humano: la conducta-comportamiento; su formación, interacción, así como sus patologías-alteraciones, como lo intentan hacer los psiquiatras (quienes no son más ni menos exitosos que los psicólogos clínicos a  la hora de intervenir o lograr resultados óptimos con sus pacientes). Las personas no dejan de ser personas, gente, aunque estudien y se especialicen en determinados campos del saber humano. Esto es muy importante “mentalizarlo” porque a veces los psicoterapeutas se consideran seres muy especiales, “como de otro planeta” como si con tales sensaciones (“sentirse raro, extraño, especial”…) fueran a lograr comprender plenamente la compleja naturaleza humana, bastante afectada en sus componentes-actuaciones en diversos aspectos, por lo demás.

8. 2 No se es un elegido

Tampoco se es un “elegido” o “enviado” para obtener la absoluta verdad sobre el comportamiento humano, “sano o perturbado”. Hombres famosos como Freud (afortunados en cuanto a la divulgación mundial de su teoría – aunque la misma sea extraordinariamente literaria, especulativa e ineficaz…), creyeron encontrar la explicación-solución a problemas complejos, que muchas veces seguimos sin comprender y que sumen a una buena parte de la humanidad bajo diversas perturbaciones comportamentales. Así que, si usted es una “luminaria” se verá motivado a servir con humildad ante tanta falencia y calamidad humana. Pero, sin duda, si usted es un terapeuta exitoso o cuenta en su haber la solución (¿curación?) de diversos (¿numerosos?) casos entonces es un buen modelo para que comparta y divulgue a otros psicoterapeutas sus estrategias de intervención, su pericia desarrollada, en el complejo mundo del comportamiento “anormal”.


 8. 3. Normalitos

Entonces algo muy sano para los profesionales de la salud mental es no olvidar su labor-rol social, como representantes de una de las instituciones sociales, en este caso el ámbito de la salud, conscientes de las limitaciones y desafíos de cada jornada de asesoría o intervención. “Normales”, como cualquier otro ser humano dedicado a otro campo del saber, porque esta perspectiva produce humildad y abre las puertas a la empatía (no siempre sobresaliente o característica de los terapeutas), en aras de la sensibilidad ante las necesidades de los demás, y de las cuales podemos tener experiencia previa vivida o estar a punto de penetrar en ellas. Nadie es la excepción en esta vida a las fatalidades. Los psicoterapeutas “normales”:
- Saben claramente que también poseen defectos del carácter que deben controlar, erradicar, superar.
- Tienen consciencia de la calamidad humana inevitable.
- Experimentan la humildad ante los graves conflictos humanos, nada fáciles de “curar”.
- Se sienten personas equilibradas porque están constantemente trabajando en sí mismas.
- Buscan ayudas adecuadas, asesorías, opiniones, consejos, capacitaciones, formación, fundamentos, que mejoren primeramente su vida integral, luego su quehacer profesional.
- No se asumen como “gurús” que creen tener la solución para todas las perturbaciones del comportamiento humano.
- Saben que son “consejeros” (sujetos a habilidades y falencias humanas). Psicología y psiquiatría son etiquetas humanas que referencian un quehacer o rol social.
- No desconocen o desprecian el fundamento espiritual en Dios, quien es el terapeuta perfecto por excelencia y conoce absolutamente la condición humana de la humanidad.
- Otras que impliquen equilibrio personal, profesional e interpersonal.

“En el área del crecimiento personal ha habido un cambio de enfoque durante los últimos treinta años. A fines de la década del sesenta y a principio de la del setenta, la gente comenzó a hablar de “encontrarse a sí mismo”, queriendo decir que buscaban un camino hacia una plena realización personal. Esto es como hacer de la felicidad una meta pues la realización personal se relaciona con sentirse bien. Pero el desarrollo personal es diferente. Es cierto que gran parte del tiempo le hará sentirse bien, pero ese es un beneficio marginal, no la meta. El desarrollo personal es un llamado superior; es el desarrollo de su potencial de modo que pueda alcanzar el propósito para el cual fue creado. Hay momentos en que esto es realización, pero hay otros en que no lo es. No importa cómo se sienta, el desarrollo personal tiene siempre un efecto: le lleva hacia su destino. El Rabino Samuel M. Silver enseñaba que el más grande de todos los milagros es que no necesitamos ser mañana lo que somos hoy, pero podemos mejorar si usamos el potencial que Dios ha puesto en nosotros”.

JOHN C. MAXWELL

 
8. 4 La imperfección humana

Los psicoterapeutas deben liberarse de su tendencia narcisista u obsesiva de creerse perfectos o mejores que los demás; la verdad es que, hasta las personas más preparadas y experimentadas son también capaces de lo peor y de los errores más incomprensibles. Recordemos que los profesionales de la salud atienden a personas con los mismos defectos y falencias del carácter y la personalidad que ellos mismos (pese a su formación) pueden tener, padecer o evidenciar. La imperfección humana indica que también nuestros métodos y estrategias pueden sujetarse al error y no todas las veces seremos asertivos o eficaces en lo que realmente consideramos tener para ofrecer a los demás para su “curación”.


8. 5 Los pacientes: imperfectos también

Personas imperfectas atienden a individuos igualmente imperfectos, y uno podría preguntarse ¿Quién necesita realmente la ayuda? ¿Quién cura a quién? Y nos encontramos con aquella realidad de que: en una u otra forma todos somos seres necesitados, en alguna manera de algo; tenemos, falencias, carencias, limitaciones, ataduras, defectos, contradicciones, incongruencias… Y los profesionales de la salud mental, una vez más, se ven desafiados y motivados a operar cambios en su vida personal, corregir formas inadecuadas de interactuar, de ser, antes de aventurarse en el confuso y tortuoso camino del “cambio personal” que se pretenden brindar o propiciar en los demás.


Un caso particular


Manuel es un psiquiatra con una amplísima experiencia profesional; 40 años en el ejercicio de la profesión como profesor y terapeuta. En su haber están más de veinte mil pacientes atendidos en dichos años. Cifra no menos significativa, por cierto. Sin embargo, varios pacientes atendidos se han suicidado, y reconoce que no es una situación fácil para él como terapeuta, como ser humano y también en cuanto a la eficacia real del quehacer psiquiátrico. M. admite que son sucesos impactantes, angustiantes y dolorosos. En dichos casos los psiquiatras apelan a su formación, a la prevención y asesoría que han recibido para superar aquello de que: son los pacientes los que se enferman o están enfermos y no así los médicos. El caso de M. ilustra además la situación de “duelo” que pueden enfrentar los psicoterapeutas ante la muerte o suicidio de sus pacientes; por más de que se trate de mantener la relación médico-paciente, se puede ser vulnerable ante las diversas circunstancias que rodean la muerte por suicidio y las connotaciones (religiosas, morales, culturales, familiares…) que acarrean dichos acontecimientos vitales trágicos. Sobra decir que, algunos psicoterapeutas se pueden afectar con depresiones en dichas situaciones.

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